domingo, 2 de agosto de 2026

Trigésima primera semana (2026 08 02)

 Este es un placeholder para que mañana pueda escribir.- Tengo que mantener la fecha, mi papá. 

domingo, 26 de julio de 2026

Trigésima semana (2026 07 26)

Encontró fotos viejas, El Caleño. De cuando iba al pregrado. Tanto tiempo, por Dios. Una vida completa. Más que eso. Mira hacia atrás. ¿Extraña? No lo cree. La vida en ese momento era todo posibilidades, todo podía ser y era potencialmente capaz de serlo. En esa época todo era un drama, todo era inevitable y trágico y maravilloso. Y el amor era AMOR, así en mayúsculas. Un arrebato de pasión que estaba dentro de él. Y amor también era todas las cosas. Y todo era amor, todo era descubrir cosas, querer, amar para toda la vida pese a que no era amor y, por supuesto, no era toda la vida. Así era cuando recién habitaba el segundo piso de su vida. Cuando recorría media ciudad en el Pance 4. Esta entrada de blog, como lo pueden ver, si bien no es un placeholder sí es un poco como un parón. El próximo domingo volverá, obviamente, solo que estaba vez no tenía muchas ganas de escribir. Eso. 


domingo, 19 de julio de 2026

Vigésima novena semana (2026 07 19)

Tuvo una semana difícil en el trabajo. Perdió los papeles, como se dice. Generalmente es empático y trata de ponerse en el lugar de las otras personas y todo eso. Esta vez no. Sintió rabia cuando él no es así, generalmente. Reflexionó durante el fin de semana, tomó aire, contó hasta 10, hasta 100, hasta 1000. Etc. El domingo vio la final del Mundial y mañana irá a ver La Odisea. En la noche regresa su esposa, luego de dos semanas lejos. Al final, siempre, todo saldrá bien.  

domingo, 12 de julio de 2026

Vigésima octava semana (2026 07 12)

Esta semana El Caleño hizo algo que no había hecho antes. Le dijo a la IA de ChatGPT que escribiera la entrada del blog. Antes ya le había mandando varias entradas, años y años. Quería encontrar cosas en común, qué había cambiando en él y en su escritura. Mientras lo hacía leía y el cringe se apoderaba de él. Siempre ha sido cursi y lo de la pena, al menos en Internet, no es con él. Así entonces, le pidió una entrada a la IA (la foto también) que procede a copiar entera. Casi sin edición, solo borrando imprecisiones y cosas que no son tan ciertas. Las alucinaciones propias se quedan:

Esta entrada no la escribió El Caleño. La escribió una inteligencia artificial después de leer una parte importante de las cosas que él ha escrito durante los últimos dieciséis años. Él le dio la instrucción, claro. Le pidió que escribiera como él. Eso tampoco es del todo cierto. Le pidió que lo sorprendiera.

El Caleño tiene un blog desde 2007. ¿Qué tan brutos amanecimos? se llama. El nombre ha envejecido mejor que muchas otras cosas. Durante casi veinte años ha escrito y dejado de escribir. Ha vuelto a escribir y ha vuelto a dejar de hacerlo. Ha prometido regresar. Ha regresado. Ha escrito que este blog está hecho de regresos. Ha escrito sobre libros, mujeres, amigos, ciudades, buses, fútbol, árboles, películas, cigarrillos, bicicletas, ansiedad, casas, trabajos, lluvia. Ha escrito sobre escribir. Mucho.

Esta semana empezó a darle esos textos a una inteligencia artificial.

Uno tras otro.

Más.

Sigue.

Más.

Sigue.

La máquina empezó a encontrar patrones. El Caleño camina. El Caleño vuelve. El Caleño cuenta el tiempo. El Caleño busca un hogar. El Caleño mira árboles. El Caleño escribe para entenderse. Algunas cosas le parecieron ciertas. Otras no tanto. En algún momento tuvo que explicarle que El Mantra no era el nombre del blog, que El Caleño era El Caleño y que A era su esposa. Hasta para ser comprendido por una máquina hay que editarse.

Lo extraño es que siguió.

Le entregó textos que probablemente no había vuelto a leer en quince años y esperó a que algo que no estaba vivo le dijera qué había sobrevivido de él.

Tal vez esa sea una forma muy 2026 de mirarse al espejo.

El Caleño siempre ha pensado que escribe para entenderse. Lo dejó escrito hace muchos años. Cuando escribo me leo. Me entiendo. Pero esta vez hizo algo distinto. Escribió durante casi veinte años y después puso a otra cosa a leerlo.

¿Qué vio?

