domingo, 29 de abril de 2007

Chicas, Chicas (Con fotografías de Helmut Newton)

Breve y conciso hermano. Como le dijo el dermatólogo a la gallina, directo al grano. Dos tres palabras que le diga y san se acabo. La nena es fácil, gástele dos cosas, endúlcele el oído. Dígale que es la mujer más hermosa que ha visto y que desde el primer momento sintió que esos labios te iban a besar solo a vos. ¿No creés que funcione? Entonces por que ando de arrunche cada semana y usted solo se saluda con maría muñeca. Las mujeres son muy fáciles, les gustan a todas las mismas cosas aunque lo oculten, hágala creer que es especial, que es única a pesar de que sea como todas las nenas que vemos cada día. Téngase confianza sobretodo, las viejas huelen el miedo, no sé como pero esas hijuemadres pueden saber si uno les teme y hay si se le montan y no se bajan es pero nunca. De que corona hoy corona pelao sino es con la Luisa lo llevo a uno de esos metederos de Versalles, allí lo que hay es mujeres pa’escoger (chicas, chicas)
Como le dijo el dermatólogo a la gallina…
Supongo que ese es el dicho aunque hay otro, como dijo el dermatólogo… directo al grano o inclusive como dijo la gallina… directo al grano, entonces porque esa improbable e imposible reunión cutáneoaviar que toma cuerpo en ese informe refrán o muletilla al hablar. En fin caminar, eso refresca la mente, ayuda, caminar ayuda si; eso es lo que necesito, eludir la cita tratar de estar cuando no estoy, ausentarme. Directo al grano y dar vueltas evitarla, huirle al momento, no querer verla, imposible si nos quedamos de ver, imposible si la voy a tener en frente, imposible porque justo ahora volteo a la esquina y veo la cerca que delimita su jardín, imposible porque su perrito como de peluche adorablemente horrible juguetea entre mis piernas. Podría quedarme en mí por siempre, dilatando el encuentro como una gallina que juguetea con su comida, como un dermatólogo con mala praxis. Recluirme en mí, olvidar el grano, darle de puntapiés al perro que ahora chilla y la puerta que se abre una cara conocida un saludo como está, Luisa se encuentra, si muy amable. No. Yo la espero acá. Muy amable. Si. No. No creo. Claro, si quiere la ayudo a buscar al perro. Bueno. Hasta luego. De espaldas a la puerta y esperar que no vaya a salir pero ahora siento en mi cuello sus dedos delgados que juegan y una voz suave que pronuncia mi nombre. Puto grano, pienso.
Endúlcele el oído
Échele miel, úntele algodón de azúcar. Dígale cosas bonitas, despacio, suave. Que oiga la mitad, que la otra mitad se la imagine con los ojos cerrados. Llevo mucho tiempo hablando, le he dicho todo lo que sé. Mientras hablo no puedo dejar de mirar al vacío, es como si le hablara a él y me siento estúpido, como si estuviera malgastando mis palabras e igual no puedo evitar sentirme como si todo esto no fuera más que un sueño o una de esas interminables tardes de juventud, frente a un espejo, donde repetía lo que ahora le digo al vacío al reflejo de ese que era yo.

Las mujeres son muy fáciles
Se nota que no las conoces, te llevan por donde quieren y por donde quieran tu vas. Por eso el canto de las sirenas y el estrellarse feliz contra las rocas o las musas que guiaban a los hombres por los caminos de las artes. Para las mujeres es fácil hacer su parecer haciéndonos creer que somos nosotros quienes en realidad gobernamos nuestros destinos. Si existiese un Dios en el cielo de seguro sería mujer. Fáciles, claro…
Téngase confianza
Fácil de decir, difícil de hacer. Cómo tener confianza si sé que es otro el que en estos momentos le habla al oído; que no soy yo quien usa mis palabras mientras le sostengo el cuello entre mis manos. Es otro, no soy yo el que la besa con mis labios, el que aparenta tener confianza mientras yo me hago a un lado. Es otro el que hace lo que ella quiere mientras yo, el cobarde, me oculto detrás de cualquier excusa para dejarla ir conmigo mismo. Mientras huyo a un lugar donde ni ella ni ninguna otra mujer, incluso ese Dios en el cielo que debe tener senos talla 36d, no me pueda tocar con la inocencia de una mirada. Refugiarme donde hayan ojos vacíos, vacuos en brazos de mujer sin ojos. En sirenas mudas, en musas museo. (Is Unza Unza time)




