jueves, 30 de diciembre de 2010

Lo mejor del 2010

Siguiendo con esta tradición, variándola tan sólo un poco pero manteniendo la esencia, dejando escurrir los “greatest hits” versión 2010, escribo lo que, al parecer, fue lo mejor del año, aunque esta vez sólo he incluido lo que más me ha gustado “emocionalmente” dejando por fuera trabajos y obligaciones. Injusta e insensata como todas las listas, dejándome llevar por la tiranía del último momento que nubla hechos relevantes ocurridos durante los primeros meses de este dos mil diez. Hoy, justo el día de mi cumpleaños y cuando falta sólo un día para que el año termine, las cosas no son muy claras para mí, este año fue un agujero negro, pero hago un intento grande para hablar claro y fuerte. En fin, aquí están, estos son…

1. Mantener este blog, a pesar de la desidia, las dilaciones y la procrastinación. Seguir escribiendo.

2. El nacimiento de mi primera sobrina, Ana Sofía Herreño Bossa, mejor conocida como la masita.

3. La partida de N a Barcelona. Si bien me dolió mucho el hecho de no verla más, me alegra saber que es feliz.

4. Las cometas en agosto.

5. Los cuentos de Remedios.

6. Seguir leyendo, (como cada año, como cada mayo), Rayuela de Cortázar.

7. Los cafés del jueves, cada vez menos, con MC y LC.

8. Redescubrir a personas que conocí en el pasado y que ahora son importantes para mí.

9. Quererla, a pesar de todo.

10. Mantener las dreads, aunque este año que viene…

11. Seguir aprendiendo, nunca dejar de aprender.

Menciones especiales

Película del año: Up, Up in the air, A serious man, Das weisse band, Solitary man y, también, The killer inside me.

Canción del año: unas cuantas, entre ellas Star Eyes (I can’t catch it) de Sparklehorse y David Lynch haciendo la voz; Sprawl II de Arcade Fire; To Binge de Gorillaz e Insane Lullaby de Sparklehorse.

Libro del año: La insoportable levedad del ser de Milan Kundera, Los Vagabundos del Dharma de Jack Kerouac y los Relatos de Henry James, especialmente El banco de la desolación.

Ahora que miro arriba veo que, convenientemente, faltan cosas quizá más importantes pero en fin, la memoria es selectiva, sólo elige lo que le es grato. En todo caso, feliz año a los que lean esto y un feliz cumpleaños a mí mismo, disculpándome por no haberme comprado nada pero prometiéndome que en los primeros días del nuevo año saldaré con creces esa deuda, por cuarta vez. Como siempre.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Más de lo que podría esperar

Se acaba este año, esta década, y muchas cosas quedan. Las mejores cosas de mi vida han sucedido en estos últimos diez años. Todo lo importante. Lo malo, lo peor, es que todo lo que es bueno tiende a acabar y este año 2010 ha sido, lejos, uno de los peores para mí. No es que la calamidad se haya ensañado conmigo, es un poco lo contrario. Este ha sido un año totalmente gris, como si alguien hubiese presionado el botón de pausa en este videojuego. Un año que dejó poco, nunca encontré lo que buscaba y si lo encontré, alguien podría argumentarlo, no fue más que un espejismo, hermosa e intangible. En este año un viaje largamente planeado se frustró en el último momento, dejándome en la mitad de la nada. A veces eso de quemar las naves simplemente no resulta, uno se queda a la deriva, esperando un milagro mientras trata que todo se encauce, que todo vuelva un poco a la normalidad mientras se sonríe como en un día soleado en la playa, siempre es mejor una sonrisa, cuando por dentro todo es como en el fondo del mar. Ahora, mañana, tendré oficialmente 26 años y siempre vi esta cifra como una barrera. El limite. La edad adulta, en mayúsculas y subrayado. Cuando niño creía que tener veintiséis años era ser grande y que, como grande, los sueños que tenía se iban a cumplir. A minutos de llegar a ese punto de no retorno le digo a ese niño que fui algún día que, aunque me duela, casi he olvidado lo que significa soñar.

martes, 28 de diciembre de 2010

Pausa activa

Justo ahora veo Scott Pilgrim versus the World. La estaba viendo en megavideo y han pasado 72 minutos, el ominoso minuto setenta y dos que muchos conocerán, lo que me da tiempo para cumplir la autoimpuesta cita diaria con este blog. Hasta el momento, y por lo que pude notar, la película va de un tipo que se llama Scott Pilgrim que conoce a una nena que se llama Ramona pero lo que él desconoce, siempre hay algo malo con las nenas lindas, es que para poder salir con ella debe vencer uno a uno a sus siete ex novios malvados. Acá me detengo y explico, si alguien me contara el argumento hasta aquí, no me vería esta película, de hecho cuando vi el trailer y escuché la historia me parecía bastante estúpida. Claro, desconocía incluso la existencia del cómic pero fue N, hace rato no hablaba de ella por aquí, quien me lo enseñó. Primero fue la canción, claro. La canción de Plumtree que tiene el mismo nombre del protagonista de la película, en realidad inspiró todo el universo del cómic, y que ella, N, dice que la hace feliz. Le encanta ver, dice N, la felicidad en la cara de las dos cantantes mientras recorren vías alternas de un Canadá boscoso en sus carros viejos con reproductores de cinta viejas vistiendo viejos y abultados sacos. Hasta el momento, hasta el instante preciso en el que se cumplieron los 72 minutos, el atribulado bajista del poco conocido grupo Sex Bob-Omb, llamado por todos Scott Pilgrim, había derrotado a tres ex novios de Ramona por lo que la violencia está lejos de terminar. Continuaré viendo, emocionado, la película. Gracias.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Old fashioned

Como no se me ocurre nada nuevo y tampoco tengo mucho tiempo, increíble que me pase eso en este jovial tiempo de vacaciones, echaré mano de recursos antiguos, trucos viejos y ya por todo conocidos. Hecho. Es sábado en Cali, ciudad caliente y en Feria, y El Caleño, abnegado trabajador que es, se encuentra absorto en la lectura de un gigantesco aviso. Sabe, supone, que MC ha regresado a la ciudad, por eso le manda un mensaje de texto para encontrase con ella y sí, MC ha regresado, hay farra en el nuevo bar de don Hebert. El Caleño, impulsado por el aire festivo que envuelve a su ciudad, decide viajar al Alameda por lo que termina rápido todo lo que tiene que hacer y sale en busca de un MIO. Es tarde y el MIO pasa poco, tiene suerte y consigue abordar un p30a casi vacío aunque llega a la estación Torre de Cali y el t30 no aparece, es casi un mito. Las pantallas que anuncian las llegadas prometen un bus cada cinco minutos pero esto, ya lo dijo, es Cali y aquí ni los buses llegan a tiempo. Al final llegan dos t30 casi al mismo tiempo, el primero total y absolutamente lleno y el segundo absoluta y totalmente vacío. Aborda el segundo, lógicamente.

