domingo, 22 de marzo de 2026
domingo, 15 de marzo de 2026
Undécima semana (2026 03 15)

Imagen del libro Fachadas bogotanas de Lizeth León.
Esta semana leyó mucho, El Caleño. Se terminó el libro de Miranda July, A cuatro patas. El que empezó en la jornada de lectura silenciosa. Pese a ser muy Miranda July, no le gustó. Quizá estaba muy orientado a un tipo de público específico, quizá. Tal vez la idea era otra y no la supo agarrar al vuelo, tal vez. Sin embargo, por ella y por su obra, terminó la lectura. Le dio un 4/10. Empezó a leer también El amanecer de todo, que se lo regaló A en Navidad. Además empezó, en su pausas de trabajo, a leer Fachadas bogotanas de Lizeth León que es, probablemente un recorrido urbano por la memoria. Por la ciudad que vivimos y que nos hace lo que somos en su geografía.
Entonces, sintiendo esa evocación que causa en uno mismo la lectura, El Caleño recordó hogares y paisajes en su natal Cali. Las diferentes casas que habitó cuando pequeño. Tres de ellas en El Diamante, en el distrito de Aguablanca. De su recuerdo surge la habitación en la casa de James y luego otra habitación en una casa de ladrillo rústico a pocas cuadras, con un árbol de almendro amargo con hojas que le parecían gigantescas cuando él era muy pequeño. Luego la casa que fue por muchos años su casa, su único hogar. En la carrera 29B con calle 41. Un árbol de acacia en el antejardín, pintura blanca y ventanas azul claro. Un árbol de mango en el patio que daba cosecha de cuando en cuando. Un montón de espacio para jugar rayuela y todo lo que se nos ocurriera. El olor a maíz recién cocido y él sentado junto a su mamá, moliendo y haciendo arepas. Luego otra casa, otro hogar. Villa del lago. Donde aún viven sus padres. Reja color café, paredes color crema. Techo de teja, cielo raso de madera. Bachillerato y universidad, los pasajes estrechos por los que regresaba en la noche. Por los que salía a primera hora de la mañana a la Simón Bolívar a tomar el Pance 4, el Crema y Rojo 3. Todo eso hace una vida, completa. Luego, sí. Su independencia. Santa Mónica Residencial. Ya no una casa, una fachada par él y los suyos. No. Un apartamento. Un solo rostro para muchas familias, para muchas personas. Su rincón de soltero, con cama en la sala y una hamaca atravesada. Luego vivir con A en otro apartamento del mismo lugar. Este con patio y un mandarino que daba sombra y frutas. Un par de años después otro hogar, en la misma cuadra en la que vivían. Pequeño, sí, pero su hogar por seis años. Luego otro, uno más, pero en otra ciudad. En donde, dos años después de mudarse, escribe.
domingo, 8 de marzo de 2026
Décima semana (2026 03 08)
domingo, 1 de marzo de 2026
Novena semana (2026 03 01)
domingo, 22 de febrero de 2026
Octava semana (2026 03 22)
Esta vez, prefiere escribir directamente es Substack. Lo ha venido variando. Su escritura. A veces en Blogger, que es donde ha escrito más, y a veces acá (que para estos efectos y estas cuentas es Substack). Pese a que lleva un registro detallado de las cosas que hace para el trabajo, no recuerda muy bien de qué fue esta semana. Sabe que quería escribir un cuento. Sobre lo que le contó una persona en Cuba. Sobre matrimonios y repeticiones. Lo tiene en el tintero desde hace meses. Lo escribe en la cabeza. Hace rato, mucho, no tenía el interés de escribir una historia. Igual se preocupa. Nunca se ha caracterizado de escribir historias largas, de desarrollar personajes más allá de un hola, un adiós. Un ir a la luna como metáfora mientras los cerros de su ciudad se queman. Y esta semana tampoco fue, claro está. Cree que habrá tiempo, aunque siempre creemos que hay y luego estás en la mitad de tu vida.
