
En la mañana El Caleño despierta a la hora de siempre. Seis ame. Deja encendido el radioreloj mientras escucha el noticiero. Revisa el celular. La rutina de cada día. Poco después lo llama su jefe. Le dice que descanse ese día. El Caleño se lo piensa poco. Está cómodo en su cama. Acepta, se arropa. No duerme más. El día se le pasa rápido. Ve un partido en la mañana, el de Uruguay contra Italia. Luego juega Colombia. Lo disfruta. Hace fuerza por Adriancho y la selección gana. Se acuesta en su cama y ve llover. Pasa el tiempo, como si se hubiera quedado dormido. Se le va el tiempo entre las manos hasta que ve el reloj y casi acaba el día. Piensa en el cumpleaños de su gata, en el cumpleaños de su mamá un día después. En el cumpleaños de pedacito, que ya pasó. Aniversarios, fechas especiales. No deja de ver Espn mientras escribe, no deja de escuchar Caracol mientras escribe. Se dice y promete una vez más, una mentira tan grande como el Maracaná, que seguirá escribiendo. No dejará que pasen de nuevo cuatro meses. Cuatro meses es mucho tiempo.