El Caleño llega a donde don Hebert, que se ha vuelto demasiado popular, la calle rebosa de gente y al fin se reencuentra con sus amigos. Como El Caleño es algo vago y tiende a repetirse, procederá a transcribir las iniciales del post anterior: “MG y PP, IP y PD, CA y MC, FR y AD, JL, JL (el sobrino de JL), DM, BV y C.” Bueno, sobra decir que siempre es bueno reencontrase con la gente que se quiere, aunque en caso de reencuentros siempre es mejor llevar más de una cajetilla de cigarrillos. Los Luckies se acaban pronto y, de la nada, empieza a llover por lo que los planes de fuga, el domingo trabaja en la tarde y no puede trasnochar, se frustran un poco. Después alguien habla de un remate y la floja voluntad de El Caleño cede. A las 3 de la mañana viajan de nuevo, al sur, rumbo a la casa de MG que después de un rato le dice, a El Caleño, que pronto leerá algo sobre esta reunión. MG dice que lo verá escribiendo sobre él (MG), sobre CA, sobre CR pero entonces El Caleño y ella, que está a su lado, lo corrigen porque no, no es CR, siempre va a ser C.

domingo, 26 de diciembre de 2010

A bunch of consonants

Quien lo iba a pensar. Una invitación a un concierto que al fin no se cumple pero mejor ir donde siempre. Un buen reencuentro, algunos buenos amigos que no se veían desde hace tiempo y tomo aire, miro fijo el teclado y trascribo, MG y PP, IP y PD, CA y MC, FR y AD, JL, JL (el sobrino de JL), DM, BV y C. En la mañana regresar a casa y no dormir nada, verse el partido del Tottenham frente al Aston Villa (ganamos dos a uno) y volver a trabajar.

sábado, 25 de diciembre de 2010

On the route

Ahora estoy en el trabajo y recuerdo que debo terminar un post. Hablo con L por el msn y con MC por el móvil. El 25 se celebran muchas cosas, viene bomba estéreo a la ciudad y algunos amigos piensan en ir, yo pienso en ir aunque primero debo leer un gigantesco anuncio de la Alcaldía de esta ciudad en Feria. Montones de números y letras, predios listos a expropiarse para dar paso a las Megaobras, pero ante todo letras y números. El tiempo pasa y las páginas también, poesía burda y barata pero no por eso menos cierta, se acaban los números y ahora hay una nota sobre toros y la muy “aclamada” temporada caleña. Me gustaría obviarla pero mi trabajo consiste en leer y corregir, así sean toros, así sea Uribe.

La mañana de hoy fue triste y difícil, nunca pensé que extrañaría tanto a la Liga inglesa, pero afortunadamente mañana hay un montón de partidos, por lo que debo procurar estar lo suficientemente sobrio como para disfrutar el espectáculo. Mañana más cosas, por ahora un regalo en un caja.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Feliz navidá

Y esto lo escribo a los trompicones, a la carrera, como casi todo. Lo escribo con un par de Pokers (la cerveza de los amigos) y un Lucky humeando en la mano izquierda por que la derecha está para golpear el teclado. Escribo, escribo, feliz navidad y todas esas cosas porque cada diciembre, por estas fechas, uno se hace un poco más melancólico y un poco más feliz, casi sin puntos medios. El vaso medio lleno y medio vacío, a la vez. Cada año miramos más el calendario, las navidades que pasan, la nueva canción de la Feria. Cada año una nueva versión de lo mismo, nieve artificial sobre árboles artificiales, luces fundidas y otras parpadeando, medio lleno medio vacío. Hoy inicio la cuenta regresiva a mi cumpleaños, son los veintiséis, la frontera, el límite que siempre me impuse. Hay que ver si con los años no llegan más achaques, por ahora otra Poker.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Máscaras

Cumplo la promesa en parte. Dije que iba a subir un post random y diario hasta, supongo, el 30 de diciembre. Hoy fallo en este intento aunque técnica- mente este disclaimer funcione un poco. No se dio y el tiempo pasó volando, así que ahora pienso en un par de cosas y me digo “¿de qué forma efectiva puedo rellenar sin ser tan, evidentemente, descarado?”. Nunca se me ha dado el copipestiar, releyendo este texto me doy cuenta que está plagado de anglicismos y palabras que no existen pero, que se le va a hacer, der Zeitgeist weht. Mañana, ante tanta festividad, supongo que tendré que escribir en la tarde o antes que los ánimos se caldeen. Por lo pronto resumo máscaras y más máscaras, las de agosto de 2009, prometiéndoles que, algún día, retomaré uno de los “experimentos” que más me gustó mientras los usé en el blog.


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Otro rostro. Más máscaras. Todos quieren, todo queremos, ver lo que hay debajo de las máscaras. Ver lo que una máscara oculta como si allí radicara la verdad. Bajo la máscara creen, creemos, encontrar una revelación, algo que sea tan hermoso y único que nos dé esperanza. Esperamos encontrar bajo todas las máscaras algo bello e infinito, una visión del cielo que nos recuerde también que no todo es malo y que hay un dios en el cielo que es más que un símbolo. La vana esperanza de que, tal vez, debajo de esto que llamamos rostro, y no es más que una máscara, haya algo más y no una simple abismo infinito.

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Otro rostro. Más máscaras. Más máscaras o ninguna. Imaginar entonces un mundo sin máscaras, sin simulacros sobre nuestros rostros. Sin forma de esconderse de las miradas que se clavan sobre los ojos, sin manera alguna de evitar ser reconocido. Un mundo sin matices y donde todo significa lo que es, lo que se muestra, donde todas las cosas son simplemente eso, todas las cosas; donde todo es significante sin significado. Pronto esta visión del mundo se derrumba, porque nadie soporta ver la verdad en su rostro y en el de los demás, como si esta se repitiera en un único y gigantesco espejo de feria. Pronto todos agacharán sus miradas al suelo evitando verse a los ojos; pronto alguien encontrará un perfecto trozo de madera con dos agujeros equidistantes, lo tomará entre sus manos y sentirá después el frío de la madera junto a sus mejillas, más tarde alzará triunfante su mirada como si contemplara un gigantesco monolito negro caído del cielo.