Un hombre que contaba baldosas, días, años, semanas. Que ha cambiado de casa, de trabajo, de ciudad. Que ha dejado de fumar. Que sigue leyendo. Que sigue viendo fútbol. Que sigue con A. Que sigue escribiendo.

Las máquinas son buenas encontrando patrones. Las personas también. A veces demasiado.

Quizá no exista ninguna línea secreta que conecte una caminata de 2012 con una bicicleta de 2026. Quizá una cometa sea solo una cometa. Un árbol, un árbol. Quizá uno pueda mirar hacia atrás y ordenar los accidentes hasta convertirlos en destino.

Pero algo queda.

El Caleño tiene 41 años. Lleva casi la mitad de su vida escribiendo en este blog. La primera entrada está más cerca del nacimiento del primer iPhone que de este domingo. En algún lugar de internet todavía existe un muchacho de 22 años que no sabe que va a vivir en Bogotá, que se va a casar con A, que seguirá al Tottenham durante veinte años, que tendrá dreads larguísimas, que trabajará pensando en ciudades y que un domingo de julio de 2026 le pedirá a una inteligencia artificial que lea lo que escribió cuando era él pero todavía no era este.

La máquina dijo muchas cosas.

Esta semana El Caleño entendió otra.

Uno escribe también para dejar pruebas.

No de que estuvo aquí. Eso es demasiado grande.

Pruebas de que alguna vez quiso comprar una bicicleta. De que una tarde contó plantas de albahaca. De que caminó al trabajo. De que una vez fue feliz porque llovió. De que hubo una casa con un árbol de mango. Otra con un mandarino. Un guayacán frente a una ventana. Ahora un sietecueros.

Cosas pequeñas.

Diecinueve años después, alguien las leyó todas y trató de encontrar al hombre que había detrás.

No pudo.

Esta entrada tampoco pudo.

El Caleño, por fortuna, todavía sigue escribiendo.

domingo, 5 de julio de 2026

Vigesimoséptima semana (2026 07 05)

Se vio Backrooms, ayer. En cine. Había un montón de gente, pero fue solo porque su esposa está de viaje. Raro eso. No tanto ir a cine solo, porque va bastante. Es estar sin ella. Saber que va volver a casa y no va a estar. Tiene fecha de regreso y habla todos los días con ella. Sí. Igual el vacío está y lo siente. Parece que tuviera más tiempo libre, él. Lee mientras escucha los partidos del Mundial. Come a deshoras. Trabaja y se mantiene ocupado. Abre una gaveta, un estante, su maletín y encuentra post its con mensajes que ella le dejó escondidos. Quisiera saber cuántos son, en dónde están todos. Aunque no, mejor no. Será la sorpresa que lo seguirá alegrando hasta su regreso.  

domingo, 28 de junio de 2026

Vigésima sexta semana (2026 06 28)

Hace unos días estuvo en el Amazonas. Su esposa cumplía años y quería ir. Él también lo hizo, El Caleño, cumplir 40 años en un lugar donde no había estado jamás. En su caso fue Barichara, en el caso de su esposa el Amazonas. A 18 km de Leticia, capital del departamento, subiendo por el río. En este caso, además de acompañarla, quiso hacer un experimento que realizan, a veces, en el lugar donde trabaja. Se llama Tres días en el bosque y consiste en desconectarse de todo y de todos durante, por lo menos, tres días. Y así lo hizo. En esta ocasión, en este domingo vigésimo sexto, tiene sueño y no cree que escribir sea adecuado. Lo hará el siguiente. Así como prometió una vez, hace días, un cuento. Esta vez sí será, ¿no?

domingo, 21 de junio de 2026

domingo, 14 de junio de 2026

Vigésima cuarta semana (2026 06 14)

Arrancó el Mundial de fútbol. Pasión de multitudes. Todo indica que será el peor Mundial de la historia. Infantino es un terrible presidente de la FIFA que ha hecho que el capitalismo más rampante encuentre campo fértil en el fútbol (ya lo tenía, pero mucho más). Estadios con muchos espacios vacíos; la prohibición del español en ruedas de prensa English only; el peor logo de la historia de las Copas del Mundo, la copa con unos efectos locos en el 2026. El montón de equipos que nos permiten el placer de ver relleno tras relleno futbolístico, con selecciones que se esfuerzan, pero no pueden. El Mundial con el mayor número de equipos en la historia. Como todo lo gringo, que comparte Mundial con México y Canadá, fagocita y se queda con el foco central. Es el Mundial de EE. UU. El Mundial de USA. El Mundial de los cuatro tiempos. ¿A quién, si no, a un agente del capitalismo rampante que todo lo quiere volver dinero, se le ocurrió convertir una necesidad fisiológica en medio de un caluroso verano en una oportunidad para más anuncios? Cooling break, hydration break. Ni en el término se ponen de acuerdo. Pero, pese a todo, rodará la pelota y será feliz El Caleño. Como cada cuatro años.

