domingo, 30 de agosto de 2026
Trigésima quinta semana (2026 08 30)
domingo, 23 de agosto de 2026
Trigésima cuarta semana (2926 08 23)
Otro placeholder. Esta vez con la obra de Araki. La primera imagen tiene como 40 años, la segunda es más reciente. En el medio está todo el cambio. Toda la evolución como artista. La expresividad. La evolución. Las posibilidades. Todo es aprender, siempre lo ha dicho.
Entonces, hasta el próximo domingo.
domingo, 16 de agosto de 2026
Trigésima tercera semana (2026 08 16)
domingo, 9 de agosto de 2026
Trigésima segunda semana (2026 08 09)
A
M
I
L
E
I
Lo chistoso es que el caleño se graduó ahí, en maestría, pero pues se graduó en ese lugar. En fin, Univalle por siempre. Análisis no hay, solo indignación. A El Caleño se le pasará esa sensación leyendo a Sanderson o la reemplazará por una nueva. El tiempo lo dirá.
domingo, 2 de agosto de 2026
Trigésima primera semana (2026 08 02)
Este es un placeholder para que mañana pueda escribir.- Tengo que mantener la fecha, mi papá.
domingo, 26 de julio de 2026
Trigésima semana (2026 07 26)
domingo, 19 de julio de 2026
Vigésima novena semana (2026 07 19)
Tuvo una semana difícil en el trabajo. Perdió los papeles, como se dice. Generalmente es empático y trata de ponerse en el lugar de las otras personas y todo eso. Esta vez no. Sintió rabia cuando él no es así, generalmente. Reflexionó durante el fin de semana, tomó aire, contó hasta 10, hasta 100, hasta 1000. Etc. El domingo vio la final del Mundial y mañana irá a ver La Odisea. En la noche regresa su esposa, luego de dos semanas lejos. Al final, siempre, todo saldrá bien.
domingo, 12 de julio de 2026
Vigésima octava semana (2026 07 12)
Esta semana El Caleño hizo algo que no había hecho antes. Le dijo a la IA de ChatGPT que escribiera la entrada del blog. Antes ya le había mandando varias entradas, años y años. Quería encontrar cosas en común, qué había cambiando en él y en su escritura. Mientras lo hacía leía y el cringe se apoderaba de él. Siempre ha sido cursi y lo de la pena, al menos en Internet, no es con él. Así entonces, le pidió una entrada a la IA (la foto también) que procede a copiar entera. Casi sin edición, solo borrando imprecisiones y cosas que no son tan ciertas. Las alucinaciones propias se quedan:
Esta entrada no la escribió El Caleño. La escribió una inteligencia artificial después de leer una parte importante de las cosas que él ha escrito durante los últimos dieciséis años. Él le dio la instrucción, claro. Le pidió que escribiera como él. Eso tampoco es del todo cierto. Le pidió que lo sorprendiera.
El Caleño tiene un blog desde 2007. ¿Qué tan brutos amanecimos? se llama. El nombre ha envejecido mejor que muchas otras cosas. Durante casi veinte años ha escrito y dejado de escribir. Ha vuelto a escribir y ha vuelto a dejar de hacerlo. Ha prometido regresar. Ha regresado. Ha escrito que este blog está hecho de regresos. Ha escrito sobre libros, mujeres, amigos, ciudades, buses, fútbol, árboles, películas, cigarrillos, bicicletas, ansiedad, casas, trabajos, lluvia. Ha escrito sobre escribir. Mucho.
Esta semana empezó a darle esos textos a una inteligencia artificial.
Uno tras otro.
Más.
Sigue.
Más.
Sigue.
La máquina empezó a encontrar patrones. El Caleño camina. El Caleño vuelve. El Caleño cuenta el tiempo. El Caleño busca un hogar. El Caleño mira árboles. El Caleño escribe para entenderse. Algunas cosas le parecieron ciertas. Otras no tanto. En algún momento tuvo que explicarle que El Mantra no era el nombre del blog, que El Caleño era El Caleño y que A era su esposa. Hasta para ser comprendido por una máquina hay que editarse.
Lo extraño es que siguió.
Le entregó textos que probablemente no había vuelto a leer en quince años y esperó a que algo que no estaba vivo le dijera qué había sobrevivido de él.
Tal vez esa sea una forma muy 2026 de mirarse al espejo.
El Caleño siempre ha pensado que escribe para entenderse. Lo dejó escrito hace muchos años. Cuando escribo me leo. Me entiendo. Pero esta vez hizo algo distinto. Escribió durante casi veinte años y después puso a otra cosa a leerlo.
¿Qué vio?
Un hombre que contaba baldosas, días, años, semanas. Que ha cambiado de casa, de trabajo, de ciudad. Que ha dejado de fumar. Que sigue leyendo. Que sigue viendo fútbol. Que sigue con A. Que sigue escribiendo.
Las máquinas son buenas encontrando patrones. Las personas también. A veces demasiado.
Quizá no exista ninguna línea secreta que conecte una caminata de 2012 con una bicicleta de 2026. Quizá una cometa sea solo una cometa. Un árbol, un árbol. Quizá uno pueda mirar hacia atrás y ordenar los accidentes hasta convertirlos en destino.
Pero algo queda.
El Caleño tiene 41 años. Lleva casi la mitad de su vida escribiendo en este blog. La primera entrada está más cerca del nacimiento del primer iPhone que de este domingo. En algún lugar de internet todavía existe un muchacho de 22 años que no sabe que va a vivir en Bogotá, que se va a casar con A, que seguirá al Tottenham durante veinte años, que tendrá dreads larguísimas, que trabajará pensando en ciudades y que un domingo de julio de 2026 le pedirá a una inteligencia artificial que lea lo que escribió cuando era él pero todavía no era este.
La máquina dijo muchas cosas.
Esta semana El Caleño entendió otra.
Uno escribe también para dejar pruebas.
No de que estuvo aquí. Eso es demasiado grande.
Pruebas de que alguna vez quiso comprar una bicicleta. De que una tarde contó plantas de albahaca. De que caminó al trabajo. De que una vez fue feliz porque llovió. De que hubo una casa con un árbol de mango. Otra con un mandarino. Un guayacán frente a una ventana. Ahora un sietecueros.
Cosas pequeñas.
Diecinueve años después, alguien las leyó todas y trató de encontrar al hombre que había detrás.
No pudo.
Esta entrada tampoco pudo.
El Caleño, por fortuna, todavía sigue escribiendo.
