Hoy, como la otra vez, tampoco tiene ganas de escribir. Diría que lo va a compensar en el futuro cercano, pero sería una mentira. Quizá. A veces se pone a pensar en el sentido de las cosas. En la falta de sentido de las cosas. Que hay muy pocas personas más valiosas que un árbol. En lo poco, poquísimo, que se puede hacer por el mundo. No es depresión, es darse cuenta del pozo profundo en el que nos encontramos todos. Entiende entonces, quizá un poco, poquísimo, el porqué muchas personas optan por el placer rápido y fugaz. Mejor un poco de alegría, una chispa de luz en el fondo del pozo ese donde todas las personas pasan sus vidas. Y sí, pensando así diría otra vez que nada vale la pena. ¿Por qué lo valdría? Pero también diría que todo vale la pena. En un mundo tan hostil, tan antiusted, tan individualista, quizá un poco de empatía pueda salvar a una persona o a un árbol. Eso tendría más sentido.
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