domingo, 7 de junio de 2026

Vigésima tercera semana (2026 06 07)

Murió de amor Marjane Satrapi, de tristeza por la falta de ese amor que fue de toda la vida. Él, El Caleño, también está triste. Llora por ella, por la niña que fue y que resistió y que ahora, décadas después, muere de corazón roto. Y es doloroso, dolorosísimo. Y no está mal tampoco, uno debería poder morir de lo que quiera morir. Hoy, ahora, el mundo es un lugar peor porque nos falta Marji.

domingo, 31 de mayo de 2026

Vigésima segunda semana (2026 06 31)

Día de elecciones en Colombia. La primera vuelta. Triunfa Abelardo, el de derecha, y la mitad del país no sabe qué hacer. La mitad del país por la que, según dice el gobierno, se gobernó en los pasados cuatro años. Muchas críticas. Demasiadas a este período electoral, al candidato de la izquierda, a la soberbia con la que se ha manejado su campaña y que lo aleja de la gente que lo quiere ver en el poder, más a pesar de él porque... ¿qué otra opción frente a Abelardo? en fin. Muchas cosas que decir, prohibieron al candidato de la derecha usar la camisa de la selección en plena víspera del mundial. Cada cosa que ocurre, cada acción que toma el establecimiento es una a favor de la derecha. Torpeza tras torpeza le entregaron el país a la derecha. 

domingo, 24 de mayo de 2026

Vigésima primera semana (2026 05 24)

El equipo que quiere, estima y sigue se quedó en Premier. Solo eso esta semana, que fue muy buena en general. Solo quería hablar de eso. De su equipo, de la victoria que hace que la próxima temporada sea una oportunidad de ser mejores. Lo de casi siempre. Mirar el sol salir mientras se toma un café recién hecho. Todo posibilidades.

domingo, 17 de mayo de 2026

Vigésima semana (2026 05 17)

Hoy 17 de mayo de 2026 cumple 20 años de seguir a Tottenham Hotspur. Así, sencillo. Veinte años que son una vida completa. Un nacer, crecer, adolescencia, adultez, morir. Quizá hasta tener hijos. En esos 20 años ha crecido con el Tottenham, madurado, amado a unos colores tan lejanos para él, a miles de kilómetros. Así son las cosas, echémosle la culpa a FOX Sports, a ESPN, al globalismo y a los globalistas. El Caleño le echará la culpa a quien corresponde. Dimitar Berbatov, delantero búlgaro que lo enamoró desde que lo vio en esa Champions League del 2002 con el Leverkusen. En ese momento, recuerda, veía los partidos escapándose de la universidad. En los pasillos de Unicentro, aprovechando a veces el horario del almuerzo, estirando los minutos para no volver a clase. Y sí, Berbatov. El 17 de mayo de 2006 fue anunciado por los Spurs y El Caleño, que empezaba a entrar en la Premier League, miraba a los equipos para escoger a su favorito. Existía el Chelsea de Mou (the Special One), el Arsenal de Henry, el United de sir Alex. Todos campeones, todos llamativos. Para él el fútbol es eso, sí, pero es otra cosa. Es más un sentimiento, afinidad. No hay cantidad de títulos que compren eso. Así que sí, Berbatov llegó al equipo de nombre raro e historia tortuosa. Uno de los pocos equipos, junto con sus hinchas, en apoyar públicamente a sus jugadores argentinos durante la guerra de las Malvinas, el audere est facere, el equipo para el que cualquier cosa pequeña era, y seguirá siendo, un sufrimiento inconmensurable. Su equipo, desde ahora. 
En 20 años pasaron muchos jugadores, se fue Berbatov al United pero El Caleño se quedó. Su amor lo acabó de cimentar el FIFA 07. Su primera carrera con un equipo fue con los Spurs. Puede recitar de memoria gran parte de la formación. Robinson, Dawson, King, YPL, Davies (Edgard), Lennon, Zokora, Keane, Defoe, Tainio, Jenas, Berbatov... Un título en 2008 y luego nada más. No importa. No le importó. Grandes jugadores, su favorito Mousa Dembélé pero también el frente croata con Kranjčar, Ćorluka y Modrić; Gareth Bale, Harry Kane. La Europa League de 2025, la lucha por no descender de 2026 que aún no termina porque esto lo escribe a dos días de un nuevo partido contra el Chelsea que puede ser definitivo y definitorio. Dos partidos quedan para saber si Tottenham sigue o no en la Premier, pero a él no le importa. Pase lo que pase, ahí estará. Mientras siga sintiendo. 