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Otro rostro. Más máscaras. Un antifaz ahora. Un antifaz como la mitad de una máscara, suficiente para ocultarnos y suficiente para mostrarnos tal como somos. Un antifaz sobre los ojos para, así, no mirar a los de los demás. Los antifaces usualmente vienen acompañados de buenas intenciones, vemos un poco de piel y no nos importa el resto. De buenas intenciones está lleno el camino al infierno y de máscaras adornadas sus paredes. Se podría creer, y son suficientes los argumentos para hacerlo, que al ser relativamente escasa la parte del rostro que cubre, el antifaz es una forma de escape hacia el mundo. Al no estar cubierto totalmente el rostro somos más nosotros de lo que seríamos de cubrirnos total y absolutamente la cara con una máscara corriente. De allí deriva la creencia, popularmente extendida entre nuestros pueblos, de que es mejor medio rostro por ver que ninguno para mostrar. Lo malo de la sabiduría popular es que, a pesar de tener cierto fondo de verdad, se queda en los márgenes y no explica situaciones. No explica, por ejemplo, que ese medio rostro que se ve está tan deformado por el peso del antifaz como lo estaría bajo una máscara, que esos labios que se ven tan normales en realidad se retuercen bajo un dolor indecible. El resultado siempre va a ser el mismo mientras se esté bajo algo, bajo el dolor o bajo una máscara, bajo un yugo que deforma cuerpos y mentes, bajo cualquier influencia.

Entonces es cuando la matemática queda fuera de lugar y un antifaz no es la mitad de una máscara, un antifaz es una máscara tan grande como cualquier otra.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Haciendo listas

Es tiempo de hacer listas. Enumerar, lo bueno y lo malo. Como es ya costumbre en este blog suelo hacer un post llamado “lo mejor del 200x” que es subido el 30 de diciembre, día de mi cumpleaños, pero desde ahora debo decir que el 2010 deja pocas cosas buenas, casi nada. El año pasado, por estas fechas, corría en un intento vano por alcanzar los cien post y sólo llegué a 96, pero este año me quedo mucho más corto. No es una sorpresa. Ahora, quizá intentando redimirme un poco ante la desidia de meses anteriores escribiré un post random cada día, de extensión tan aleatoria como el mismo contenido del post y plagado de hipervínculos, enlaces and another fancy stuff, para darle un poco de vitalidad a este moribundo espacio. Con gusto.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Volver, de nuevo

Digamos que este es el noveno intento. Tal vez exagero, pero ya va un tiempo y casi parece que todos los días intento escribir algo aquí pero otra cosa aparece y luego el sueño me gana. Intento. Otro intento y no tengo muy en claro que es lo que quiero escribir. La semana pasada, el fin de semana, el lunes, el martes, todos esos días hubo cosas que, tal vez, valdrían la pena rescatar. Jueves con MA o viernes en la tarde el reencuentro con L y el matrimonio de JU y GG, constatar que la felicidad sí viene de a dos; la fiesta del diario y las arepaehuevos de desayuno, película de la India y helados más tarde con SO y CB, reafirmar que la felicidad viene de a dos. Eso.

Repito, regreso. Como un equipo a punto de descender que se salva en la última fecha. Como un equipo que se salva de la promoción. No es un regreso triunfal, apenas unas líneas que sirvan de disculpa, de excusa y otros quince días, dieciséis en este caso, para escribir entonces otro “lo siento”. Tratando de evitarlo busqué un par de fotos, una de las cosas más importantes de este blog es el “perfecto” acompañamiento gráfico de cada post, ya que los “complicados procesos de escritura se ven estimulados al recurrir a las imágenes”. Así. Por ahora, entonces, los dejo con una foto que me gusta mucho y un video de una canción que me gusta mucho, los dejo también con una promesa. Antes de que se acabe este año, antes que cumpla años, escribiré para ustedes, par de lectores, algo medianamente decente, lo mejor que puedo hacer. Disfruten la música.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Everything is illuminated

Llegó diciembre, mi mes menos favorito. Si tuviera, si en mí hubiese algo parecido a un ranking de meses, diciembre ocuparía un merecidísimo decimosegundo lugar sin que en el ranking, obvio, enero ocupara el primer lugar o junio el sexto. Tal vez mi mes favorito es agosto. En agosto inician gran parte de las temporadas en el fútbol europeo, agosto se llama uno de mis libros favoritos de Rubem Fonseca y, además, agosto es el mes de las cometas. Agosto es un buen mes, hace calor pero también el viento sopla lo suficiente como para no sentirlo; se juegan los primeros partidos en Italia, España o Inglaterra, fichajes de último momento que se sienten torpes en la cancha, aún no se acostumbran pero más tarde, quizá en diciembre y bajo la nieve, volverán a ser la mejor versión de sí mismos; Agosto, Alberto Mattos, Salete, Alice, Getúlio Vargas, 1954.

La principal razón de mi, no odio, animadversión al feliz último mes del año se debe principalmente a mi cumpleaños. Como ya lo he dicho antes, mil veces, el treinta de diciembre no es una muy buena fecha para cumplir años. En fin, tampoco me gusta la Feria de Cali.

Como este es el primer post de este mes non grato, trataré de hacer un rápido resumen de cosas que pensé mencionar antes pero olvidé. El lunes pasado jugaron el Barcelona y el Real Madrid. Barcelona destruyó al Real Madrid por lo que yo, siempre pendiente de las causas de los “débiles”, me he hecho seguidor merengue. Nunca he sido hincha del fútbol español, de hecho mis únicos equipos europeos son la Juventus y el Tottenham Hotspur, pero quiero ser testigo de lo que se viene. El partido del lunes no sólo fue un partido, se hizo historia. Fue el momento final, el último escalón que necesitaba subir el Barcelona para ser considerado, ya lo es, el mejor equipo de la historia. Este partido, este resultado, también es un punto de partida para el Madrid, para el camino que tienen que recorrer hasta el próximo Clásico. Confío en Mourinho y quiero ver ese trabajo, para que nos demuestre a todos los impedidos que el trabajo duro compensa, en algunas ocasiones, la falta de talento. En el Barça también hay mucho trabajo, sí, pero para vencer a tal grado de inspiración se necesita toda la fuerza de la que el Madrid sea capaz.

Otra cosa, ya que hablo de fútbol decir que hoy mi Juve fue eliminada de la Europa League por el Lech Poznan en un hermoso partido, no por el juego sino por la cancha cubierta de nieve. En el aire flotando como plumas los copos de nieve, balones rojos, nubes de vapor frente a los rostros cansados, exhaustos, de jugadores de fútbol profesional. Mañana, más partidos.

sábado, 20 de noviembre de 2010

A veces el zen es suficiente

Cosas que se deciden. Cosas que están por encima de nuestras posibilidades. El zen es una de ellas. Tal vez la primera frase sobra, el zen no se decide. El zen pasa, zen happens. Se intenta, claro. Se busca, se sufre. A veces el zen aparece y se disfruta sin saber muy bien que es. Es el zen, pero no nos damos cuenta.

