domingo, 22 de febrero de 2026

Octava semana (2026 03 22)

Esta vez, prefiere escribir directamente es Substack. Lo ha venido variando. Su escritura. A veces en Blogger, que es donde ha escrito más, y a veces acá (que para estos efectos y estas cuentas es Substack). Pese a que lleva un registro detallado de las cosas que hace para el trabajo, no recuerda muy bien de qué fue esta semana. Sabe que quería escribir un cuento. Sobre lo que le contó una persona en Cuba. Sobre matrimonios y repeticiones. Lo tiene en el tintero desde hace meses. Lo escribe en la cabeza. Hace rato, mucho, no tenía el interés de escribir una historia. Igual se preocupa. Nunca se ha caracterizado de escribir historias largas, de desarrollar personajes más allá de un hola, un adiós. Un ir a la luna como metáfora mientras los cerros de su ciudad se queman. Y esta semana tampoco fue, claro está. Cree que habrá tiempo, aunque siempre creemos que hay y luego estás en la mitad de tu vida.

Esta semana cumplió años C, el 20. La saludó y a ella le pareció curioso que recordara su cumpleaños. ¿Cómo no hacerlo?, pensó. Ella repitió la pregunta, pero El Caleño no contestó. ¿Hay respuesta? Claro. Él recuerda. Terminó de leer La hora atómica de Rubén Lardín y se acuerda de que (acá el de que está bien escrito…) siempre quiso escribir como él. Desde que leyó su blog, el de Lardín, por allá hace 20 años cuando aún la gente escribía blogs y no pensaba en suscripciones ni pagos a cuotas. No Substacks, no Patreons. Entonces terminó, el libro, y es como estar un par de día con él, con Lardín. Pasear por Barcelona, hablando de nada y haciéndolo literatura. Así le va,m por tanto tiempo. Si alguien lee esto, le recomienda La mano con el sol que es su podcast y es como un libro, que lee él mismo. Que se va escribiendo solo, con conversaciones sueltas suyas y de la gente. con notas de voz enviadas desde cualquier parte. Una novela coral.

El domingo, que es el día en el que escribe esto. En la tarde fue con su esposa A a un parque, a una lectura masiva en silencio. Un ejercicio que hace mucho, pero que ahora era en compañía. Empezó a leer A cuatro patas de Miranda July porque le encanta Miranda July desde que vio Me and you and everyone we know y, noticia de última hora, acaba de darse cuenta que está completa en YouTube con subtítulos en español y que si no se la ha visto, bien pueda y pase y conozca qué, cómo, cuándo, dónde y quién es July. Otra autora gigantesca, muy de ella, muy mujer si pudiera saber qué es ser muy mujer. Un espectáculo. Y sí, empezó a leer July y ahora deja de escribir acá porque debe hacer la comida y luego verá ya película. Back and forth. Forever.

domingo, 15 de febrero de 2026

Séptima semana (2026 02 15)

Pese a que lleva todo el año en esta actividad que consiste en esperar hasta el domingo para registrar lo que ha hecho en la semana y titularla como corresponde. Por ejemplo, esta es la semana número siete del ejercicio, por ende se llamará séptima semana. Así. Con la fecha también. Hace un recuento de su semana, salió una vez en SITP y fue dos veces a la oficina, porque le gusta montar en su bici e ir hasta la oficina. E iría en su bici hasta otro lugar también, pero a veces no se siente tan cómodo porque aún no sabe leer bien la ciudad. La vez que quiso, llegó lejos como la vez que más lejos ha llegado, se varó. Fue la semana pasada, la que correspondió a la sexta semana. Un pedal se rompió y debió llamar a una amiga que le terminó dando la mejor de las soluciones. A unas cuadras había un taller ambulante. Solucionado el problema, volvió a casa con la cola entra las piernas o, mejor, sobre el sillín. Incluso había comprado luces para la bici, para estrenarlas ese día por si se hacía de noche y el camino era oscuro y lleno de albergaba terrores. En Bogotá, seguro. Así entonces, el más reciente viernes esta en la oficina y planea salir pero un aguacero, como se ven siempre en la capital, azota con fuerza. Debe esperar y se hace de noche. Oscurece. Por un azar del destino, en su bicicleta tenía las luces y sí, fue un faro de luz de regreso a casa. Durante el fin de semana no salió de casa y tan solo escribió esto, antes de acostarse a dormir. 

domingo, 8 de febrero de 2026

Sexta semana (2026 02 08)