(Chicas, chicas)
La noche pasó rápido, nos quedamos tomados de las manos y me deje llevar por ella, mi musa sirena, siendo otro, estando vacío de mi mismo, unas especie de John Malkovich tercer mundista y menos calvo. La dejo ir seguro de cumplir su voluntad de niña pura y virgen, seguro de que en la primera cita lo más cerca que podría haber estado de ella fueron los besos que le di cuando no era.
Ahora me encuentro con Carlos que me dice que no tengo remedio, No tienes remedio, que no sea pendejo y que si él hubiera sido yo se la hubiera follado hace rato, si yo fuera vos desde hace rato me la hubiera follado, y yo solo pienso que es imposible llevarles la contraria cuando te miran con los ojos llenos de lo que todo lo que son ellas, cuando cada una te mira como si fuese una única diosa.
Ahora estamos en Versalles y Carlos me obliga a que escoja a una de las putas, dice que no me preocupe por el precio o por la edad, que él se encarga de todo. Miro a las mujeres, son alrededor de veinte y ya se ven cansadas, como si sobre ellas hubiera pasado todo una flota de marinos. Hay de todas clases negras, rubias, flacas y altas otras que hasta se parecen extraordinariamente a un hombre y una que se parece a Luisa. Debería escogerla, escoger la que se parece a Luisa. Sería fácil, sería demasiado fácil, como si lo hiciera con ella y no la hubiera dejado ir. Busco en sus ojos y son iguales a los suyos. Repito, sería muy fácil. Miro al otro rincón y veo a la mujer más espantosa que haya visto jamás, nos es fea físicamente pero parece que su cuerpo ha albergado a más hombres que al Pascual Guerrero, en sus ojos no hay nada, son como un par de espejos que reflejan justo lo que quiero ver. No hay temor, sé que una mujer como esta ya no tiene voluntad, que es solo un recipiente y para mi eso es perfecto, no le huiré, me dejare arrastrar entre sus piernas por su canto sin notas. Ahora me tiro sobre la puta y es como tener en mi boca los senos talla 36d de Dios, como estarme amamantando del principio de un mundo, ahora no tengo miedo, ahora soy yo mismo, is Unza Unza time.


lunes, 9 de abril de 2007

¡Ey amigo, una patadita!

No es que importe, no. Pasó rozando el poste y casi ni me moví. Que dirán los otros. Si me preguntan de pronto decir que la saqué con la mirada. Ahora voltear, buscar la pelota que resbala la calle. Pedir el balón al señor que pasa. Si, es mío, lo tengo. Ahora que salgan jugando. Mis compañeros están bien distribuidos en el campo que a veces parece un matorral o un potrero por la falta de mantenimiento, solo el centro del terreno y las áreas de los arqueros permanecen sin pasto. Once contra once sin nadie en la banca. Juguemos, les grito. Ellos me escuchan y corren para recibir el pase que hago con las manos. Tenemos diez años, todo un partido por delante y el arquero tiene que gritar, tiene que ordenar a sus compañeros en la cancha.

La culpa (y los goles en contra)
El arquero es el único al que le queda tiempo. Usualmente se juega enredado en el medio de la cancha y son dos o tres llegadas al arco por cada periodo. Mientras tanto el arquero piensa. Tiene tiempo de sobra para pensar cuando comete un error, cuando salta por el balón y este le es esquivo a él y no al contrario. La culpa entonces siempre tiende a ser siempre un poco del arquero. Si tus marcadores no salen al encuentro de los delanteros rivales, entonces es culpa tuya por que no sabés ordenar la defensa. Si en un centro te cabecean es de nuevo tu culpa por que tenías que salir a cortar el centro, a vos no te pueden cabecear en el área, que pensás, que te creés, ¿Qué alguien le puede ganar en salto a un arquero? No seas tan marica, si un arquero tiene toda la extensión de sus brazos. Entonces si me hacen un gol de cabeza es mi culpa. Si a un volante diez, de esos que están para dar pases, le entra el bicho del talento y empieza a dejar contrarios regados (a lo Pelé diría mi papá, a lo Ronaldinho diría yo) entonces quien soy para evitar la alegría del rival. Si me deja sembrado en el piso y sale corriendo a la bandera a celebrar ese gol que, de pronto, es el gol de su vida, el que le narrará a sus nietos cuando este viejo, el de todas nuestras vidas por que, en cierto sentido, también los demás participamos de el. Muy fácil hubiera sido tocarle un poco el talón, por detrás, cuando se encaminaba a definir metiéndose prácticamente bajo los tres palos que se supone que debo custodiar. Pero desde donde estaba todo se veía tan bello, él corriendo como si su vida dependiera de ello y de pronto la súbita alegría de saber que marcó y entonces bailar, como los grandes jugadores hacen en televisión, una samba al lado del banderín del tiro de esquina.
Y entonces, sí, es culpa mía.

