lunes, 14 de abril de 2008

Fútbol, fútbol, fútbol

La semana pasada fue de fútbol total. Pude ver dos de los mejores partidos que he podido disfrutar en el año. Y, como era de esperarse, ambos fueron por competiciones europeas, ambos en partidos de vuelta por cuartos de final y ambos luego de un empate a uno en el partido de ida, como si no.
Las cosas empezaron muy bien, el martes se enfrentaron en Anfield el Liverpool del buen técnico español Rafa Benítez contra el lírico Arsenal del francés Arsene Wegner. Sentimientos encontrados y mucho en juego. Tradicionalmente mi equipo en Inglaterra es el Tottenham Hotspur, eterno rival del Arsenal con el cual protagoniza el clásico del norte de Londres, pero esta vez hinchaba por los gunners. El trámite del partido desde el inicio fue vertiginoso, el Arsenal se fue arriba rápidamente pero los de Anfield empataron casi de inmediato, el tiempo pasaba y las llegadas de uno y otro lado aumentaban. Con el marcador de esta forma se forzaba al alargue ya que era idéntico al del partido de ida pero el español Fernando “el niño” Torres desequilibró la balanza al marcar luego de un rápido desmarque. Tras esto el técnico Wegner envió a la cancha al atacante holandés Robin van Persie y al sub 20 ingles Teo Walcott… y los cambios dieron resultado pocos minutos después. Luego de un tiro de esquina Walcott tomó el rebote en su propia área y salió eludiendo contrarios hasta el área rival, centró hacia atrás para que apareciera el goleador togoles Emmanuel Adebayor y marcara el empate y con esto la ventaja para su equipo. En ese momento la emoción subió a cuotas explosivas, como si estuviera en cualquier pub londinense grité el gol con todas mis fuerzas, por un instante olvidé mi sangre de Spur y el Arsenal me regaló un momento parecido al gol en tiempo extra del Tottenham frente al Chelsea en la final de la Carling Cup de este año. Pero esta emoción, como todo lo bueno, fue efímera. A los pocos minutos Kolo Toure defensa del Arsenal y hermano de Yaya el volante del Barça, le comete penal a Ryan Babel, el cual es cambiado por gol cortesía de Steven Gerrard. Con el marcador tres a dos el Arsenal se fue encima tratando de empatar nuevamente. Pero después de un tiro de esquina a favor de los gunners la saga del Liverpool lanzó el balón hasta el medio del campo donde lo esperaba Babel quien se lleva a Fabregas en velocidad y marca el cuarto. Goleada roja y lagrimas para los de Londres, “you never walk alone” gritan los hinchas del Liverpool mientras su equipo se retira de la cancha.


Poco después, el jueves, se enfrentaron como en la fabula, un David contra un Goliat. El Getafe, el equipo que nació en una peña del Real Madrid, el equipo de suburbio madrileño se encontraba cara a cara y enfrentado por el paso a semifinales de la copa UEFA contra el gigantesco Bayern de Munich del kaiser Franz Beckenbauer. En el partido de ida, en Munich, habían igualado a uno con un gol del Getafe en los minutos finales. El partido de vuelta se antojaba para los bavaros como de goleada y paseo pero las cosas fueron muy diferentes, más heroicas. El partido fue un poco predecible, con un Bayern decidido al ataque mientras el Getafe contragolpeaba ordenadamente. En una descolgada por derecha Cosmadin Contra, el lateral rumano del Getafe abre el marcador para el equipo español y el desconcierto se apodera de los rostros alemanes quienes siguen intentando marcar. Resistiendo los embates bavaros y contragolpeando el Getafe se pierde la oportunidad de marcar en varias ocasiones, incluso sin portero. Ya en la agonía del encuentro el italiano Luca Toni, que durante todo el encuentro ha luchado solo en el área rival logra bajar un balón para que aparezca de atrás el francés Frank Ribéry e iguales, marcador para irnos a la prorroga. Hasta ese momento todo se notaba ilógico, el Bayern, ¡el Bayern!, empataba contra un equipo desconocido mundialmente y aún no había ocurrido nada. Sólo a unos minutos de haber iniciado el tiempo extra el Getafe marca y dos minutos después aumenta esa cifra, apenas han trascurrido unos instantes del tiempo extra y el Getafe gana por tres a uno. El golpe emocional es grande pero hay un dicho que dice “el fútbol es un deporte donde se juega once contra once y al final siempre gana Alemania”, nada más cercano a la realidad. Faltando pocos minutos para concluir el encuentro, se cobra un tiro libre que deja la pelota sin mayor peligro en el área del Getafe, el pato Abondanzzieri arquero argentino, al cual odio viseralmente, trata de tomar un balón que se le escurre entre las piernas dejándole servido el descuento a Luca Toni. Tres a dos, falta un minuto. Todo el Bayern de Munich arriba, toda Alemania de pie, Oliver Kahn el arquero alemán sube hasta el área rival, se acaba el tiempo y los bavaros quedan fuera, ¡vergüenza teutona!, ¡hazaña en la UEFA! publicaran los diarios al próximo día. Mentira. Falta un minuto, si, pero en la cancha aún está Luca Toni. En un último intento desesperado el Bayern cruza un centro desde la izquierda que baña a los centrales españoles, Toni con toda la tranquilidad del mundo, como en un entrenamiento, como en su barrio en Florencia, mira la pelota y clava un cabezazo contra el suelo. Silencio, Abondanzzieri en el piso, ¡llora pato!, y Toni con el dedo en la boca, reclamando eso que se ha ganado, silencio, de todos, silencio. Tres a tres, de película, cuando el Getafe coloca la pelota en el centro ya no hay tiempo, el Bayern se clasifica a semis por gol visitante.
Fútbol, fútbol, fútbol. Afortunadamente existe, afortunadamente hay por quien rezar cada domingo. Doce futbolistas sudorosos corriendo, no todos, tras un balón durante 90 minutos, en ocasiones 120, en una catedral que a veces se llama White Hart Lane, San Siro, Delle Alpi, Santiago Bernabeu, Anfield, Monumental, Centenario o, de vez en cuando, Pascual Guerrero.