Durante la semana pensó mucho e hizo mucho. Que haya pensado mucho no significa que haya creado. solo dio vueltas sobre su propio eje. Pensó, sí, en la filosofía que da vida a la organización donde trabaja. Pensó mucho en lo 'slow', en baja el ritmo. Viene haciéndolo desde hace rato. Quiere que esa sea un poco la filosofía, la forma en que, su vida se manifieste al mundo. Es difícil, sí. Bajar el ritmo, decrecer. Ser más consciente. En los últimos años ha leído sobre el tema. Se leyó Elogio de la lentitud, que es el que le da inicio a todo, pero también Minimalismo digital, Slow productivity, Slow down y etc. Este año quiere muchas cosas, viajar con su esposa, leer mucho, mucho más. Quiere mostrar eso que es lento y que mucha más gente lo sepa y sea slow, por que suena mejor a ser lento. Lo lento, en este mundo que va a todo, se considera malo. Si alguien es lento, es tonto, dice la gente. Si alguien va despacio es porque no aprovecha la emociones que le da el mundo. Sin embargo, solo yendo lento se puede apreciar de verdad de lo que está hecho el mundo y verle los pliegues. Lo que está detrás. Los detalles que no se pierden en la marea de información. La abeja que se posa sobre una flor. 


domingo, 1 de febrero de 2026

domingo, 25 de enero de 2026

Cuarta semana (2026 01 25)

Este domingo, en el que escribe esto, se vio la primera película (en cine) del año. Le gusta mucho el cine, desde que estaba en la universidad. Su carrera era un poco eso. Cine. Muchos de sus amigos lo hacen, cine. El año pasado vio Horizonte, una película hecha por uno de sus amigos y, para él, fue una de las mejor del año. En todo caso ahora escribe sobre No Other Choice, de Park Chan-wook. Le gustó, mucho. Por ahora, es su película favorita del año. Hace un montón no veía una película a la que hacer tantas preguntas. La de César, Horizonte, lo conflictuó un montón más. Era enfrentarse a su país. A la guerra interna y externa. La que vivimos por dentro y la que nos arrastra por fuera. Tras salir de verla se encontró con un dolor que no sabía que tenía. O sí, lo había olvidado. Ese dolor al que no escapamos como colombianos. El trauma colectivo de este país manchado de sangre.

La de PCW, en cambio, lo enfrentó al sistema, a lo que viene, a la despersonalización. Una pesadilla. El enemigo, para el protagonista, no es la corporación que lo echa de su trabajo tras 25 años de entrega con una liquidación y una anguila para comer. El enemigo son las personas calificadas que pueden llegar a ser una competencia para su puesto. Entonces, SPOILERS ADELANTE, diseña un plan para librarse de personas más capacitadas que él. Pasan cosas, muchas. Descubre una infidelidad que es como un espejo de lo que pasa en casa, pero PCW no nos lo deja saber del todo. Una muerte, aunque todo no sale como él lo quería. La siguiente, otra muerte. Rápida pero deja un casquillo en la escena. Es importante, el casquillo, vemos un primer plano. Le gusta hacer bonsáis y diseña uno con el cuerpo de su víctima. La policía lo visita y casi se delata, es muy torpe, pero su esposa lo sabe o lo intuye. Luego su hijo se lo confirma, a ella. Desentierra el cadáver. Cuando él, el protagonista que interpreta Lee Byung-hun, intenta matar a su tercera víctima su esposa lo llama y le dice que los esposos deben confiar y que si hacen mal, lo deben hacer entre los dos. LBH no confía en ella y es el peor error que comete. Antes de eso dudó en matar, pero se dice a sí mismo que no hacerlo invalidaría la muerte de los dos anteriores. "Muertes de perro", dice. Al final todo sale bien. En un giro como el de la escena del anillo en Match Point, resulta que la culpa de la segunda muerte es responsabilidad de la primera víctima. El casquillo. Importante. El trabajo que buscaba es de él, pero la fábrica es de luces apagadas. "¿Cómo es eso?" pregunta LBH y sí, la IA no necesita luces ni nada más que robots para operar. Y así, su idea de sindicato y de sus amigos y de estar con los compañeros que son los que hacen el papel pasa a ser otra. Estar acompañado de máquinas que no lo necesitan. Ya no hay que golpear el rollo de papel con un palo. Se tapa los oídos con tapones para no escuchar el concierto de metal que interpreta la planta mientras en casa su hija autista da, por primera vez, una interpretación casera con su chelo. Su madre la escucha.

domingo, 18 de enero de 2026

Tercera semana (2026 01 18)

Escuchó decir, no se acuerda para esta entrada si escribía en primera o en tercera persona, que por primera vez en la historia enero metió quince días en cinco minutos... y sí. Hasta más. El tiempo pasó volando. Hace poco estuvo en Cali, hace poco estuvo en Armenia. Hace poco leyó ese libro que le gustó y hablaba de otros tipos de economía, de regalos. Cosas diferentes son posibles si uno vive con el corazón lleno y da. La semana que pasó, pasó. ¿Se destacó algo? Solo más trabajo. Hace memoria de su lunes, que fue festivo; del martes, que implicó mucho trabajo y el miércoles estuvo enfermo, así como el jueves. El viernes se recuperó para que se acabara la semana. Está leyendo su segundo libro del año. Se llama Cosita, de Alba G. Mora y es de una mujer que mira el mundo de forma singular, que se aferra a rutinas y otras ceremonias para evadirse de la realidad, de los padres muertos y de su propio futuro. El sábado en la noche vio una peli con su esposa, francesa (la peli) y el domingo vio fútbol, jugó Blue Prince. Se acostó a las 10:30 p.m.