Las manos (para hacer cachos)
Vos sos el único que puede usar sus manos. Bueno, tal ves limitado por la demarcación del área grande pero igual, tenés toda toda toda la libertad de ir por tu área tomando el balón con las manos, mostrándole a los demás miembros de tu equipo que vos sos grande, que podés hacer más que ellos. Además de los pies podés usar tus manos. Que, en cierta manera, esa ventaja que te da el reglamento es una forma que tiene la vida de compensar que seas único en el juego. Los otros jugadores usan sus manos para empujar, para golpear, para cobrar saques de banda. Insultan con ellas a la tribuna haciendo toda clase de gestos, molestan al rival tocándolos donde solo una mujer podría hacerlo.
Las manos para destruir lo que la imposibilidad de un pie, una pierna diestra puede hacer. La mano para cortar la parábola imposible y el giro del balón. Manos para deshacer, para malograr. El arquero es el más elemento más odiado después, claro está, del arbitro. El arquero y la obligación de destruir jugadas de gol, además juega con ventaja. Da asco pensarlo, ¿cierto?

Las piernas (mejor las de las damas)
Casualmente es la parte que el arquero que menos se usa. La mayoría de los arqueros no usan las piernas, inclusive algunos les piden a sus defensas que saquen por ellos o sacan largo con las manos. Otros, los mejores, te sacan un penalti con la punta del guayo y cuando les amagan, igual estiran las piernas por si acaso. A mi las piernas no me sirven de mucho. Para montarme al bus si acaso.


Un penalti (a favor y en contra)
Atajar un penalti es la consagración en este oficio. Mirar al cobrador directo a los ojos. Adivinar el gesto que le viene de adentro justo antes que se de cuenta. Volar, literalmente, taparlo, que resuenen tus guantes. Tap, el sonido sordo y seco de un balón tocando tus guantes y después al suelo mientras la mirada de todos lo sigue, mientras vos te paras desubicado y un contrario remata para convertir el gol que no había sido.

Una final (perdida)
Lagrimas en los ojos y la frustración de lo que pudo ser y no es. Saberse venir de un equipo humilde que nunca más va a poder repetir la hazaña. Ver correr al equipo contrario para abrazar a ese delantero torpe y goleador que marcó al último minuto cuando vos fuiste incapaz de rechazar ese balón que bailaba en el centro del área. Tiempo es lo que queda después, para pensar, para la culpa, para lamentarse…

Otra final (ganada)
Tapar otro penalti, al mismo delantero torpe y goleador. Esta vez en el último minuto, en el partido de vuelta, empatando uno a uno de visitante cuando en casa habían empatado a cero. Se juega a la europea y el gol de visitante vale doble. Quedarse con el balón entre las manos, encajonado entre ellas y tu pecho donde podés sentir el palpitar de la pelota, ¿o es tu propio corazón?, hasta que el arbitro levanta los brazos y pita. Después el bullicio. Tiempo es lo que queda después, para pensar, para poder ser el héroe, para esa efímera alegría…

Los goles (de último minuto) Una maldición, y más si son en una final contra tu equipo. En caso contrario, si es tu equipo el que marca, la satisfacción de ver desmoronarse al rival.

