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domingo, 1 de marzo de 2026

Novena semana (2026 03 01)

 Con marzo llega el claro oscuro. Por fin empieza a jugar este juego tan famoso y con tantos premios y tanta prensa. ¿Vivirá a las expectativas tan altas que, actualmente, tiene El Caleño? Amanecerá, será abril, y veremos. A veces pasa, más detalles adelante.

domingo, 15 de febrero de 2026

Séptima semana (2026 02 15)

Pese a que lleva todo el año en esta actividad que consiste en esperar hasta el domingo para registrar lo que ha hecho en la semana y titularla como corresponde. Por ejemplo, esta es la semana número siete del ejercicio, por ende se llamará séptima semana. Así. Con la fecha también. Hace un recuento de su semana, salió una vez en SITP y fue dos veces a la oficina, porque le gusta montar en su bici e ir hasta la oficina. E iría en su bici hasta otro lugar también, pero a veces no se siente tan cómodo porque aún no sabe leer bien la ciudad. La vez que quiso, llegó lejos como la vez que más lejos ha llegado, se varó. Fue la semana pasada, la que correspondió a la sexta semana. Un pedal se rompió y debió llamar a una amiga que le terminó dando la mejor de las soluciones. A unas cuadras había un taller ambulante. Solucionado el problema, volvió a casa con la cola entra las piernas o, mejor, sobre el sillín. Incluso había comprado luces para la bici, para estrenarlas ese día por si se hacía de noche y el camino era oscuro y lleno de albergaba terrores. En Bogotá, seguro. Así entonces, el más reciente viernes esta en la oficina y planea salir pero un aguacero, como se ven siempre en la capital, azota con fuerza. Debe esperar y se hace de noche. Oscurece. Por un azar del destino, en su bicicleta tenía las luces y sí, fue un faro de luz de regreso a casa. Durante el fin de semana no salió de casa y tan solo escribió esto, antes de acostarse a dormir. 

domingo, 18 de enero de 2026

Tercera semana (2026 01 18)

Escuchó decir, no se acuerda para esta entrada si escribía en primera o en tercera persona, que por primera vez en la historia enero metió quince días en cinco minutos... y sí. Hasta más. El tiempo pasó volando. Hace poco estuvo en Cali, hace poco estuvo en Armenia. Hace poco leyó ese libro que le gustó y hablaba de otros tipos de economía, de regalos. Cosas diferentes son posibles si uno vive con el corazón lleno y da. La semana que pasó, pasó. ¿Se destacó algo? Solo más trabajo. Hace memoria de su lunes, que fue festivo; del martes, que implicó mucho trabajo y el miércoles estuvo enfermo, así como el jueves. El viernes se recuperó para que se acabara la semana. Está leyendo su segundo libro del año. Se llama Cosita, de Alba G. Mora y es de una mujer que mira el mundo de forma singular, que se aferra a rutinas y otras ceremonias para evadirse de la realidad, de los padres muertos y de su propio futuro. El sábado en la noche vio una peli con su esposa, francesa (la peli) y el domingo vio fútbol, jugó Blue Prince. Se acostó a las 10:30 p.m.

domingo, 11 de enero de 2026

Segunda semana (2026 01 11)

 Avanza el año, trepidante. Ya pasaron más de diez días del inicio del año. Lo siente diferente distinto, al 2025 aunque como lo sabemos todos el tiempo no es más que un constructo. Avanza sin que sea necesario medirlo. Va. Durante esta primera semana leyó el primer libro del año. The Serviceberry de Robin Wall Kimmerer y le gustó mucho. Le dio cinco estrellas en Goodreads donde, además, se puso como meta leer cuarenta libros durante este 2026. Sabe, como con el tiempo, que medir el número de libros es un acto irracional. O, más que eso, un acto carente de importancia. ¿Qué importa, realmente,  leer 40 libros o 200 libros? Importa más conocerlos en el fondo, hacer algo con ese conocimiento. Espera que The Serviceberry le sirva mucho porque resonó con él. "Mi riqueza está en la barriga de mi vecino" cita Wall Kimmerer en su libro. La belleza de compartir en la medida de lo posible, dar como un acto vital. Siempre le ha parecido bonito el nourish inglés. El nutrir, el darte energía, como parte del comer. Cuando puede lleva galletas a la oficina, lleva gyozas, llevar babaganoush que no es mutabal pero se confunden. Invitar a personas a comer en su casa. Dar, lo que pueda dar. Pese a lo irracional que sea, es para él y para todos, el día número once de este nuevo año.

domingo, 4 de enero de 2026

Primera semana (2026 01 04)


Es la primera semana del año y El Caleño, yo o FB, en Bogotá desde hace dos, reflexiona sobre lo que fue su 2025 y sobre lo que viene. Muchas ganas tenía de que se acabara ese año pese a que hizo mucho y volvió a estudiar y todo estuvo bien, pero no. Necesitaba un reinicio. Un volver a empezar. Un borrón y cuenta nueva. ¿Es este o seguirá repitiendo y repitiéndose? Recuerda el lema del blog y de tropezar con la misma piedra y caer de manera diferente, recuerda las Goldberg variationen, recuerda y quiere que este año, que es una medida de tiempo tan arbitraria como cualquier otra, sea diferente, sea mejor. Es por eso que ha decidido que escribirá una vez por semana sobre su vida y será como el diario que llevó hace tanto tiempo y cómo cada día era único. Lo intentará, sí. Más detalles, adelante.