domingo, 11 de enero de 2026

Segunda semana (2026 01 11)

 Avanza el año, trepidante. Ya pasaron más de diez días del inicio del año. Lo siente diferente distinto, al 2025 aunque como lo sabemos todos el tiempo no es más que un constructo. Avanza sin que sea necesario medirlo. Va. Durante esta primera semana leyó el primer libro del año. The Serviceberry de Robin Wall Kimmerer y le gustó mucho. Le dio cinco estrellas en Goodreads donde, además, se puso como meta leer cuarenta libros durante este 2026. Sabe, como con el tiempo, que medir el número de libros es un acto irracional. O, más que eso, un acto carente de importancia. ¿Qué importa, realmente,  leer 40 libros o 200 libros? Importa más conocerlos en el fondo, hacer algo con ese conocimiento. Espera que The Serviceberry le sirva mucho porque resonó con él. "Mi riqueza está en la barriga de mi vecino" cita Wall Kimmerer en su libro. La belleza de compartir en la medida de lo posible, dar como un acto vital. Siempre le ha parecido bonito el nourish inglés. El nutrir, el darte energía, como parte del comer. Cuando puede lleva galletas a la oficina, lleva gyozas, llevar babaganoush que no es mutabal pero se confunden. Invitar a personas a comer en su casa. Dar, lo que pueda dar. Pese a lo irracional que sea, es para él y para todos, el día número once de este nuevo año.

domingo, 4 de enero de 2026

Primera semana (2026 01 04)


Es la primera semana del año y El Caleño, yo o FB, en Bogotá desde hace dos, reflexiona sobre lo que fue su 2025 y sobre lo que viene. Muchas ganas tenía de que se acabara ese año pese a que hizo mucho y volvió a estudiar y todo estuvo bien, pero no. Necesitaba un reinicio. Un volver a empezar. Un borrón y cuenta nueva. ¿Es este o seguirá repitiendo y repitiéndose? Recuerda el lema del blog y de tropezar con la misma piedra y caer de manera diferente, recuerda las Goldberg variationen, recuerda y quiere que este año, que es una medida de tiempo tan arbitraria como cualquier otra, sea diferente, sea mejor. Es por eso que ha decidido que escribirá una vez por semana sobre su vida y será como el diario que llevó hace tanto tiempo y cómo cada día era único. Lo intentará, sí. Más detalles, adelante.

miércoles, 2 de julio de 2025

Vista desde un escritorio

Como ahora he decidido volver a escribir, gracias a la experiencia primero positiva (y después no tanto) con Sally Rooney, voy a seguir escribiendo. De las cosas que me gustan, de las cosas que se me ocurren. De las cosas que quiero contar y no sé a quién, aunque se las puedo contar siempre a mi esposa que me escucha así a veces no me entienda del todo porque todos somos raros y quizá nos falta contexto. Así entonces, así las cosas, escribo sobre el libro que leí luego de leer Dónde estás, mundo bello. Agrego enlace a la reseña/crítica que subí a Goodreads y agrego enlace a mi perfil también, por lo que ahora, luego de revisarlo, me doy cuenta que el libro que leí después del de Rooney fue Con el corazón en la mano de Aterciopelados. Como hace tanto tiempo que no escribo acá, no me acuerdo cómo hacer notas al pie, que es el lugar que merece ese documento... en fin. Tantas líneas y aún no he entrado en el tema que me convoca hoy. Para que exista una clara diferencia entre lo que vengo diciendo y lo que voy a decir, acudo al punto aparte.

Vista desde una acera de Fernando Molano Vargas fue una de mis lecturas de junio. Diría que la mejor, aunque compartió mes con Maniac de Benjamín Labatut. Me gustó leer a Molano Vargas en junio porque es el mes del orgullo y quien más orgulloso de ser, de vivir y de sentir que quien fuera Molano Vargas. Una novela hermosa sobre el amor de dos hombres, sobre la vida de dos hombres, sobre cómo crecen, cómo se encuentran, cómo conocen lo que será su fin. Novela que arranca casi por el final, por la noticia triste del VIH y que sigue con infancias en Armenia y Bogotá. Con romances de padre y madre, con hermanos y hermanas. En su reseña, a la que le di cinco estrellas, dije esto:

Que libro tan bello. Que libro tan triste. Que libro tan esperanzador. Que amor más grande. Ojalá todo el mundo conociera a Molano, ojalá todo el mundo leyera a Fernando.

