miércoles, 23 de enero de 2013

Continúa la lista

Empezamos con mentiras. El Caleño dijo que iba a escribir cada domingo, cada miércoles, pero empezó incumpliendo. El domingo pasado lo absorbió el trabajo, lo consumió. Poco tiempo entonces para escribir. Sin embargo es feliz, cada vez más siente que habla, escribe, como antes. Siente que es su voz la que sale cada vez que pulsa las teclas. el sonido lo tranquiliza, más que en el trabajo. Repite, mucho más que en el trabajo. Se levanta, prepara un té -se ha convertido en un entusiasta del té-. Busca la leche en la nevera, lo aclara un poco. Continúa. Piensa en el título, El Caleño. La lista sigue, más propósitos de año nuevo.
a. Antes leía mucho. Al menos un libro cada quince días. Ahora tratará de leer al menos uno al menos. Empezará con el libro que lo acompaña desde hace un tiempo en la maleta. El libro elegido como libro del año a falta de más. Los cuentos de Roberto Bolaño.
b. Ver más cine. Antes, lo dice como si hubiesen pasado siglos, veía mucho. Cada vez le queda menos tiempo, pero tratará de aprovecharlo.
c. Ser más sociable. Ja. Punto álgido y complicado como pocos. Siempre ha dicho, El Caleño, que realizó una terrible elección de carrera. El periodismo le exige un continuo contacto humano que él, en situaciones normales, trataría de evitar. Y sí, eso, ser más sociable.
d. Volver a jugar fútbol. Por más malo que sea, jugar.
e. Regresar al río. No había nada -¿o sí?- que le gustara más que acostarse  boca arriba y contemplar el cielo recostado sobre una roca junto al río Pance. Regresará.
f. Comprar una bicicleta.
g. Cocinar algo especial cada sábado.

miércoles, 16 de enero de 2013

23:33


El Caleño ahora tiene un ansía incontrolable de medir el tiempo. No es algo nuevo, pero él no solía usar reloj, nunca. Recuerda que antes, y lo tenía muy bien cronometrado, la mayoría de las entradas de este blog tenían como horario las 23:33.
Desde hace unos meses lo siente como una parte de sí. Tiene varios pero usa uno específicamente. Un reloj que compró en el centro de su ciudad y que no le costó mucho dinero.El fin de semana pasado visitó a sus padres y antes de salir se duchó. Para evitar mojar su reloj lo dejó en un estante y lo recordó ya cuando se había ido. Los siguientes días fueron de mirar su muñeca vestida solo con una manilla de Juan Valdez y otra de colores verde, amarillo y rojo. De hora y fecha, nada. Como ahora El Caleño ha cambiado y es poco dado a esperar, aprovechó que por su trabajo tenía que viajar cerca al hogar de sus padres y fue por su reloj. El tiempo volvió a ser mesurable para él.

domingo, 13 de enero de 2013

-easy piece

Como es un hombre de gustos sencillos y fácil de hacer feliz, la primera vez que se fue caminando al trabajo la pasó muy bien. Media hora de ruta en la que a El Caleño no se le quitó la sonrisa de la cara. La mayor parte de su recorrido lo hizo con las calles vacías. Cali es una ciudad extraña en la que sus habitantes pueden, o no, esconderse en la mañana y, especialmente  si llueve. Esta vez no llovía, solo estaba temprano pero la avenida octava padecía de una escasez de vehículos y de personas. Mejor para él, pensó esa vez El Caleño, que es poco dado a las interacciones sociales. Mañana caminará de nuevo.

miércoles, 9 de enero de 2013

Promesas

Como dijo, como prometió. El Caleño escribe. Trata de imponerse de nuevo una rutina, de sentir el mismo amor que sintió antes cuando llenaba este blog de letras sin sentido. Regresar el toque justo de anarquía, un poco de caos a esa rutina que lo consume de nueve de la mañana a nueve de la noche, excepto los sábados y los domingos cada dos semanas. Espera, de verdad, no dejar morir las ganas. Espera seguir cumpliendo, uno a uno, los propósitos que se trazó al inicio de este año. Mañana un compromiso, caminar hasta el trabajo.

domingo, 6 de enero de 2013

No pain, no gain

La tradición es hacer una lista. Reunir altas y bajas en el año. Recordar, evaluar. El Caleño últimamente ha dejado abandonado su blog. Antes disfrutaba escribiendo, pero ahora no encuentra tiempo, cada vez tiene menos ánimos. A veces pasa. Hace resoluciones de año nuevo. Se pone metas mientras mira los doce meses que pasaron. Mientras compara esta lista con la que hace un año escribió. Trata de ser creativo. De ponerse metas. La mayoría las exhibirá aquí, otras serán 'secretas' por diversos motivos. Todas son importantes, todas, por lo que significan, por la disciplina que crearán. No pain, no gain.
#1. Volver a escribir aquí. La primera meta del año. Regresar cada miércoles y domingo, como en antaño. ¿qué tal difícil puede ser?
#2. Comer en casa, al menos una vez al día. 
#3. Visitar a mis papás, al menos una vez cada quince días. 
#4. Seguir con el yoga.
#5. ...
#6. Irme caminando al trabajo al menos una vez a la semana.
#7. ...
#8. ...
#9. Volver a escuchar música, disfrutarla como antes.
#10. ...
#11. Ser feliz. 

