domingo, 15 de marzo de 2026

Undécima semana (2026 03 15)

Fachadas bogotanas Lizeth León - Zona de Obras

 Imagen del libro Fachadas bogotanas de Lizeth León.

Esta semana leyó mucho, El Caleño. Se terminó el libro de Miranda July, A cuatro patas. El que empezó en la jornada de lectura silenciosa. Pese a ser muy Miranda July, no le gustó. Quizá estaba muy orientado a un tipo de público específico, quizá. Tal vez la idea era otra y no la supo agarrar al vuelo, tal vez. Sin embargo, por ella y por su obra, terminó la lectura. Le dio un 4/10. Empezó a leer también El amanecer de todo, que se lo regaló A en Navidad. Además empezó, en su pausas de trabajo, a leer Fachadas bogotanas de Lizeth León que es, probablemente un recorrido urbano por la memoria. Por la ciudad que vivimos y que nos hace lo que somos en su geografía.

Entonces, sintiendo esa evocación que causa en uno mismo la lectura, El Caleño recordó hogares y paisajes en su natal Cali. Las diferentes casas que habitó cuando pequeño. Tres de ellas en El Diamante, en el distrito de Aguablanca. De su recuerdo surge la habitación en la casa de James y luego otra habitación en una casa de ladrillo rústico a pocas cuadras, con un árbol de almendro amargo con hojas que le parecían gigantescas cuando él era muy pequeño. Luego la casa que fue por muchos años su casa, su único hogar. En la carrera 29B con calle 41. Un árbol de acacia en el antejardín, pintura blanca y ventanas azul claro. Un árbol de mango en el patio que daba cosecha de cuando en cuando. Un montón de espacio para jugar rayuela y todo lo que se nos ocurriera. El olor a maíz recién cocido y él sentado junto a su mamá, moliendo y haciendo arepas. Luego otra casa, otro hogar. Villa del lago. Donde aún viven sus padres. Reja color café, paredes color crema. Techo de teja, cielo raso de madera. Bachillerato y universidad, los pasajes estrechos por los que regresaba en la noche. Por los que salía a primera hora de la mañana a la Simón Bolívar a tomar el Pance 4, el Crema y Rojo 3. Todo eso hace una vida, completa. Luego, sí. Su independencia. Santa Mónica Residencial. Ya no una casa, una fachada par él y los suyos. No. Un apartamento. Un solo rostro para muchas familias, para muchas personas. Su rincón de soltero, con cama en la sala y una hamaca atravesada. Luego vivir con A en otro apartamento del mismo lugar. Este con patio y un mandarino que daba sombra y frutas. Un par de años después otro hogar, en la misma cuadra en la que vivían. Pequeño, sí, pero su hogar por seis años. Luego otro, uno más, pero en otra ciudad. En donde, dos años después de mudarse, escribe.   

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