domingo, 2 de mayo de 2010

Decimocuarto día (pie de página)

Empieza mayo y regresa Rayuela. Como cada quinto mes desde hace seis años, conmemorando un aniversario más de la muerte de Viviana. Hace un año, casi, cuando se cumplían cinco y yo daba tumbos en otro diario de treinta entradas contaba un poco, escribía y explicaba quien era V, la dimensión que ella tenía en mí vida. Repito entonces.

Rayuela era su libro favorito, lo había leído un par de veces y estaba convencida de eso que Cortázar explicaba con lo de la piedrita que se empuja y se falla y se sigue intentando para que, cuando al fin se aprenden esos juegos, se entre a la “edad adulta” y las cosas cambien y los juegos serán otros, más complicados y menos divertidos. “Y porque se ha salido de la infancia se olvida que para llegar al Cielo se necesitan, como ingredientes, un piedrita y la punta de un zapato.” Existían otros libros, claro, pero de todos Rayuela era el preferido. El primero y el único, el que repetía, el de “Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca” y el “Moralista Horacio temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas”, el de “Soy yo, soy él. Somos, pero soy yo, primeramente soy yo, defenderé ser yo hasta que no pueda más.” Leerlo entonces cada mayo como homenaje y tributo, creyendo absolutamente que la mejor forma de recordarla y seguirla queriendo es disfrutar a Cortázar tal y como ella lo hacía, dejando de lado llantos y visitas a cementerios. Aprender a patear la piedrita y que dé justo en el centro, después que todo sea el cielo.

Hoy arranca el ritual nuevamente, leyendo los capítulos en orden de imprenta, del uno al cincuenta y seis, obviando esta vez los capítulos prescindibles y tratando con cuidado un libro antiguo y trajinado (edición perfecta y negra, editorial Sudamericana, años sesenta y tosco dibujo de Rayuela en la portada) Acomodándolo con paciencia y esmero para que me acompañe, haciendo una pausa con el bueno de Henry James, en los viajes de MÍO por Cali, dándole olor a París y Buenos Aires, tardes de Cali con música de jazz y entonces V, ojos verdes, carta sin marcar, nariz de azúcar, espejo, juguete nuevo, la visita que hay que hacer. Otra vez.


3 comentarios:

El Mantra dijo...

"Y lo que llamamos amarnos fue quizá que yo estaba de pie delante de vos, con una flor amarilla en la mano, y vos sostenías dos velas verdes y el tiempo soplaba contra nuestras caras una lenta lluvia de renuncias y despedidas y tickets de metro." Rayuela, Julio Cortázar, página 17.

n.n dijo...

^__^

Isabel dijo...

“Soy yo, soy él. Somos, pero soy yo, primeramente soy yo, defenderé ser yo hasta que no pueda más.”