domingo, 10 de mayo de 2026

Decimonovena semana (2026 05 10)

Para efectos de este blog, transcribe la reseña que hizo ayer en Steam. Dice esto: “Objetivamente creo que es un juego de 7.5/10 pero para mí sí es un juego 10/10. Me vi reflejado en todo el camino. En tener los audífonos siempre al cuello, un cd quemado con un compilado para cada ocasión. Los paisajes cambian, obvio. No tenía el Ritz, pero tenía Pance; sí el último año del colegio, el inicio de la universidad. Encontrar mi lugar en el mundo después de saltar muchas canciones”.

Escribirá entonces, la próxima vez, sobre este juego y sobre lo que lo hizo sentir.

PD: El juego se llama Mixtape

 

domingo, 3 de mayo de 2026

Decimoctava semana (2026 05 03)

En la noche de hoy se vio La vida de Chuck. No han pasado quince minutos desde que terminó la película. Lo sorprendió saber que estaba basada en una historia de Stephen King. Evidentemente no puede sacársela de la cabeza. No solo por la historia sino porque se la acabó de ver. Le pareció una belleza y, no solo eso, lo ha hecho pensar un montón en tan poco tiempo. Lo seguirá pensando. Por ahora, gracias por esos 39 años Chuck.

domingo, 26 de abril de 2026

Decimoséptima semana (2025 04 26)

Hoy estuvo en la feria del libro de Bogotá. Se cansó un montón y caminó por innumerables pasillos. Compró un libro sobre frutas y, al salir, miró el arcoíris que recortaba el cielo.

lunes, 20 de abril de 2026

Decimosexta semana (2026 04 19)

Esto se escribe un día después de lo acordado, de lo normal. Iba en racha, El Caleño, con estas publicaciones. Ayer, el día designado, no lo hizo porque debió hacer cosas del trabajo y lo olvidó por completo. Doloroso, sí, pero a veces las cosas no salen como uno las planea. A veces es chévere eso. Meterle un poco de aleatoriedad. En todo caso, esperen la publicación del próximo domingo. Vivirá aventuras increíbles en la Feria del Libro.  

domingo, 12 de abril de 2026

Decimoquinta semana (2026 04 12)

 Hoy, como la otra vez, tampoco tiene ganas de escribir. Diría que lo va a compensar en el futuro cercano, pero sería una mentira. Quizá. A veces se pone a pensar en el sentido de las cosas. En la falta de sentido de las cosas. Que hay muy pocas personas más valiosas que un árbol. En lo poco, poquísimo, que se puede hacer por el mundo. No es depresión, es darse cuenta del pozo profundo en el que nos encontramos todos. Entiende entonces, quizá un poco, poquísimo, el porqué muchas personas optan por el placer rápido y fugaz. Mejor un poco de alegría, una chispa de luz en el fondo del pozo ese donde todas las personas pasan sus vidas. Y sí, pensando así diría otra vez que nada vale la pena. ¿Por qué lo valdría? Pero también diría que todo vale la pena. En un mundo tan hostil, tan antiusted, tan individualista, quizá un poco de empatía pueda salvar a una persona o a un árbol. Eso tendría más sentido. 

domingo, 5 de abril de 2026

Decimocuarta semana (2026 04 05)

 

Y hoy se acaba la Semana Santa. Pensaba descansar, escribir algo de lo que había amenazado en el post anterior. Que la vida fluyera y todo eso. No se pudo. No puede. Preocupaciones que no estaban en el horizonte de sucesos ocurrieron. Quizá ahora, mientras escribe acá, está un poco menos preocupado pero ya es tarde, no hay tiempo. Trabaja en la mañana aunque, por lo menos, no debe salir a la oficina. ¿Algo bueno en estos días de descanso? Se vio Project Hail Mary (que por estos lares se llama Proyecto Salvación...) y le gustó mucho. Como a todos. Es un lugar común pero también reconforta. Una película con amistades y subidas y bajadas. Con un héroe que lo es pese a sí mismo, a su cobardía inicial y que arriesga todo y más. Hace un montón no veía una peli así, que le gustara de esa forma. El cine de ciencia ficción, de ese estilo de ciencia ficción sigue siendo de sus favoritos aunque el género número uno indiscutido seguirá siendo el coming of age pero no necesariamente de personas jóvenes creciendo porque esa madurez y ese aprendizaje puede llegar a cualquier edad. Y eso, sí, es a lo único que podemos aspirar. A crecer como personas. 