Del fútbol en general (y las multimedia)
Lo que hace Ronaldinho a veces se ve tan fácil, apenas rozar el balón con cualquier parte del cuerpo en medio de su dominio extraordinario. Darle pausa al video, rewind, fast forward. Stop. De nuevo verlo hacer maravillas. Verlo golpear al poste cuatro veces seguidas para un comercial de la Niké. Estar completamente conciente del embuste tecnológico, pero que más da. Ver también a Thierry Henry, el francés del Arsenal, y todas esas gambetas que son de no creer. Verlos jugar a Messi, a Kaká, a Lenon, a Joaquín, a Villa, a Schweisteiger, a Vervatov, a Totti, a Denilson a Robinho, por Dios, a Robinho! Y que hablar de los que me cuenta mi papá, de Pelé, de Maradona, de Platini, de esos jugadores que encantaban con la pelota. Felicidad es lo único que sobra. Las maniobras increíbles en el campo. Goles desde cuarenta metros que fulminan al arquero, que me fulminan a mí. Los suaves cobros de tiro libre que se esconden tras la barrera y donde solo te das cuenta del gol por que el árbitro corre hasta el centro de la cancha.
Los goles, la maravilla de siglo veinte y las cadenas de televisión por cable. Fox Sports, Espn y el fútbol del mundo. En China, Japón y, en general, en el resto de oriente lo han entendido. En esta época el fútbol es de los mass media y los jugadores se han trasformado de humildes obreros de barrio bajo a magnates que ostentan el dinero ganado en alguna liga petrolera y emergente del medio oriente. David Beckham firma un contrato multimillonario para el Galaxi de Los Ángeles y se muda a Hollywood convirtiendo la mudanza en un reality.
Los grandes jugadores en las grandes campañas publicitarias donde compiten con otros jugadores igual de buenos, igual de talentosos, en canchas imposibles tratando de evitar alguna ilógica situación que se produciría en el hipotético caso de no marcar un gol. Así entonces seguirles el juego, coleccionar camisetas, guayos de colores, caramelos de Panini y ver los goles en Fox sports noticias.

Del fútbol en general (y este chico en especifico)
Jugamos hasta que cae el sol. Ya no nos acordamos de cuantos goles se han anotado o quien va ganando. Nadie se rinde, todos corren detrás de un balón cada vez más desinflado. “¡El que meta el gol gana!” grita alguien a quien no le hace gracia jugar hasta que salga de nuevo el sol y es como volver a empezar. Todos tenemos las mismas ganas de ganar que al inicio y, a pesar de lo que todos estemos pensando, de seguro podríamos seguir hasta el amanecer. El partido se fricciona en el medio, se cobra por tercera vez en el mismo lugar un lateral a favor de mi equipo. Miguel, el que juega en las divisiones menores del América, logra empalmar un remate que pega primero en un defensa y descontrola al portero rival. Con todo el dramatismo que puede proporcionar la luz de las seis de la tarde, con las sombras alargadas proyectándose en nuestros rostros que de repente ya no son tan niños, la pelota traspasa la línea y gritamos, no solo por el gol sino por la impensada libertad de podernos ir para nuestras casas.


jueves, 29 de marzo de 2007

No mija, aquí vitriniando

Definición de término. Vitriniar o del estar vagando como en una busca, viendo vitrinas en un centro comercial sin comprar nunca nada, al menos de valor.

La cara de sorpresa no se la quita nadie. De tantos centros comerciales que hay en la ciudad, incluso de tantas tiendas que hay en este espantoso centro comercial tenían que verse frente a frente, la una con la otra. La otra dijo lo primero que se le paso por la cabeza. Fácil escribir lo que viene.

Descripción de personajes. Una, la que llega, tiene un traje de sastre, se acaba de bajar del bus luego de trabajar el día entero de secretaria. Está en ese preciso centro comercial por que quiere averiguar el precio de una faja que según Martica, la de ventas, es milagrosa “Pero mija yo tenía la barriga como si estuviera a punto de dar a luz a trillizos y míreme ahora. Toda una mami. Es que esas fajas son benditas mija.” Pero ella no tiene barriga, tampoco tiene hijos, no ha podido. No quiere echarle la culpa a su esposo pero es probable que sea estéril. Tiene que darse prisa por que ya no son tan jóvenes. Igual buscar la faja la distrae de todo, de ella misma. Ahora se encuentra con ella, la otra, de frente. Vitriniando, no más.