lunes, 2 de junio de 2025

Es 2025, es junio, es dos. Es lunes. Es Dónde estás, mundo bello

Hoy me terminé de leer Dónde estás, mundo bello de Sally Rooney. Fue tal el choque que saqué una libreta para anotar mis impresiones, que abrí blogger para escribir esto que escribo y que usted, o usted, lee. Lo que escribí en la libreta hace unas horas quizá difiere un montón de lo que escribo acá.
Quizá sí es más profundo, como un mail intercambiado entre Alice Eileen. y lo que me llevó a escribir en la libreta fue algo que llevaba en el pecho y la cabeza desde que empecé a leerla hace una semana, es decir más o menos en 2025, en mayo, el 24. Y era algo que no me podía sacar de la cabeza y que me afectaba de alguna u otra forma.
Me afectaba como si me pasara a mí directamente. Algo que había leído en una de las páginas, un correo de Alice Eileen después de su viaje a Roma, y que yo pensaba, que había pensado y aún pienso, pero que nunca lo había puesto en palabras. Que no lo había dicho, que no lo he dicho y no se lo he contado ni siquiera a mi esposa. Dicho así suena gigante, pero no. Es más que mi personalidad no es dada a compartir cosas privadas, un poco emocionalmente cerrado como lo es Simon en el libro, y me cuesta un montón expresar profundidades propias.
Es así entonces como le daba vueltas. Como me caía mal Alice por parecerse a mí y por ser una manipuladora y por querer hacerse daño involucrándose con alguien a quien conoce de un par de días; y como me caía mal Felix por hacer cosas que yo ya no podía hacer, por conocer a alguien increíble como yo había conocido antes y la emoción de esa novedad, de descubrir a una persona nueva, y me caía mal porque pensaba que le iba a hacer mucho daño a ella, a Alice, y que la trata mal y es cruel pero al final no importa porque él termina siendo el más sensato. Y me cae mal Simon por estar enamorado tanto tiempo, porque yo lo estuve antes y en la misma libreta donde escribí eso otro está escrito algo que escribí para esa persona en un momento en el que solo sabía que la quería más que a nada. Y me cae mal Eileen porque no decide nada sobre su vida. 
Al final de cuentas Dónde estás, mundo bello pasa, transcurre, mientras en el mundo ocurre uno u otro genocidio, mientras la gente se mata como se ha matado desde antes de empezar a caminar erguidos pero que, mientras todo eso pasa, la gente sigue relacionándose y siendo amigas, hablando quizá la una junto a la otra, o por telegrama, o por código morse o por teléfono, por WhatsApp y, como no, por correo electrónico. Y el mundo sigue siendo bello mientras las dos amigas se escriben por correo pero no se cuentan nada y reaccionan solo a unas cosas específicas que se cuentan y a otras no. Mientras no ocurre nada, porque a veces la vida es así y no pasa nada en un par de meses, tenemos alguna crisis y al final barremos los vidrios rotos de una copa que se estrelló contra el piso de la cocina. Esto, que no es una reseña, sí es unas ganas de escribir otra vez. Creo que eso me lo deja Rooney al final. Unas ganas de decir. De contar cosas, de hacer el amor y de decir te quiero mucho, porque es verdad y porque te quiero mucho ARCC, unas ganas de abrirme, aunque no tanto y tal vez con acompañamiento psicológico, no vaya a ser que al final haga más daño que bien. 
Al final, me quedo con el capítulo 23, p. 225, como el amor más grande expresado en todo el libro y con una escritura de un estilo maravilloso. 
Al final, otra vez al final, resumo un poco. Las dos terceras partes iniciales fueron muy buenas y el último tercio cayó en lo cursi rápidamente. ¿A Rooney le gustaban demasiado sus dos amigas protagonistas y debían terminar sonriendo el libro? 
Al final, última vez al final, todo sale bien por motivos (because of reasons). Felix no era todo lo malo que parecía, Alice lo quería usar para ser miserable y volver a escribir pero no, lo opuestos se atraen y las clases sociales opuestas un poco, también. Simon cumple su sueño y Eileen también, juntos. La vida sigue, fluye. Las lenguas se olvidan y se crean otras para expresar lo mismo. 
Eso, acá sigo. Más detalles, adelante. 

lunes, 19 de octubre de 2015

Like a rolling stone

Eso, como si rodara un colina. Como la piedra que no para y sigue bajando eternamente. Like the rolling stone in that song written by Bob Dylan. La inercia, la gravedad, me impulsa a seguir bajando. La escritura de todos los días me impulsa a, claro, seguir escribiendo. Espacios para hacerlo, primero el periódico, luego la web, una vez más el periódico. Antes, antes de todo eso, estaba este blog. No olvidarlo. Dejar que esa inercia y esa energía cinética, todo lo que mantiene a El Caleño en movimiento, deje un poco acá. Cuesta abajo en mi rodada, como desde el primer post por allá en la que supone fue una soleada tarde del 16 de enero de 2007.

domingo, 2 de agosto de 2015

Vacaciones

Ha pasado mucho tiempo, casi ocho meses, desde la última vez que El Caleño escribió aquí. Se puede decir, inferir a partir de esa afirmación, que han pasado casi ocho meses desde la última vez que escribió para él. Gran problema, piensa. El Caleño disfruta, lo dice en serio y así parezca una gran mentira, escribir para él. Sin embargo, problema recurrente, no lo puede hacer. A veces, cuando está en el trabajo y no tiene mucho que hacer, abre en una ventana del navegador este blog y se queda mirando un rato. No lee, sólo mira. Sabe qué está escrito. Conoce el río de palabras, el castillo de la memoria construido con cada entrada nueva. Se sabe también de memoria las consonantes a las que tantas palabras estuvieron dedicadas. Esas consonantes que ya no resuenan en su cabeza. Su vida, la de El Caleño, ha cambiado mucho desde la primera vez que escribió aquí. Él sigue siendo el mismo, al menos eso cree. 

A veces pasa, más detalles adelante.