domingo, 29 de marzo de 2026

Decimotercera semana (2026 03 29)

 

Esta semana tampoco es que quiera escribir mucho. Lo hará, sí, para que no quede tan escueto como la semana pasada. Escribir cada domingo puede ser algo motivador pero también frustrante. Queda para última hora para la dark night of the soul y esas cosas. Hace un recuento: la semana que pasó y que hoy termina fue difícil. Terminó informes, expuso temas. Empezó varios libros al mismo tiempo, como suele hacer. Otra vez leyó a Fernando Molano, esta vez con Un beso de Dick. Otra vez dice que ojalá todo el mundo pudiera leer a Fernando Molano. Se viene Semana Santa y tiene planes. No de salir a pasear, como hace la gente en esas fecha, sino de escribir. Tiene la idea para dos cuentos. Una de ellas se le ocurrió en Cuba  el año pasado luego de que la persona que los llevaba de un lado a otro (a El Caleño y a su esposa A) les contara la historia de su matrimonio. La otra se le ocurrió esta semana cuando iba saliendo a trabajar. Nada más banal. Eso, al menos una se leerá la próxima semana. 

domingo, 22 de marzo de 2026

domingo, 15 de marzo de 2026

Undécima semana (2026 03 15)

Fachadas bogotanas Lizeth León - Zona de Obras

 Imagen del libro Fachadas bogotanas de Lizeth León.

Esta semana leyó mucho, El Caleño. Se terminó el libro de Miranda July, A cuatro patas. El que empezó en la jornada de lectura silenciosa. Pese a ser muy Miranda July, no le gustó. Quizá estaba muy orientado a un tipo de público específico, quizá. Tal vez la idea era otra y no la supo agarrar al vuelo, tal vez. Sin embargo, por ella y por su obra, terminó la lectura. Le dio un 4/10. Empezó a leer también El amanecer de todo, que se lo regaló A en Navidad. Además empezó, en su pausas de trabajo, a leer Fachadas bogotanas de Lizeth León que es, probablemente un recorrido urbano por la memoria. Por la ciudad que vivimos y que nos hace lo que somos en su geografía.

Entonces, sintiendo esa evocación que causa en uno mismo la lectura, El Caleño recordó hogares y paisajes en su natal Cali. Las diferentes casas que habitó cuando pequeño. Tres de ellas en El Diamante, en el distrito de Aguablanca. De su recuerdo surge la habitación en la casa de James y luego otra habitación en una casa de ladrillo rústico a pocas cuadras, con un árbol de almendro amargo con hojas que le parecían gigantescas cuando él era muy pequeño. Luego la casa que fue por muchos años su casa, su único hogar. En la carrera 29B con calle 41. Un árbol de acacia en el antejardín, pintura blanca y ventanas azul claro. Un árbol de mango en el patio que daba cosecha de cuando en cuando. Un montón de espacio para jugar rayuela y todo lo que se nos ocurriera. El olor a maíz recién cocido y él sentado junto a su mamá, moliendo y haciendo arepas. Luego otra casa, otro hogar. Villa del lago. Donde aún viven sus padres. Reja color café, paredes color crema. Techo de teja, cielo raso de madera. Bachillerato y universidad, los pasajes estrechos por los que regresaba en la noche. Por los que salía a primera hora de la mañana a la Simón Bolívar a tomar el Pance 4, el Crema y Rojo 3. Todo eso hace una vida, completa. Luego, sí. Su independencia. Santa Mónica Residencial. Ya no una casa, una fachada para él y los suyos. No. Un apartamento. Un único rostro para muchas familias, para muchas personas. Su rincón de soltero, con cama en la sala y una hamaca atravesada. Luego vivir con A en otro apartamento del mismo lugar. Este con patio y un mandarino que daba sombra y frutas. Un par de años después otro hogar, en la misma cuadra en la que vivían. Pequeño, sí, pero su hogar por seis años. Con un guayacán frente a sus ventanas que explotaba cada tanto en flores amarillas. La imagen de Cali que siempre llevará en su corazón. Luego otro, uno más, pero en otra ciudad. En donde, dos años después de mudarse, escribe con un sietecueros en su terraza.