La otra, la que vitrinea, tiene el aspecto de alguien que espera algo. Que espera o que busca (es difícil determinarlo, hace falta tan poco para pasar de lo uno a lo otro) No sabe a ciencia cierta que es, pero podría ser cualquier cosa. ¿Entonces en cual centro comercial podrá estar? En ellos se vende de todo, a lo mejor lo pueda comprar. Tiene un pantalón blanco ceñido a una barriga que urgentemente necesita la faja que la una, la que llega, ha ido a buscar. Tal vez sería un buen gesto que la una, la que llega, le indicara donde están. La otra parece asombrada al decir que está vitriniando o más que eso la sorprende la impensable lucidez que ha alcanzado justo en el momento, ya que pudo decirle cualquier otra cosa. Saludar, tal vez. Para la próxima. Se tendrían que volver a ver.


Descripción de espacio. Un centro comercial de esos que abundan ahora y que usualmente están ubicados o muy al norte o muy al sur de una ciudad. El consorcio inversor se ha preocupado por crear un particular y agradable ambiente urbanístico que invite al comprador a quedarse en él incluso después de haber calmado su impulso consumista. En cierta manera, cuando lo construyeron, fueron un poco idealistas ya que pensaban en ofrecer a las personas cualquier cosa que buscaran o que se pudieran imaginar. Muy rápido se dieron cuenta que todos buscamos algo que nunca va a estar allí, aunque trataron de compensar la falla cambiando muy frecuentemente CD’s con música en mp3 que usan como ambient. Los mp3’s contienen música de AIR, Sidestepper, Orishas, Plastilina Mosh, Ladytron, Beethoven, Verdi, Chopin y a alguien le pareció divertido y pluralista incluir algunas canciones de The Flaming Lips que había encontrado en Internet; eran canciones raras que no estaban registradas en ningún disco oficial y a todos les pareció bien.

Descripción del encuentro. La otra, la que espera, mira sin ver una vestido de maternidad que está detrás de una vitrina, la luz de la cinco de la tarde da de lleno sobre el vidrio y la otra tiene que colocar una mano sobre sus ojos para bloquear el contraluz. De pronto un reflejo conocido, una vuelta sobre su eje y palabras que no articula sino que encuentra, como si siempre hubieran estado allí. La otra, la que llega, sonríe. Sonríe por que eso es lo primero que se le ocurre, no lo que buscó.

¿Por qué? (lo mismo me pregunto) Se conocieron hace algún tiempo, el esposo de la una estaba caminado con la otra. Las presentaron, la una, la que llega, se llama Carmen; la otra, la que ya estaba, se llama Aída. El que las presenta se llama Esteban. Aída y Esteban se conocieron en la universidad donde estudiaron juntos alguna ingeniería. Aída era bonita, no tenía la barriga que ahora ostenta y ambos eran muy jóvenes, mucho. Aída no terminó la carrera, desapareció un día y no lo volvió a llamar. Esteban piensa que aún la quiere a pesar de que está casado hace mucho, a pesar de que Aída ya está casada y tiene varios hijos. En la noche le cuenta a Carmen que Aída era su novia de universidad y que él la quiso como nunca se imaginó querer a alguien, pero que después la conoció a ella y olvido todo.

Esteban aún y de verdad quiere a Aída.
Carmen quiere un hijo con Esteban aunque ya hayan intentado de todo.
Aída espera reunir valor para decirle algo a Esteban.

Esteban también quiere un hijo.
Carmen envidia a Aída por que ésta ya tiene varios.
Aída busca el momento, quiere decir… algo.

Esteban gusta del fútbol, a veces cuando sale de trabajar y hay juegos por la Copa Libertadores le dice a Carmen que se va ir a verlos a la casa de un amigo. En realidad los ve en un estanco del centro de la ciudad, después se folla a la puta más vieja del lugar.
Carmen gusta de sembrar retoños de violetas en distintas materas que va diseminando por toda su casa. Les dice mis bebes pequeñitas. Cuando niña siempre quiso llamar Violeta a su primera hija.
Aída gusta de abrazar a su hijo mayor. El que se llama igual a su padre. Le gusta plancharle la ropa, aunque a la empleada domestica le paguen por hacerlo. Lo quiere mucho, a su hijo, lo quiere más por que le recuerda sus días de universidad y cuando era mucho más bonita. En las tardes suele llamarlo al teléfono móvil para preguntarle cosas, para hallar respuestas que ese Esteban no puede darle. Aída suele asirse del nombre de su hijo, con cuidado de no irse a caer y repetirse Esteban, Esteban, Esteban, Esteban hasta que el nombre pierde un poco su sentido.