Esta semana cumplió años C, el 20. La saludó y a ella le pareció curioso que recordara su cumpleaños. ¿Cómo no hacerlo?, pensó. Ella repitió la pregunta, pero El Caleño no contestó. ¿Hay respuesta? Claro. Él recuerda. Terminó de leer La hora atómica de Rubén Lardín y se acuerda de que (acá el de que está bien escrito…) siempre quiso escribir como él. Desde que leyó su blog, el de Lardín, por allá hace 20 años cuando aún la gente escribía blogs y no pensaba en suscripciones ni pagos a cuotas. No Substacks, no Patreons. Entonces terminó, el libro, y es como estar un par de día con él, con Lardín. Pasear por Barcelona, hablando de nada y haciéndolo literatura. Así le va,m por tanto tiempo. Si alguien lee esto, le recomienda La mano con el sol que es su podcast y es como un libro, que lee él mismo. Que se va escribiendo solo, con conversaciones sueltas suyas y de la gente. con notas de voz enviadas desde cualquier parte. Una novela coral.
El domingo, que es el día en el que escribe esto. En la tarde fue con su esposa A a un parque, a una lectura masiva en silencio. Un ejercicio que hace mucho, pero que ahora era en compañía. Empezó a leer A cuatro patas de Miranda July porque le encanta Miranda July desde que vio Me and you and everyone we know y, noticia de última hora, acaba de darse cuenta que está completa en YouTube con subtítulos en español y que si no se la ha visto, bien pueda y pase y conozca qué, cómo, cuándo, dónde y quién es July. Otra autora gigantesca, muy de ella, muy mujer si pudiera saber qué es ser muy mujer. Un espectáculo. Y sí, empezó a leer July y ahora deja de escribir acá porque debe hacer la comida y luego verá ya película. Back and forth. Forever.
domingo, 15 de febrero de 2026
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domingo, 8 de febrero de 2026
Sexta semana (2026 02 08)
domingo, 1 de febrero de 2026
domingo, 25 de enero de 2026
Cuarta semana (2026 01 25)
La de PCW, en cambio, lo enfrentó al sistema, a lo que viene, a la despersonalización. Una pesadilla. El enemigo, para el protagonista, no es la corporación que lo echa de su trabajo tras 25 años de entrega con una liquidación y una anguila para comer. El enemigo son las personas calificadas que pueden llegar a ser una competencia para su puesto. Entonces, SPOILERS ADELANTE, diseña un plan para librarse de personas más capacitadas que él. Pasan cosas, muchas. Descubre una infidelidad que es como un espejo de lo que pasa en casa, pero PCW no nos lo deja saber del todo. Una muerte, aunque todo no sale como él lo quería. La siguiente, otra muerte. Rápida pero deja un casquillo en la escena. Es importante, el casquillo, vemos un primer plano. Le gusta hacer bonsáis y diseña uno con el cuerpo de su víctima. La policía lo visita y casi se delata, es muy torpe, pero su esposa lo sabe o lo intuye. Luego su hijo se lo confirma, a ella. Desentierra el cadáver. Cuando él, el protagonista que interpreta Lee Byung-hun, intenta matar a su tercera víctima su esposa lo llama y le dice que los esposos deben confiar y que si hacen mal, lo deben hacer entre los dos. LBH no confía en ella y es el peor error que comete. Antes de eso dudó en matar, pero se dice a sí mismo que no hacerlo invalidaría la muerte de los dos anteriores. "Muertes de perro", dice. Al final todo sale bien. En un giro como el de la escena del anillo en Match Point, resulta que la culpa de la segunda muerte es responsabilidad de la primera víctima. El casquillo. Importante. El trabajo que buscaba es de él, pero la fábrica es de luces apagadas. "¿Cómo es eso?" pregunta LBH y sí, la IA no necesita luces ni nada más que robots para operar. Y así, su idea de sindicato y de sus amigos y de estar con los compañeros que son los que hacen el papel pasa a ser otra. Estar acompañado de máquinas que no lo necesitan. Ya no hay que golpear el rollo de papel con un palo. Se tapa los oídos con tapones para no escuchar el concierto de metal que interpreta la planta mientras en casa su hija autista da, por primera vez, una interpretación casera con su chelo. Su madre la escucha.