Y querría seguir así un largo rato pero me detengo, es jueves y debo salir. Una tarde difícil, reuniones, viajes por la ciudad y tal vez por eso pienso en el zen. Viajo en MIO, armado de lo que creo es el zen y un paraguas, detengo la lectura de Conversación en La Catedral (mi actual libro itinerante), para escuchar el radiobestiario y, preciso, el programa dura los casi cincuenta minutos de viaje hasta Chipichape. Reunión previa, listo; pasar por el diario, listo. Ahora un viaje al sur, pero se cancela porque MA está enferma. Regreso a casa entonces y el p24 se detiene sorpresivamente una parada antes de la mía, aprovecho ese golpe de suerte (porque ahora no para hasta llegar a la estación) y mientras camino empieza a llover, lo que me alegra bastante ya que justifica el paraguas en ese día de sol, pero no lo uso y, mejor, lo cambio por un cigarrillo. En la noche intento terminar este post pero lo que escribo no me convence, la verdad es que lo que escribo en este momento no me convence tampoco, por lo que decido borrar todo excepto el primer párrafo.

Ahora, es sábado, estoy a punto de bañarme y salir pero antes escribo. Cambio el título también. Cambia la negación porque, sí, el zen a veces es suficiente. A veces todo lo que se necesita es parar y mirar las cosas desde lejos, esa extraña proximidad. Una pausa, ese banco en un parque que alguna vez le prometí a C y que ni siquiera he conseguido para mí. Zen.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Massive headache

Este masivo dolor de cabeza que padezco hace varios días me deja hacer poco. En realidad hago poco, entonces, corrijo, no me deja hacer nada. Hay nuevo cabezote y eso iba a ser la excusa perfecta para el nuevo envión, para una nueva temporada, pero me gana la decidía y todo el tiempo libre que tengo por estas épocas, además el dolor de cabeza que soporto, un mártir, desde hace varios días. Así que sólo les dejo una linda foto y la promesa, vacía, de escribir algo medianamente decente dentro de algunos días.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Otro año

Nunca me ha gustado mi cumpleaños. Claro, como a todos, a mí no me gusta cumplir años, pero la fecha de mi “onomástico” es lo que más me molesta. Como lo había dicho antes, como lo digo siempre, el treinta de diciembre no está la gente que más quiero. También porque conmigo siempre se cumple esa regla no escrita, de la que me habló IP, y que da casi por como hecho que a cada cumpleaños bueno le sigue uno malo. Ya me ha pasado muchas veces y como mi anterior “celebración” no fue la mejor, espero que la de este año sea memorable aunque, pero para como están las cosas, me da casi igual.

En fin, me gustan más los cumpleaños ajenos que los míos. Me gusta regalarle cosas a la gente que quiero, casi siempre cosas mías. Cosas con algún significado. El lunes cumplió MC y, aunque estaba lejos, la pude llamar como cada año, a las doce de la noche y cuando regrese a la ciudad le regalaré el LP del Master of Puppets, mi álbum favorito de Metallica. Y bueno, la intención era desearle a MC otra vez un feliz cumpleaños, como la otra vez, y también a SO, jefe de la cartera de diseño de este pudiente blog, que celebra no sé que cosa este viernes.

lunes, 25 de octubre de 2010

Abstinencias

Después de quince días bien contados escribo de nuevo. Es lo primero que escribo en dos semanas. Justamente, the dark night of the soul y todo eso. Pues bien, ahora me siento y me como una manzana, escribo un poco, luego café, amargo. Paro. No releo. Empiezo a perder el tiempo, me distraigo y mis usuales tácticas de concentración no surten efecto. Me preocupa porque creo que he desarrollado cierta inmunidad y la procrastinación, hermosa palabra, me empieza a ganar de nuevo. Aunque es evidente que he tratado de no mencionar mis ultrasecretos métodos de concentración, a falta de algo mejor que decir revelo, aunque ya antes había hablado de ella, la teoría de la distracción programada. Por lo pomposo de su nombre, ¡por Dios es una teoría!, se diría que es infalible y parte de una maestría en psicoanálisis. Pues no, la teoría de la distracción programada consiste en crear una distracción fija para evitar que una distracción producto del azar nos, obvio, distraiga. Como los ejemplos son tan bonitos y pedagógicos, y además como la tercera persona se me da tan bien, voy a tratar de emplearlos, dos puntos: El Caleño tiene que escribir un post de esos sentimentaloides y sin sentido que suele subir a su blog, pero gracias a su poca capacidad de concentración, un caso casi clínico, los minutos pasan y la hoja sigue en blanco. Cada aborto de frase, cada intento, se diluye ante lo “maravilloso del mundo”. Es así como El Caleño piensa para sí y se dice, “ey, que bueno sería verse más tarde esa película donde sale este tipo… ¿cómo es que se llama?”, busca en Google y encuentra otra cosa, mientras tanto llega su gata y le muerde un pie. El Caleño abandona lo que hace y persigue a su gata que se esconde bajo una cama. Se siente de nuevo frente al teclado, se le ocurre una genial frase que es pronto olvidada ya que los estímulos del mundo son muchos y su atención poca. Se calza los audífonos, son como guantes, y en el reproductor de música suena, digamos, los “smayin punkis”, empieza a escribir y se sorprende al hilar dos párrafos seguidos. Piensa y se dice, casi con la elocuencia de un profesor universitario de algún país del primer mundo, “Al introducir una distracción conciente a mi esfera personal (nota del autor: esta frase es casi pornográfica) ésta anula a las demás, aunque dada su reiteración tiende a anularse a sí misma, por lo que termina convirtiéndose en simple ruido blanco. Dicha distracción programada satisface mi necesidad de procrastinar y distraerme por lo que lo que mi Yo consiente (O_o) puede dedicarse a lo que peor saber hacer pero aún así intenta, escribir.”

Pues sí, ahora mismo, escucho a los smayin (a quienes también se les conoce como Smashing Pumpkins) y escribo esto sin distraerme mucho, apenas lo necesario, aunque, me doy cuenta tarde, la intención inicial de este post era hablar de otra cosa, pero mejor me lo guardo y espero, hay que aprovechar este momento de falsa lucidez y dedicarse a llenar páginas, al por mayor. Muy pronto, durante esta semana y según el gran corazón del director visual y jefe de la cartera de diseño de este blog, el distinguidísimo SO, tendré un nuevo cabezote y con él, rifas, juegos y espectáculos. Una nueva excusa para seguir escribiendo, al menos aquí.

domingo, 10 de octubre de 2010

Una niña que se llama Remedios

“Y pasó que un día Remedios, la niña que tenía poderes, quiso ir al mar para acostarse a leer un libro sobre la arena.” Así arranca uno de los cuentos de Remedios, aunque en realidad así inician casi todas las historias de Remedios. Todo pasa un día. Hace mucho en un post subí el primero de los cuentos de Remedios, que en estos momentos está siendo ilustrado, y decía que publicaba sólo el primero porque se suponía que eran historias únicamente para que L las leyera. Historias para dormir o para hacerla sonreír, lo que pasara primero. A ella la hacen feliz y a mí también me sirven. Escribir sobre Remedios es la mejor forma de parar y tomar aire, una especie de reinicio cuando los demás textos agobian y atribulan. Ahora, en estos días de sequía mental, Remedios vuelve siempre como esa fuente casi inagotable. Zapaticos rojos, conejitos en papel fabriano, nieve de helado, sonrisa de niña malvada.