domingo, 30 de diciembre de 2012

Lo mejor de 2012

Siguiendo con esta tradición, variándola tan sólo un poco pero manteniendo la esencia, dejando escurrir los “greatest hits” versión 2012, escribo lo que, al parecer, fue lo mejor del año. Injusta e insensata como todas las listas, dejándome llevar por la tiranía del último momento que nubla hechos relevantes ocurridos durante los primeros meses del dos mil doce. Sin duda este ha sido un año importante y trataré de recordarlo. Una vez más, este es un intento grande para hablar claro y fuerte. En fin, aquí están, estos son…

1. Mantener abierto este blog. Cada vez es más difícil, cada vez escribo menos. Sin embargo me gusta mucho aún regresar, revisar entradas antiguas, del 2008 y 2009, recordar como pensaba. La forma en que quería y cuando no importaba que todos leyeran lo que yo tenían por dentro.

2. Andrea, A.

3. Vivir solo. Adaptarme de a poco a una rutina que me incluye exclusivamente a mí.

4. Mantener las dreads. Resistirme al impulso, cada día más urgente, de cortarme el pelo.

5. Ser feliz en el trabajo.

6. Ver crecer a la masita.

7. Hacer yoga.

8. Seguir aprendiendo, nunca dejar de aprender.

Menciones especiales
Película del año: La última de Batman, The Dark knight rises.

Canción del año: Varias. Corinne de Metronomy, me recuerda a MC. If not for you de Bob Dylan, para A. It’s like reaching for the moon de Billie Holiday, Keep me y Hurt like me de The black Keys, por ser las tres más escuhadas en mi iPod.

Libro del año: Los Cuentos de Roberto Bolaños. La relectura incesante a la que me sigo sometiendo.

Ahora que miro arriba veo que, convenientemente, faltan cosas quizá más importantes pero en fin, la memoria es selectiva, sólo elige lo que le es grato. En todo caso, feliz año a los que lean esto y un feliz cumpleaños a mí mismo, disculpándome por no haberme comprado nada pero prometiéndome que en los primeros días del nuevo año saldaré con creces esa deuda, por sexta vez. Como siempre.

martes, 18 de diciembre de 2012

Trigesimo día

El Caleño nunca ha sido muy amigo de las matemáticas. Ajeno siempre a sumas y restas, distante y fuera del mundo de multiplicaciones y raíces cuadras, El Caleño optó por las letras. Ahora, a solo doce días de cumplir veintiocho años (lo escribe en letras para que se vea la dimensión ominosa de la palabra) empieza a hacer cuentas de nuevo. Una vez más saca la calculadora, se da golpes de pecho. Falta poco y, para él, inicia una nueva cuenta regresiva. Houston, everything is fine.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Vigésimo noveno día

Miércoles. Domingo. Miércoles. La antigua rutina. Escribir cada tanto, cada que la semana termina, cada que se parte. Retomar la costumbre  Parece como montar una bicicleta, como caminar. Jamas se olvida, pero inevitablemente después de tanto tiempo algo se pierde. El Caleño escribe, quiere escribir de nuevo. Tiene por quien escribir de nuevo. Una vocal, la primera, la A. Escribir para ella.

domingo, 14 de octubre de 2012

Vigésimo octavo día

Domingo 14 de octubre. Mañana trabaja, El Caleño. Han pasado dos meses y tres días desde que está con A. Está feliz, El Caleño. Siente que las cosas encajan por primera vez en mucho tiempo. A vive en Bogotá, están lejos. El Caleño la quiere mucho y cada vez que puede viaja hasta allá. La ve y siente perderse en el brillo de esos ojitos verdes, en el sabor de su boquita de caramelo. Pasan el mayor tiempo que pueden juntos, recorren la ciudad, juntos. El Caleño toma su mano y siente su tibieza. Se siente bien, no hay ningún otro lugar donde quiera estar, así se hayan empapado con un aguacero repentino luego de ver una película en el centro. El calor de su mano es lo único que necesita.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Vigésimo séptimo día

Mañana El Caleño regresa a trabajar. De vuelta a la rutina diaria. Despertarse a las seis de la mañana, levantarse a las siete de la mañana. Correr, siempre sale tarde, para alcanzar un p30a parcialmente lleno. Veinte minutos después estar en su puesto y encontrarlo, ojalá, justo como lo dejó. La taza del café en el mismo lugar, los audífonos en el mismo lugar. Cambiar la clave del pc, como cada mes.