Esta semana tampoco es que quiera escribir mucho. Lo hará, sí, para que no quede tan escueto como la semana pasada. Escribir cada domingo puede ser algo motivador pero también frustrante. Queda para última hora para la dark night of the soul y esas cosas. Hace un recuento: la semana que pasó y que hoy termina fue difícil. Terminó informes, expuso temas. Empezó varios libros al mismo tiempo, como suele hacer. Otra vez leyó a Fernando Molano, esta vez con Un beso de Dick. Otra vez dice que ojalá todo el mundo pudiera leer a Fernando Molano. Se viene Semana Santa y tiene planes. No de salir a pasear, como hace la gente en esas fecha, sino de escribir. Tiene la idea para dos cuentos. Una de ellas se le ocurrió en Cuba el año pasado luego de que la persona que los llevaba de un lado a otro (a El Caleño y a su esposa A) les contara la historia de su matrimonio. La otra se le ocurrió esta semana cuando iba saliendo a trabajar. Nada más banal. Eso, al menos una se leerá la próxima semana.
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