PD: Como fui incapaz de enlazar la imagen con su página original, aquí dejo el link de esta hermosa foto.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Otro desierto

Volviendo con uno de los temas más recurrentes en este cada vez más maltrecho blog, diré una vez más que el desierto en el cual me encuentro parece que no tiene fin. Claro, siempre sucede, cuando más tiempo se tiene es cuando menos cosas se me ocurren y es gracioso, al menos trato de verlo así, porque cuando estoy muy ocupado y me es imposible sentarme frente al pc es cuando, magia, algo parecido a la inspiración llega. Y ahora tengo tiempo, todo el que quiero, más del que necesito. Ahora tengo el tiempo, no el periódico, y éste pasa como si estuviera, obvio, en un desierto. Imperceptible casi, se desliza y todo el día es ese cielo azul que empieza a cansar, esa falta de seguridad, hay que revisar dos veces el calendario, y no saber que día es hoy. Las soluciones, como siempre, saltan a la vista. Están allí, de frente. Esperando, como yo.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Barco de papel

Y sí, esto de estar a la deriva es muy duro. Días difíciles estos, días ceguera temporal y labios secos. Días de calor sin posibilidad de lluvia. Otro resumen, repetitivo pero ante la poca frecuencia de posteos creo que se perdona, y decir entonces que después de muchos meses por fin me reencontré con MC. Fue bueno, como siempre, café de Juan Valdez y cigarrillos Lucky Strike, después cervezas con los amigos, como debe ser. Como todo lo bueno tiene su lado malo, como todo lo que se disfruta tarde o temprano se paga, el fin de semana me ataca una gripa asesina que arranca el domingo con una migraña sicodélica. Cada vez que parpadeo el mundo se llena de círculos de luz, mientras en los oídos un pito resuena y en la cabeza un mazo golpea. Antes, ese mismo día, he dañado mis gafas. Ahora lo escribo e intento hacer equilibrio con ellas, evitar que se caigan y lo logro a medias. Mañana y el viernes son días complicados, con muchas prisas. Tengo que escribir muchas cosas pero hace demasiado calor y mi “precaria” condición de salud me impide beber cualquier cosa cuya temperatura esté por debajo de los abrasadores 33 grados Celsius que calcinan a Cali por estas fechas. Y sí, repito, se mueve hacia los lados este barco de papel; sin estrellas, C lo recordará, que lo guíen; sin más trabajo, aunque todo necesidad, de ir definitivamente hacia el frente.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Un mantra, otro

Vuelvo, regreso, me repito. Hola. Hace rato no escribía, ni para acá ni para ninguna parte. De hecho cada vez escribo menos. Gran problema. Cada vez leo menos, cada vez hago menos. Esa inmovilidad que regresa, que no abandona. Ahora me recupero, tan sólo un poco pero es algo, un inicio. Busco razones, siempre se buscan culpables, y me doy cuenta que, sorpresa, no me fumo un cigarrillo desde hace más de una semana y tampoco, horror, tomo café en la noche. Pienso en correctivos, me doy cuenta que tengo cinco cajetillas de Lucky Strike guardadas y, entonces, sólo debo enfriar café suficiente para la noche. Escribo esto mientras tomo ese café frío, escribo esto y antes he escrito más cosas, adelantando ese guión que tengo que entregar pronto y también otra historia de Remedios, todo mientras escucho, tratando de encontrar la progresión, los puntos comunes, los avances o retrocesos, de los tres álbumes de estudio de Arcade Fire. Tomo café, otro sorbo, amargo, espeso, sin azúcar. Releo esto y, claro, quisiera haber escrito sobre otra cosa, algo alegre, que refleje (insertar risas aquí) mi personalidad optimista pero termino haciendo casi cualquier cosa. Cualquier cosa, sí, pero ya he prometido regresar, ya los saludé a todos, ya dije hola. Sólo queda regresar.

domingo, 19 de septiembre de 2010

600

Otro rostro. Más máscaras. Máscaras festivas, máscaras alegres con una sonrisa que cruza el rostro como el tajo de una navaja. Caras vemos corazones no sabemos, máscaras vemos corazones ídem. Como en la canción del payaso, esa de Willie Rosario donde dicen que ríe por no llorar, o la canción de Lavoe donde siempre se es dos, y nadie pregunta si sufro si lloro si tengo una pena que hiere muy hondo. Sólo importa el cantar, el escenario y la cara pública, la cara sonriente cruzada por un tajo de navaja. En las mujeres es más evidente, los labios rojos hacen que esa herida resalte más. Decimos y decidimos que son más felices pero nadie pregunta y al final del día, mientras se quitan el maquillaje y los labios no son más el tajo rojo de una navaja, van volviendo a ser lo que son, lo que todos somos. Una perfecta y clara imperfección, un micrófono que entra por arriba en una toma irrepetible, una mota de polvo sobre algo que se suponía impoluto, una nota en el lugar equivocado en un concierto de Glen Gould. Un rostro sin máscara, una cara que ya no sonríe al mirarse fijamente al espejo.

lunes, 13 de septiembre de 2010

ASHB

Es de esas cosas inevitables. Hasta al peor le debe pasar. Claro, siempre se buscan excusas. Siempre se quiere, inevitablemente, estar alegre. Desde ayer soy tío y, claro, como no comentarlo aquí. Es otra excusa, pequeña en tamaño, usa pañales y duerme todo el día pero es, no lo sabe aún, felicidad para todos, para mí. Lo digo corto, escaso en palabras, pero tenía que registrarlo, era una especie de deber. Hoy también pasó otra cosa buena, lamento unirla con el nacimiento de AS, y es que por fin aprendí a hacer aros con el humo del cigarrillo. Más fácil de lo que jamás pensé, cada aro salió formado perfectamente para sostenerse, magia, en el aire hasta desaparecer lentamente.