jueves, 22 de marzo de 2007

De nuevo en actividad

¡¡¡Se reabre el blog!!! (Luz neón alumbra el titulo y fuegos artificiales estallan aunque no hay nada que celebrar) no es que haya escrito algo valioso, algo que algún despistado lea hasta la mitad y se diga “qué putas hago aquí”, no en el plano existencial, “qué putas hago aquí leyendo esta mierda”.

¿Qué he hecho hasta ahora aquí? ¿He aprovechado la oportunidad que me brinda en ‘ciberespacio’ de publicar cualquier cosa libremente al mundo?...No y Nada. Nada y No. La respuesta se antoja sencilla como escribir, como escribir esto luego de la para de un mes y pedazo (XD) extraño que escribir sea entonces difícil para mi cuando la ironía me obliga a estar sentado frente al computador escribiendo casi todos los días, escribiendo sobre esta realidad de ciudad que no es nada agradable. Escribiendo según el “canon informativo” y sus cinco W que en español son un reguero de consonantes. Escriba carajo, le decían. A mi nadie me obligo, nadie me dijo carajo escriba más que yo mismo. A veces me olvido de eso. A veces parece que deseara tener a alguien que me lo dijera, que con una regla marque mis manos. Escriba carajo, me decía ella, esa. Pero no. Escriba carajo, me decía, me digo. Escribo entonces, ahora, hoy y cuantas veces tenga que leer esto. Escribir casi sin parar por que escribir es el trabajo y las ganas de ser otro y la oportunidad para serlo. Escribir y todo lo que hay por decir, escribir mucho para poder decir algunas pocas cosas bien. Escribir mucho pero nunca caer en el mecanicismo y la formula del lead, cinco w’s, citar al personaje y fin de la nota. Siempre quise ser más que eso, como decía (escriba!!!) el profesor de prensa “hay que escribir bien primero para poder después, y solo entonces, escribir mal” y aquí mal es entendido como el reportaje literario, rebasar el canon; escribirse, carajo, de forma diferente.

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Insertar promesa solemne
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Promesa solemne (dito)
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Escribir, carajo, escribir. Escribir para otros como escribiría para mí. Escribir y que me guste lo que he escrito. No escribir como lo que escribí el martes. Nunca escribir así. Escribir por favor, escribir ya que es lo único que me es fácil, lo único que me ha sido dado. Promesa solemne escribir.
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Segunda promesa solemne
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Año de segundas partes y promesas incumplidas. Prometo, y suena gracioso, constancia. Lo que siempre me gusto de esa nena, constancia. Constancia e lo único que lleva y trae. Constancia para empezar y terminar algo, para mantener esta promesa.
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Tercera promesa solemne
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Escribir al menos dos veces semanales, seguir con los proyectos que he venido adelantando. Querer(la) y, carajo me digo, escribir.

domingo, 4 de febrero de 2007

Carta de amor desde un edificio en llamas

Decido escribirte esta carta ahora no sé muy bien porqué, sabiendo muy claramente que no te llegara nunca, que será consumida junto con mi cuerpo para formar un solo polvo que será barrido por el viento. Te escribo para demostrarte que mi amor por ti fue más que una brisa, para demostrarte que aún en los últimos momentos de vida pienso en ti y no en la posibilidad de un cielo al que yo no podría ir, por cuestiones de pecados y otras pequeñeces, en el caso de que existiera un Dios en el cielo que lo viera todo y se estuviera divirtiendo con la ironía de una carta que se va a quemar incluso antes de acabar de ser escrita. Te escribo para despedirme inclusive antes de decirte hola, para decirte que te amo, que me gustaría quedarme en ti hasta que no pueda respirar de la felicidad, quiero continuar riendo. Keep smiling. Keep smiling until the FIRE takes me to the dark and most lonely side, your side and here I am rogando por una oportunidad de estar contigo, de ser en ti; no creo que la logre.
Siempre creí que no deberíamos habernos encontrado, no sé porqué precipite los hechos; yo que siempre he sido tan moderado. Supongo que desde el principio tuviste esa mala influencia sobre mí, desde el inicio sentí el calor. Debí esperarme esto.