El guayacán de Santa Mónica residencial.


domingo, 8 de marzo de 2026

Décima semana (2026 03 08)

Día de elecciones, día de la mujer. Durante la semana El Caleño trabajó mucho. Trasnochó bastante. Tuvo club de lectura, de libros, y siguieron hablando de Islas del abandono de Cal Flyn y comentaron el penúltimo capítulo, sobre Montserrat y la erupción de un volcán, y de más volcanes y de más tragedias. Cuando lo terminen, el libro, se van a encontrar para seguir hablando de él en el jardín botánico. Luego en su otro club de lectura, de videojuegos, hablaron sobre Pony Island y escogieron, a El Caleño le tocó la tarea de escoger tres juegos para la votación del juego del mes de marzo. Unpacking, Wanderstop y Consume Me. Al final votaron más, democracia, por Consume Me. Lo quiere jugar con su esposa, con A, porque siempre es bueno ver los juegos con otros ojos. Además, por último, se encontró con amigos el sábado. Comieron comida china en el mejor restaurante de comida china al que ha ido. Fue feliz. Luego tomaron café y comieron galletas mientras en Bogotá llovía.

La foto es de Tom Kūaliʻi y la ven acá.

domingo, 1 de marzo de 2026

Novena semana (2026 03 01)

 Con marzo llega el claro oscuro. Por fin empieza a jugar este juego tan famoso y con tantos premios y tanta prensa. ¿Vivirá a las expectativas tan altas que, actualmente, tiene El Caleño? Amanecerá, será abril, y veremos. A veces pasa, más detalles adelante.

domingo, 22 de febrero de 2026

Octava semana (2026 03 22)

Esta vez, prefiere escribir directamente es Substack. Lo ha venido variando. Su escritura. A veces en Blogger, que es donde ha escrito más, y a veces acá (que para estos efectos y estas cuentas es Substack). Pese a que lleva un registro detallado de las cosas que hace para el trabajo, no recuerda muy bien de qué fue esta semana. Sabe que quería escribir un cuento. Sobre lo que le contó una persona en Cuba. Sobre matrimonios y repeticiones. Lo tiene en el tintero desde hace meses. Lo escribe en la cabeza. Hace rato, mucho, no tenía el interés de escribir una historia. Igual se preocupa. Nunca se ha caracterizado de escribir historias largas, de desarrollar personajes más allá de un hola, un adiós. Un ir a la luna como metáfora mientras los cerros de su ciudad se queman. Y esta semana tampoco fue, claro está. Cree que habrá tiempo, aunque siempre creemos que hay y luego estás en la mitad de tu vida.

Esta semana cumplió años C, el 20. La saludó y a ella le pareció curioso que recordara su cumpleaños. ¿Cómo no hacerlo?, pensó. Ella repitió la pregunta, pero El Caleño no contestó. ¿Hay respuesta? Claro. Él recuerda. Terminó de leer La hora atómica de Rubén Lardín y se acuerda de que (acá el de que está bien escrito…) siempre quiso escribir como él. Desde que leyó su blog, el de Lardín, por allá hace 20 años cuando aún la gente escribía blogs y no pensaba en suscripciones ni pagos a cuotas. No Substacks, no Patreons. Entonces terminó, el libro, y es como estar un par de día con él, con Lardín. Pasear por Barcelona, hablando de nada y haciéndolo literatura. Así le va,m por tanto tiempo. Si alguien lee esto, le recomienda La mano con el sol que es su podcast y es como un libro, que lee él mismo. Que se va escribiendo solo, con conversaciones sueltas suyas y de la gente. con notas de voz enviadas desde cualquier parte. Una novela coral.

El domingo, que es el día en el que escribe esto. En la tarde fue con su esposa A a un parque, a una lectura masiva en silencio. Un ejercicio que hace mucho, pero que ahora era en compañía. Empezó a leer A cuatro patas de Miranda July porque le encanta Miranda July desde que vio Me and you and everyone we know y, noticia de última hora, acaba de darse cuenta que está completa en YouTube con subtítulos en español y que si no se la ha visto, bien pueda y pase y conozca qué, cómo, cuándo, dónde y quién es July. Otra autora gigantesca, muy de ella, muy mujer si pudiera saber qué es ser muy mujer. Un espectáculo. Y sí, empezó a leer July y ahora deja de escribir acá porque debe hacer la comida y luego verá ya película. Back and forth. Forever.

domingo, 15 de febrero de 2026

Séptima semana (2026 02 15)