Parecerá una estupidez pero hoy me siento un poco el dueño de este puto mundo.

martes, 7 de septiembre de 2010

Al cubo

Esto lo escribo mientras el iTunes indexa, de nuevo, mi “biblioteca musical”. Trabajo pesado y agotador para mi pc entrada en años. Todo se hace lento. Hablo con L, me disculpo. Tiene razón. Escucho Sprawl II de Arcade Fire por enésima vez y no lo supero. Suena de nuevo, escribo. Pocas veces me ha pasado que tan solo una canción ha removido tantas cosas. Convertirse, de golpe y tajo, en mi canción favorita de Arcade con cosas como We rode our bikes to the nearest park, sat under the swings and kissed in the dark. We shield our eyes from the police lights. We run away, but we don't know why. Así, sencillo. Después, mientras espero a que todo sea rápido, a que iTunes termine y mi música al fin tenga un orden, leo una entrevista que El País de España, el único, hace a mi muy favorito Andrés Iniesta y que FV ha compartido en el feis. Desde que se fueron Zidane y Nedved, el pequeño jugador con rostro y cuerpo de empleado bancario es el dueño de mis amores futbolísticos. Van dos cosas, falta la tercera, non. Lo que le da volumen al cubo, XYZ. Es precisamente, como no, un cubo. La cubidad misma, el estado ese que Cortázar definió en el Anillo de Moebius, en Queremos tanto a Glenda. Insecto atrapado, jaula, las tres dimensiones del cubo que oprimen, inmovilidad. Cubidad en sí, en mí.

martes, 31 de agosto de 2010

Waiting list

Al fin tengo tiempo. Había querido escribir mucho antes, las pausas entre post se están haciendo cada vez más grandes, pero no tenía tiempo ni idea alguna sobre la cual escribir. Tal vez la excusa del tiempo era en realidad tan sólo un pretexto para no escribir, aquí. Aunque igual no tenía tiempo, todo había sido hábilmente malgastado en ir al trabajo, cocinar y lavarme el pelo. Para tratar de hacer esto un poco más largo, la falta de inspiración y de cafeína me obliga, lo dividiré por días.

Viernes: Trabajo. Deportes. Como siempre que escribo la página de deportes trato de sacar al menos una nota, con foto, del América. La nota es grande y tiene una foto grande. Una satisfacción. Durante el día tengo ganas de tomar cerveza pero se desvanecen con el tiempo, otra vez. Hay pizza en la oficina y luego, un viaje largo en bus.

Sábado: Me despierto temprano porque juega el Tottenham. Hay expectativas, muchas, pero el equipo juega a nada y pierde contra el Wigan con gol, horror, de Hugo Rodallega. En la tarde cocino, pero esto merece una explicación más elaborada. Siempre he sido un entusiasta de la cocina, aunque el arte de hacer arroz aún es un misterio para mí, y honrando ese interés decidí volver a tomar cuchillos y peroles. La receta de este sábado fue tagliatelle en salsa blanca y, con toda la humildad que mis veinticinco años en este cochino mundo me permiten, tengo que decir que me quedaron increíbles.

Domingo: Me levanto tarde. Juega la Juventus y pierde. Hace calor y tengo que trabajar. Es uno de esos días donde todo parece ir al revés. Llego tarde al trabajo y mi mal humor es proporcional a mi productividad, esta vez hago todo rápido. Aquí una reflexión, ¿Si estoy de mal humor soy más productivo? ¿Debería mantener de mal humor para, así, ser enormemente productivo? Ante todas esas preguntas me digo, pero si estoy de mal humor y eso, maravilla, aumenta mi productividad haciendo todo eso que siempre he querido hacer y mi tendencia a la procrastinación me lo impide seré feliz lo que, por consiguiente, hará bajar de nuevo mi productividad. Y así, por siempre, siempre, siempre.

Lunes: Me levanto muy tarde y aún tengo sueño. Me duele la espalda. Hace calor. Me lavo el pelo y, tengo que decirlo, sentir el contacto del agua fría sobre cabeza, cuero cabelludo, es tan grato como un orgasmo. Me lavaría el pelo todos los días pero con la frecuencia se perdería la sensación, además después de lavado viene el tortuoso proceso de secado y la posterior “enredada” con la muy dolorosa aguja macusa del número cinco, por que la once que siempre usé se quebró hace poco.

Martes: Me levanto temprano. No hace calor, de hecho está apunto de llover y es de esas cosas que hacen a Cali impredecible y, si, traicionera. Hoy he decidido que me voy a peinar, el clima es propicio, me ataré una venda en la mano para evitar pinchazos, me veré una película mientras tanto, me acostaré a dormir temprano. No haré nada más.

Mañana cumple años mi papá. ¡Feliz cumpleaños pa!

lunes, 23 de agosto de 2010

Fly a kite

Y bueno, tantas cosas. Semana ocupada, sin tiempo para nada, ni siquiera para instaurar rutinas o extraviarse. Tantas cosas, dije. Un viaje al sur de la ciudad un sábado en la tarde. Cali calienta a cualquier hora del día, el viento sopla poco aunque la voluntad, se le puede llamar alegría, está en dos cometas rojas y con el escudo del América de Cali. Las cosas no salen como se planearon y lo que era un picnic terminó siendo una buena comida en un quinto piso, aunque después se caminó hasta el potrero y todo fue verde campo hacia adelante. Dos cometas para seis personas, la felicidad en turnos de a dos. La sencilla alegría de un trozo de tela asida a la realidad, a vos, por un delgado cordel. Lo mismo da entonces una cometa o dos en el aire, el viento que ha dejado de soplar, un nudo gigantesco en el cordel, los mosquitos que atacan por cientos, el calor que hace en la tarde, la noche que llega de repente y casi sin transiciones. La felicidad, otra vez esa palabra, de revivir en una tarde de agosto de 2010 todas las otras tardes de agosto, cuando el cielo se llenaba de cometas.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Once y once

Y he llegado a una cierta forma de constancia. Antes publicaba aquí los domingos y las cosas ahora se trasladan, parece, a los miércoles. Este es el cuarto, consecutivo. No es que sea dado a las estadísticas, aunque a veces marcan tendencia y camino, pero me he dado cuenta que casi todos los post que he subido a este blog tienen como hora las 23:11, once y once pe eme. Casualidad diría, pero nada es fortuito e incluso esto está siendo forzado para que, maravilla, sea publicado justo a tiempo. Podría desfasarme por minutos o, exigiéndome por cumplir el horario, postee cualquier cosa. Hay riesgo de todo, ni siquiera he elegido una imagen cuando eso es lo primero que hago. Ni siquiera pensaba escribir hoy, o lo pensaba pero las ganas eran pocas, pero leí algo que me mandó MA, las nuevas iniciales de MAC, y fue tan bonito y sincero que dieron ganas de abrir Word, justificar el texto escrito en Georgia de 12 puntos, hacer una lista, esperar a las once y once. Seguir escribiendo.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Baila marimba

La marimba nace en los árboles y suena a agua, a mar. Se toma la madera de la palma de chonta, que se ha cortado durante la luna en cuarto menguante, y se entierra en el barro por cuarenta días, luego se saca y por otros cuarenta días se tuesta sobre un fuego lento. Se amarran después las tablas, a la espera de encontrase con su sonido, a un armazón de madera y guadua. El piano de la selva.