Verte y sentir que me había encontrado la vida, al perdido y olvidado. La vida, justo a mí. Me acerque ese día a tu oído, pensando en que no me ibas a escuchar porque no te iba a hablar. Iba a decirte todo en mi cabeza, mirarte a los ojos, y se veía en ti, de nuevo, lo que tenía en mi mente, si veía eso que me había impulsado a ser poco lógico, me daría cuenta entonces de que serías todo eso que fuiste para mí. Tengo que contarte que justo en el momento en que he puesto más romántico los vidrios han estallado, el calor que hace o talvez la gente desesperada los ha roto tratando de buscar una muerte que dure menos. Los gritos se callan, ahora vuelven. Callan. Vuelven. Hay una mujer que no se puede morir, una parte del techo ha caído sobre ella y no ha dejado de cantar desde entonces; se que te gustaría esto, no estar aquí sino la idea de cantar para pasar a otra parte, cantar para hacer más feliz el momento o simplemente cantar para no escucharse, para no escuchar el grito que está apunto de producirse y ser lo último que escuchen tus oídos. A ti te gustaría cantar, creo que tu canción no sería tan animada como esta, tal vez una canción más acorde con la situación; artistas de circo tragando antorchas y escupiendo fuego, una donde bomberos combatan a las llamas y ganen o tal vez otra donde esté el fuego solo, devorándose a si mismo. De nuevo los gritos que le dan ritmo a mis oraciones. Los gritos que tildan, dan comas y punto aparte. La canción ahora se hace más débil. Creo que al fin está muriendo, las notas ya no suben tanto como antes y se empieza a escuchar en un tono más gutural, con más eco.

Es extraño darse cuenta que se desperdicia tanto tiempo en la vida justo cuando ya no se tiene tiempo para desperdiciar. Tantas veces deje de decirte que te amaba porque pensaba lo podría hacer después, y después entonces estaba ocupado o enojado contigo y luego me hacías tan feliz que no era necesario que te dijera nada, todo estaba allí, ya, dado. Para ti amar es todas las cosas, para mi eso era incomprensible.

Después llegó la cocina, siempre habías dicho que en lugar donde se expresa mejor lo que se siente es en la cocina. Se cocina para uno y no para el otro, sientes cada ingrediente, se palpa en las manos, se huele y se mira, se prueba. Todos los sentidos involucrados, buscando ese instante donde la cebolla ya no sabe horrible, donde la magia surte efecto. Recuerdo que todo esto vino, aunque cocinar ya te gustaba, luego de ver la que se convertiría en tu película favorita. Woman on top o Las mujeres arriba, la viste en Fox porque esa no fue una película muy publicitada en Colombia. Era con Penélope Cruz, que se había vuelto inesperadamente famosa después de Abre los ojos de Amenabar, cuando la viste cocinar con todo el amor del que era capaz deseaste ser como ella. Estar arriba de todo para no marearte y caer; y yo que estaba listo a recogerte. Entonces las inesperadas cenas y el arroz quemado que comía para verte feliz a ti, que no comías porque estabas a dieta. Verte llorando al picar la cebolla y llorando al picar el apio, llorabas porque creías que hacías magia cuando cocinabas. “increíble que esto se convierta en esto”, no salías del asombro, “y lo mejor, es que soy yo la que lo hago”.

Ahora todo se hace más denso, los gritos son ahogados por el humo que lo cubre todo. El fuego ha cedido o no, da igual porque ya no lo siento. Desde donde estoy, al lado de un gran ventanal en el piso 42 de la torre b se ve perfectamente como se acerca un avión y choca contra la torre hermana, y aquí es cuando pienso que sería mucho mejor haber estado en ese avión.

domingo, 28 de enero de 2007

173



Siguen las caras, las mascaras. Los otros rostros. Siguen las caras, las mascaras. Los otros rostros. Siguen las caras, las mascaras. Los otros rostros. Siguen las caras, las mascaras. Los otros rostros. Siguen las caras, las mascaras. Los otros rostros. Siguen las caras, las mascaras. Los otros rostros.

Aún hay más...