Pese a que lleva todo el año en esta actividad que consiste en esperar hasta el domingo para registrar lo que ha hecho en la semana y titularla como corresponde. Por ejemplo, esta es la semana número siete del ejercicio, por ende se llamará séptima semana. Así. Con la fecha también. Hace un recuento de su semana, salió una vez en SITP y fue dos veces a la oficina, porque le gusta montar en su bici e ir hasta la oficina. E iría en su bici hasta otro lugar también, pero a veces no se siente tan cómodo porque aún no sabe leer bien la ciudad. La vez que quiso, llegó lejos como la vez que más lejos ha llegado, se varó. Fue la semana pasada, la que correspondió a la sexta semana. Un pedal se rompió y debió llamar a una amiga que le terminó dando la mejor de las soluciones. A unas cuadras había un taller ambulante. Solucionado el problema, volvió a casa con la cola entra las piernas o, mejor, sobre el sillín. Incluso había comprado luces para la bici, para estrenarlas ese día por si se hacía de noche y el camino era oscuro y lleno de albergaba terrores. En Bogotá, seguro. Así entonces, el más reciente viernes esta en la oficina y planea salir pero un aguacero, como se ven siempre en la capital, azota con fuerza. Debe esperar y se hace de noche. Oscurece. Por un azar del destino, en su bicicleta tenía las luces y sí, fue un faro de luz de regreso a casa. Durante el fin de semana no salió de casa y tan solo escribió esto, antes de acostarse a dormir. 

domingo, 8 de febrero de 2026

Sexta semana (2026 02 08)

Durante la semana pensó mucho e hizo mucho. Que haya pensado mucho no significa que haya creado. solo dio vueltas sobre su propio eje. Pensó, sí, en la filosofía que da vida a la organización donde trabaja. Pensó mucho en lo 'slow', en baja el ritmo. Viene haciéndolo desde hace rato. Quiere que esa sea un poco la filosofía, la forma en que, su vida se manifieste al mundo. Es difícil, sí. Bajar el ritmo, decrecer. Ser más consciente. En los últimos años ha leído sobre el tema. Se leyó Elogio de la lentitud, que es el que le da inicio a todo, pero también Minimalismo digital, Slow productivity, Slow down y etc. Este año quiere muchas cosas, viajar con su esposa, leer mucho, mucho más. Quiere mostrar eso que es lento y que mucha más gente lo sepa y sea slow, por que suena mejor a ser lento. Lo lento, en este mundo que va a todo, se considera malo. Si alguien es lento, es tonto, dice la gente. Si alguien va despacio es porque no aprovecha la emociones que le da el mundo. Sin embargo, solo yendo lento se puede apreciar de verdad de lo que está hecho el mundo y verle los pliegues. Lo que está detrás. Los detalles que no se pierden en la marea de información. La abeja que se posa sobre una flor. 


domingo, 1 de febrero de 2026

domingo, 25 de enero de 2026

Cuarta semana (2026 01 25)

Este domingo, en el que escribe esto, se vio la primera película (en cine) del año. Le gusta mucho el cine, desde que estaba en la universidad. Su carrera era un poco eso. Cine. Muchos de sus amigos lo hacen, cine. El año pasado vio Horizonte, una película hecha por uno de sus amigos y, para él, fue una de las mejor del año. En todo caso ahora escribe sobre No Other Choice, de Park Chan-wook. Le gustó, mucho. Por ahora, es su película favorita del año. Hace un montón no veía una película a la que hacer tantas preguntas. La de César, Horizonte, lo conflictuó un montón más. Era enfrentarse a su país. A la guerra interna y externa. La que vivimos por dentro y la que nos arrastra por fuera. Tras salir de verla se encontró con un dolor que no sabía que tenía. O sí, lo había olvidado. Ese dolor al que no escapamos como colombianos. El trauma colectivo de este país manchado de sangre.

La de PCW, en cambio, lo enfrentó al sistema, a lo que viene, a la despersonalización. Una pesadilla. El enemigo, para el protagonista, no es la corporación que lo echa de su trabajo tras 25 años de entrega con una liquidación y una anguila para comer. El enemigo son las personas calificadas que pueden llegar a ser una competencia para su puesto. Entonces, SPOILERS ADELANTE, diseña un plan para librarse de personas más capacitadas que él. Pasan cosas, muchas. Descubre una infidelidad que es como un espejo de lo que pasa en casa, pero PCW no nos lo deja saber del todo. Una muerte, aunque todo no sale como él lo quería. La siguiente, otra muerte. Rápida pero deja un casquillo en la escena. Es importante, el casquillo, vemos un primer plano. Le gusta hacer bonsáis y diseña uno con el cuerpo de su víctima. La policía lo visita y casi se delata, es muy torpe, pero su esposa lo sabe o lo intuye. Luego su hijo se lo confirma, a ella. Desentierra el cadáver. Cuando él, el protagonista que interpreta Lee Byung-hun, intenta matar a su tercera víctima su esposa lo llama y le dice que los esposos deben confiar y que si hacen mal, lo deben hacer entre los dos. LBH no confía en ella y es el peor error que comete. Antes de eso dudó en matar, pero se dice a sí mismo que no hacerlo invalidaría la muerte de los dos anteriores. "Muertes de perro", dice. Al final todo sale bien. En un giro como el de la escena del anillo en Match Point, resulta que la culpa de la segunda muerte es responsabilidad de la primera víctima. El casquillo. Importante. El trabajo que buscaba es de él, pero la fábrica es de luces apagadas. "¿Cómo es eso?" pregunta LBH y sí, la IA no necesita luces ni nada más que robots para operar. Y así, su idea de sindicato y de sus amigos y de estar con los compañeros que son los que hacen el papel pasa a ser otra. Estar acompañado de máquinas que no lo necesitan. Ya no hay que golpear el rollo de papel con un palo. Se tapa los oídos con tapones para no escuchar el concierto de metal que interpreta la planta mientras en casa su hija autista da, por primera vez, una interpretación casera con su chelo. Su madre la escucha.