Los viejos saben, todavía lo saben, que para afinar a la marimba hay que ir a la playa en la madrugada y escuchar el sonido que hace el mar al morir en la arena. Saben que deben entrar a la selva con su marimba y escuchar el sonido que hacen las hojas al caer, lo que les da el tono exacto, el sonido preciso. Algunos también usan rezos y oraciones, le rezan al espíritu de la chonta y al Dios cristiano para que les ayuden a dar con un sonido que es el de todo un pueblo, el corazón negro del Pacífico.

Hoy arranca en Cali el XIV festival del Pacífico “Petronio Álvarez”, concurso dedicado a grupos de los litorales de los departamentos del Valle del Cauca, Cauca y Nariño. Grupos que viajan, a veces, por días con sus instrumentos montados en piraguas, remontando ríos y sorteando manglares, para llegar hasta Cali e inundarla por cinco días con el sonido de los cununos, los bombos, las guasás y, claro, la reina marimba. Desde hoy hasta el domingo Cali, capital del Valle, capital del Pacífico colombiano, capital negra de Colombia, será inundada por las aguas de ese océano que está tan cerca y el aire olerá a mar, la noche sabrá a viche, a arrechón y a tomaseca. Todo será amanecer de fogata junto al mar, una crecida del río Patía, voz negra que dice, arrulla Gualajo, “La luna está floreciendo, un lucero la acompaña, la luna está floreciendo, un lucero la acompaña. Un lucero la acompaña, lugar no la está opacando, un lucero la acompaña, lugar no la está opacando. Anoche me fui a pescar con mi varita y mi anzuelo, anoche me fui a pescar con mi varita y mi anzuelo. Y ahí debajo de la luna, todo lo que se oía guasá, cununo y marimba, y ahí debajo de la luna, todo lo que se oía guasá, cununo y marimba.”


PD: La imagen que acompaña este post y el cabezote que se ve, huele y sabe a Pacífico, son contribuciones de SO, diseñador del putas y puta máquina, gran amigo, afrodescendiente de corazón.


Link del Festival

miércoles, 4 de agosto de 2010

Trigésimo primer día

El último día, treinta y uno. Mes largo, como el julio que pasó como el agosto que llega. Escribe esto, de nuevo, en tercera persona porque una vez terminado este diario de un mes El Caleño se archiva por un año, hasta la próxima, hasta luego y buena suerte. Y se termina todo esto con una queja, con un dolor en la espalda, con ganas de comer, con el vacío que lo acompaña y no lo deja. Se termina esto como aún no se termina el libro de Henry James, El Caleño va por la página 679 y sólo le hacen falta veinte páginas que, se promete, terminará mientras viaja hacia el trabajo, mañana en la mañana. Termina esto y es raro, porque para El Caleño las despedidas son difíciles y al final nada se acaba, como la manilla de Mockus que lleva aunque las elecciones en su país pasaron hace un par de meses, ya vendrán otras en cuatro años; como la caja con un par de fósforos que lleva en el maletín y que no quiere acabar, porque entonces… para él siempre es cerrar la puerta con doble llave pero, por si las moscas, por la nostalgia, por eso del mantra y el volver que son, a falta de más lunares, cicatrices, dejar entonces la ventana entreabierta, esperar la brisa suave que deje pasar la luz y asomarse de vez en cuando.

Y se sigue despidiendo, El Caleño, como si estuviera frente a un publico y le hiciera falta la luz de los reflectores, los murmullos y las toses secas, como una noche de bar con MAC y siempre hay tiempo para una cerveza, para otra cerveza. El café y los cigarrillos de un jueves con MC, tinto de Juan Valdez y Lucky Strike por favor; un banco de madera junto a L y su sonrisa de niña malvada; un helado que se derrite mientras C lo mira con esos ojos que lo ven todo; hablar con N hasta las 3:02 a. m. para despertar y seguir igual. Entonces, como es malo para los puntos finales y prefiere comas y guiones, saltos de páginas, como prefiere el “continuará” de las películas antes que el más feliz de los finales felices, como tiene sueño y es tan tarde y mañana tiene que salir a trabajar y leer en el MIO a Henry James mientras recorre Cali de sur a norte, como mañana es jueves y hace unos días se vio Breakfast at Tiffany’s, como agosto es el mes de las cometas y su gata se llama Ursula…


miércoles, 28 de julio de 2010

Trigésimo día

Falta un día. Un único día resta y todo se acaba, treinta y un días, un mes. Punto. No se atreve a llevarlo hasta treinta y dos, así como poca gente, la mejor, agenda sus citas para el veintinueve de febrero de un año impar. Falta una más, sí, y después será todo vacío como antes, aunque sin artificios, un vacío honesto y sin pretensiones, tal vez la única sea la de volver atrás unos minutos y leer un décimo día fechado el lunes dieciséis de marzo de 2009. En ese post viejo El Caleño de hace un año dice que hace calor y no es novedad ya que El Caleño de ahora, el que escribe esto, siente lo mismo. Continúa leyendo y habla de un domingo con N, viendo una película horrible con Will Smith, Soy leyenda, comiendo juntos crepes de fresa y malteadas de oreo. También, lee ahora, se da cuenta que fue ese el día en que N le dijo que en cuanto se graduara de la universidad viajaría a España, que estaba cansada de todo, que sentía le hacía falta algo grande en su vida. “El Caleño le dice que si en Cali no lo puede encontrar y ella le contesta que sí, que ya había encontrado una parte de lo que buscaba pero que la había perdido y no podía recuperarla ya. Ahora El Caleño la abraza y piensa en todo lo que la quiso, en todo lo que la quiere, en todo lo que no va a ser nunca más entre ellos. No es melancolía, ni tristeza lo que siente El Caleño, es alegría por saber que N tiene una certeza.”

Lee, repite, El Caleño de ahora. Piensa en si N se acordará de ese día. Lo duda, él tampoco recordaba. Sonríe entonces porque nada de esto estaba planeado, aunque generalmente cuando empieza a escribir un post se deja llevar por las letras a cualquier oscuro rincón, esperando que una frase lo saque del fondo del pozo ese donde se encuentra dando vueltas, buscando la punta del ovillo de lana que lo lleve afuera de ese laberinto para, entonces, volver a caer, perderse. Lo dice la presentación del blog, tal vez, cree ahora, nunca fue más sincero consigo mismo, más claro. Tropezar y caer sólo para levantarse, tropezar con la misma piedra y caer nuevamente, pero esta vez un poco diferente, quizá aprendiendo un poco al final de cuentas. Todo es aprender dijo alguien que sabía muchas más cosas que él, todo es empezar y el amor es todas las cosas aunque para él, para El Caleño hay pocos lugares para lo absoluto.