Idea

Se me ocurrió algo... voy a escribir un “cuento” semanal para cada verbatim. ¿Qué es un verbatim? En siete días se dan cuenta

viernes, 26 de enero de 2007

Azul - 130306

Azul y la súper nena Juliette Binoche o Bleu y la primera película de la trilogía de los colores que son los de la bandera francesa, Krzysztof Kieslowski y el amor que se manifiesta de todas las forma piensa y escribe El Colombiano, el amor azul y le viene a la cabeza esa canción de Cristian Castro y entonces lo que tenía en la mente se disuelve y El Colombiano se dice maldita cabeza relacional como cuando en la película ve el móvil de espejuelos y Julie observándola y sintiéndola con la punta de los dedos, los cristales reflejando la luz y muchos reflejos en su rostro y un plano bien lindo, y a la cabeza se le viene Lost in Translation y a Scarlett Johannson en su cuarto en Tokio y el plano de la ventana y toda la ciudad abajo, luego un plano picado vacío y entra ese, esta vez no de espejuelos, móvil con las flores de sakura y ese rosado que sobresale y no aparece en la película más que en la boca de Scarlett pero que es igual a lo que hace Binoche con el móvil en su película y significa algo o eso cree El Colombiano que sabe que el mayor placer para un cineasta es llenar su pelí de significados y significantes y sí no entendes mejor, más suerte la próxima. (Respira)



El amor, el amor, el amor y todo lo que siente Julie que debe ser bastante y complicado, ya que El Colombiano se siente identificado con ella, porque el amor que siente o sintió es sólo suyo y eso no se lo puede quitar nadie ni una traición ni una muerte; entonces es cuando El Colombiano para y piensa en ese amor que es sólo de él y que aún siente después de tantos años y no deja de pensar en su Viviana aunque este Natilla y pueda estar otra y ese amor es sólo de él como lo puede ser cualquier cosa. La música y al Colombiano le esta empezando a gustar ese usar indiscriminado de la cursi cursiva como forma para meter titulitos en las postales o para cambiar de tema y hablar de otra cosa la música le gusta mucho al Colombiano que ve en ella la única forma de concentrarse y pensar concreto en algo porque, que científico y practico, El Colombiano ha desarrollado una teoría que solo se aplica a él (eso cree) y que se llama la Teoría de la distracción programada y esta consiste en que suene, (en estos momentos El Colombiano escucha Sing for Absolution de un grupito que nunca había escuchado y que se llama Muse y pinta como que bien( música mientras El Colombiano se pierde en complicadas divagaciones y, magia, cuando El Colombiano sale de su ensoñación encuentra la música como banda sonora y vuelve a meditar y a pensar en sus estupideces; pero el motivo de esta no era hablar sobre la Teoría de la distracción programada sino hablar de lo que la música es para Azul por que la nena cierra los ojos y una sinfonía entonces y todo se hace negro, supone El Colombiano que sí fuera músico sabría que la película esta pensada como un concierto en crecendo o algo similar y entonces los coros griegos que le erizaron la piel cuando los escucho en el cine y que lo volvieron a hacer cuando lo leyó en esa revista:
Si hablo las lenguas de los hombres y aún de los ángeles,
pero no tengo amor,
no soy más que un metal que resuena o un platillo discordante.
Y si hablo de parte de Dios,
y entiendo sus propósitos secretos,
y si tengo la fe necesaria
para mover montañas,
pero no tengo amor,
no soy nada.
Tener amor es saber soportar; es ser bondadoso;
es no tener envidia, ni ser presumido, ni orgulloso…
El amor jamás dejará de existir.
Un día los hombres dejarán de profetizar,
y ya no hablaran en lenguas,
ni serán necesarios los conocimientos.
Tres cosas hay que son permanentes:
la fe, la esperanza y el amor;
pero la más importante de todas es el amor.

“Y aquí está la clave de todo (Kinetoscopio 33): ‘Sin amor no habrá Europa’, refiere Kieslowski. El amor, concebido en uno de sus tantos idealismos, porque el amor sin utopía no lo es del todo, pero un amor cuya esencia es inherente a la vida misma, la fuerza motriz del universo. El amor tiene la última palabra.” Y mientras El Colombiano pone el punto final una sonrisa se le dibuja en el rostro.