domingo, 18 de enero de 2026

Tercera semana (2026 01 18)

Escuchó decir, no se acuerda para esta entrada si escribía en primera o en tercera persona, que por primera vez en la historia enero metió quince días en cinco minutos... y sí. Hasta más. El tiempo pasó volando. Hace poco estuvo en Cali, hace poco estuvo en Armenia. Hace poco leyó ese libro que le gustó y hablaba de otros tipos de economía, de regalos. Cosas diferentes son posibles si uno vive con el corazón lleno y da. La semana que pasó, pasó. ¿Se destacó algo? Solo más trabajo. Hace memoria de su lunes, que fue festivo; del martes, que implicó mucho trabajo y el miércoles estuvo enfermo, así como el jueves. El viernes se recuperó para que se acabara la semana. Está leyendo su segundo libro del año. Se llama Cosita, de Alba G. Mora y es de una mujer que mira el mundo de forma singular, que se aferra a rutinas y otras ceremonias para evadirse de la realidad, de los padres muertos y de su propio futuro. El sábado en la noche vio una peli con su esposa, francesa (la peli) y el domingo vio fútbol, jugó Blue Prince. Se acostó a las 10:30 p.m.

domingo, 11 de enero de 2026

Segunda semana (2026 01 11)

 Avanza el año, trepidante. Ya pasaron más de diez días del inicio del año. Lo siente diferente distinto, al 2025 aunque como lo sabemos todos el tiempo no es más que un constructo. Avanza sin que sea necesario medirlo. Va. Durante esta primera semana leyó el primer libro del año. The Serviceberry de Robin Wall Kimmerer y le gustó mucho. Le dio cinco estrellas en Goodreads donde, además, se puso como meta leer cuarenta libros durante este 2026. Sabe, como con el tiempo, que medir el número de libros es un acto irracional. O, más que eso, un acto carente de importancia. ¿Qué importa, realmente,  leer 40 libros o 200 libros? Importa más conocerlos en el fondo, hacer algo con ese conocimiento. Espera que The Serviceberry le sirva mucho porque resonó con él. "Mi riqueza está en la barriga de mi vecino" cita Wall Kimmerer en su libro. La belleza de compartir en la medida de lo posible, dar como un acto vital. Siempre le ha parecido bonito el nourish inglés. El nutrir, el darte energía, como parte del comer. Cuando puede lleva galletas a la oficina, lleva gyozas, llevar babaganoush que no es mutabal pero se confunden. Invitar a personas a comer en su casa. Dar, lo que pueda dar. Pese a lo irracional que sea, es para él y para todos, el día número once de este nuevo año.

domingo, 4 de enero de 2026

Primera semana (2026 01 04)


Es la primera semana del año y El Caleño, yo o FB, en Bogotá desde hace dos, reflexiona sobre lo que fue su 2025 y sobre lo que viene. Muchas ganas tenía de que se acabara ese año pese a que hizo mucho y volvió a estudiar y todo estuvo bien, pero no. Necesitaba un reinicio. Un volver a empezar. Un borrón y cuenta nueva. ¿Es este o seguirá repitiendo y repitiéndose? Recuerda el lema del blog y de tropezar con la misma piedra y caer de manera diferente, recuerda las Goldberg variationen, recuerda y quiere que este año, que es una medida de tiempo tan arbitraria como cualquier otra, sea diferente, sea mejor. Es por eso que ha decidido que escribirá una vez por semana sobre su vida y será como el diario que llevó hace tanto tiempo y cómo cada día era único. Lo intentará, sí. Más detalles, adelante.