No sabe, tal vez aproveche que el lunes empieza agosto y se compre una cometa, para lanzarla al aire en esta, su ciudad de los vientos.


domingo, 25 de julio de 2010

Vigésimo noveno día

No vuelvo a tomar dice, como casi todos los borrachos del mundo, El Caleño. Dice una vez más que no va a tomar y esa nueva vez se suma a otras muchas veces. Ha perdido la cuenta, piensa mientras escribe sobre lo difícil que es despertarse apenas sobrio en una ciudad caliente que no da respiro. Claro, se puede narrar como un pequeño relato, con un protagonista que no buscaba mucho y que encontró una respuesta mientras cerraba sus ojos en un bus azul.

El Caleño salió el jueves a trabajar, en la noche vería a MAC para una cervezas, pero el día laboral se le complicó y salió muy tarde y le pidieron que volviera al otro día, que había que hacer cosas, que lo necesitaban temprano a las nueve. Cruzó la ciudad de punta a punta para cumplir su cita y la vio, a MAC, con su mirada desafiante, preciosa sonrisa y una cinta roja en el pelo, una princesa. Estaban también sus amigos, el bar de siempre y una noche llena de humo marca Lucky Strike, gracias. Después regresar con ellos y una deliciosa pizza fría, música para dormir, pastilla para dormir, más humo de Lucky, una especie de felicidad.

Se despertó temprano, a las siete, como pocas veces porque El Caleño sólo madruga para ver los partidos del Mundial, y se despidió de MAC y de don Perro para ir a trabajar mientras, algo curioso, caminaba casi dormido. Ahora era un zombi zolpidem recorriendo la ciudad de sur a norte, de punta a punta. Pasó el día casi dormido, hasta la noche cuando despertó en el trabajo y se sintió harto de todo eso, de todo lo que escribía y se fue para recorrer esta vez sólo la mitad de su ciudad, hasta casa y su cómoda cama. Mientras viajaba y Cali pasaba, oscura, tenebrosa, a través de los grandes ventanales de bus azul, El Caleño se iba hartando cada vez más de todo, de su dificultad para dejar ir, de su miedo a olvidar e ir pasando páginas, ya saben, todo lo que ha escrito aquí antes. Se durmió entonces, antes de la una de la mañana, como pocos días.

El sábado se le pasa rápido. Son tristes estos días sin fútbol europeo, las mañanas llenas de vacío sin que la pelota ruede en el Olímpico de Turín, en el White Hart Lane de Londres. En la noche, otra gentlemen’s night, tequila, música y cerveza con JL, JL (sobrino) y BV. AB también estuvo, invitada temporal. Más humo de Lucky Strike a la madrugada caleña, más canciones cantadas a coro y sin pena, la lucidez esquiva que se alcanza a las cinco de la mañana tras beber toda la noche con sus amigos. Otra especie de felicidad, así el sol de Cali alumbre ahora el día y queme la piel, así se caliente este crisol y El Caleño, boca seca, ojeras pronunciadas, un zombi hecho de cerveza Poker y tequila José Cuervo, diga y repita, que no vuelve a tomar.


lunes, 19 de julio de 2010

Vigésimo octavo día

Hace mucho tiempo una consonante a la que El Caleño quiere mucho le decía, sincera ella como siempre, que quería dejar de ser una persona. Lo decía así, fácil, sin que eso implicara mayores ceremonias, a veces prefería ser un color del arco iris o simplemente jugo de uva, gomitas rojas, una pompa de jabón, un pelo de Lola. El Caleño, que no entiende muchas cosas o que las entiende mal y muy tarde, hasta hace poco comprendió la verdad de ese llamado. Sí, a veces, esta semana, a El Caleño le gustaría dejar de ser una persona, o al menos dejar de ser la persona que es, dejarse de reflexiones estupidas, abandonar ese miedo que lo abruma y que se sienta a desayunar con él cada mañana. Dejar de ser una persona, mejor ser una variación Goldberg en el piano de Glenn Gould; pasar a ser estado cubo; ser pelo de Ursula esperando a ser lamido, tragado y regurgitado; ser la vigésima segunda palabra en la página número setenta y dos en Océano Mar de Alessandro Baricco. Tantas cosas, ahora que lo piensa bien. En la tarde intentó llamar a MC y tenía el celular apagado, luego trató de llamar a L y no contestaba. Siguió buscando y se dio cuenta que no tenía nadie más a quien llamar, entre todos sus contactos a nadie más a quien llamar, y comprendió también que a casi todos sus amigos les confiaría su vida pero no les contaría lo que le pasa. Bueno, piensa El Caleño, esta es una forma de contarles lo que le pasa y una clase de disculpa, con todos, de verdad lo siente pero se sabe incapaz de hablar, como si ese vacío en el pecho se le hiciera cada vez más grande y no le dejara lugar a replicas ni discursos.

Por eso ahora dice, le parece mejor, menos triste, dejar de ser persona para así, por un tiempo, dejarse llevar hasta encontrar un instante de reposo para lentamente, luego de tanto hartazgo, volver a ser una persona. Volver a ser, de a poco, el que nunca debió dejar de ser.


jueves, 15 de julio de 2010

Vigésimo séptimo día

Un non. Otro. Cosas que faltaron. Acaba de llegar del trabajo y se siente enfermo. Un vacío en la panza, mareo, sudor frío, típico malestar general. Si es gripa le durará tres semanas, como siempre. Cuando toma café caliente de Juan Valdez se fuma mínimo dos cigarrillos, uno mientras espera a que se enfríe un poco y el otro hasta que termine el tinto. Su jugo favorito es el de lulo, su helado favorito es el de capuccino. Desde que MC se fue a Bogotá le hace mucha falta, ella y los cafés del jueves, las cervezas donde don Heberth, una película. Tiene una piedra gris sobre el escritorio. Antes no tenía mucho sentido, la piedra, pero se vio Departures y le encontró un bonito significado. Tiene un barco de papel sobre el escritorio. Antes se los regalaba, también significaban algo, cada vez que se veían le daba uno de esos barcos que persiguen a las estrellas. Sobre su escritorio hay muchos papeles, los organiza pero vuelven, siempre se esconden y aparecen en el momento menos pensado. Son papeles de diferentes colores, de diferentes libretas, y están llenos de apuntes, su retorcida y minúscula letra, tachones con lápiz. Siempre escribe a lápiz, es mejor, dice; si quiero puedo borrar, dice. Hoy habló por primera vez con EF, vocal y consonante, nones y pares, beso y abrazo, vigésimo séptimo día.