Como me pasó con Rooney, con Molano también terminé con ganas de decir algo. Luego de citarme a mí mismo sin pudor y con descaro, como un adolescente, le pido a cualquiera que lea esto que luego lea a Molano (si no lo conoce) o que lo relea (si lo conoce ya). Que tratemos de amar cada día a quienes podamos, para que ayudemos a llenar el vacío que dejó el amor inmenso entre Adrián y Fernando.

lunes, 2 de junio de 2025

Es 2025, es junio, es dos. Es lunes. Es Dónde estás, mundo bello

Hoy me terminé de leer Dónde estás, mundo bello de Sally Rooney. Fue tal el choque que saqué una libreta para anotar mis impresiones, que abrí blogger para escribir esto que escribo y que usted, o usted, lee. Lo que escribí en la libreta hace unas horas quizá difiere un montón de lo que escribo acá.
Quizá sí es más profundo, como un mail intercambiado entre Alice Eileen. y lo que me llevó a escribir en la libreta fue algo que llevaba en el pecho y la cabeza desde que empecé a leerla hace una semana, es decir más o menos en 2025, en mayo, el 24. Y era algo que no me podía sacar de la cabeza y que me afectaba de alguna u otra forma.
Me afectaba como si me pasara a mí directamente. Algo que había leído en una de las páginas, un correo de Alice Eileen después de su viaje a Roma, y que yo pensaba, que había pensado y aún pienso, pero que nunca lo había puesto en palabras. Que no lo había dicho, que no lo he dicho y no se lo he contado ni siquiera a mi esposa. Dicho así suena gigante, pero no. Es más que mi personalidad no es dada a compartir cosas privadas, un poco emocionalmente cerrado como lo es Simon en el libro, y me cuesta un montón expresar profundidades propias.
Es así entonces como le daba vueltas. Como me caía mal Alice por parecerse a mí y por ser una manipuladora y por querer hacerse daño involucrándose con alguien a quien conoce de un par de días; y como me caía mal Felix por hacer cosas que yo ya no podía hacer, por conocer a alguien increíble como yo había conocido antes y la emoción de esa novedad, de descubrir a una persona nueva, y me caía mal porque pensaba que le iba a hacer mucho daño a ella, a Alice, y que la trata mal y es cruel pero al final no importa porque él termina siendo el más sensato. Y me cae mal Simon por estar enamorado tanto tiempo, porque yo lo estuve antes y en la misma libreta donde escribí eso otro está escrito algo que escribí para esa persona en un momento en el que solo sabía que la quería más que a nada. Y me cae mal Eileen porque no decide nada sobre su vida. 
Al final de cuentas Dónde estás, mundo bello pasa, transcurre, mientras en el mundo ocurre uno u otro genocidio, mientras la gente se mata como se ha matado desde antes de empezar a caminar erguidos pero que, mientras todo eso pasa, la gente sigue relacionándose y siendo amigas, hablando quizá la una junto a la otra, o por telegrama, o por código morse o por teléfono, por WhatsApp y, como no, por correo electrónico. Y el mundo sigue siendo bello mientras las dos amigas se escriben por correo pero no se cuentan nada y reaccionan solo a unas cosas específicas que se cuentan y a otras no. Mientras no ocurre nada, porque a veces la vida es así y no pasa nada en un par de meses, tenemos alguna crisis y al final barremos los vidrios rotos de una copa que se estrelló contra el piso de la cocina. Esto, que no es una reseña, sí es unas ganas de escribir otra vez. Creo que eso me lo deja Rooney al final. Unas ganas de decir. De contar cosas, de hacer el amor y de decir te quiero mucho, porque es verdad y porque te quiero mucho ARCC, unas ganas de abrirme, aunque no tanto y tal vez con acompañamiento psicológico, no vaya a ser que al final haga más daño que bien. 
Al final, me quedo con el capítulo 23, p. 225, como el amor más grande expresado en todo el libro y con una escritura de un estilo maravilloso. 
Al final, otra vez al final, resumo un poco. Las dos terceras partes iniciales fueron muy buenas y el último tercio cayó en lo cursi rápidamente. ¿A Rooney le gustaban demasiado sus dos amigas protagonistas y debían terminar sonriendo el libro? 
Al final, última vez al final, todo sale bien por motivos (because of reasons). Felix no era todo lo malo que parecía, Alice lo quería usar para ser miserable y volver a escribir pero no, lo opuestos se atraen y las clases sociales opuestas un poco, también. Simon cumple su sueño y Eileen también, juntos. La vida sigue, fluye. Las lenguas se olvidan y se crean otras para expresar lo mismo. 
Eso, acá sigo. Más detalles, adelante.