martes, 3 de abril de 2012
Vigésimo cuarto día
viernes, 30 de marzo de 2012
Vigésimo tercer día
viernes, 16 de marzo de 2012
Vigésimo segundo día
jueves, 15 de marzo de 2012
viernes, 30 de diciembre de 2011
Lo mejor del 2011
Siguiendo con esta tradición, variándola tan sólo un poco pero manteniendo la esencia, dejando escurrir los “greatest hits” versión 2011, escribo lo que, al parecer, fue lo mejor del año. Injusta e insensata como todas las listas, dejándome llevar por la tiranía del último momento que nubla hechos relevantes ocurridos durante los primeros meses del dos mil once. Termino esta lista el primero de enero cuando, por alguna razón, soy feliz. Hace mucho no podía decir esto pero ahora lo hago con todo fundamento. Este es un intento grande para hablar claro y fuerte. En fin, aquí están, estos son…1. Una del otro año aunque cada vez menos: Mantener este blog, a pesar de la desidia, las dilaciones y la procrastinación. Seguir escribiendo.
2. Encontrar a la chica lunar.
3. Ser feliz en el trabajo.
4. Dejar ir. Quizá sea lo más difícil que he hecho pero también de lo más satisfactorio. No se avanza sino se olvida. Ha dolido, claro. Personas que tenía atadas al corazón, pero ahora que no están, ahora que al fin he dado el paso y las he ido dejando de a poco, se siente bien. Adiós a tantas consonantes que poblaban este blog (excepto MC).
5. Volver a ver a ver a MC, tener la total certeza de que ella es mi hermanita del corazón.
6. Mantener las dreads, aunque cada día tenga ganas de cortarlas.
7. Seguir siendo el mismo de siempre.
8. Seguir con Rayuela.
9. Seguir aprendiendo, nunca dejar de aprender.
martes, 29 de noviembre de 2011
Vigésimo primer día

Siempre pensó que era una buena persona. Que era diferente a los otros y eso, en cierta forma, lo enorgullecía. Pues no, es igual a todos y la realidad lo avasalla. Pasa por encima de él como nunca antes. Como se ha dado cuenta de su nueva condición, El Caleño toma decisiones, se aleja de su pasado. Dando palos de ciego, como siempre. En estos días le pasan cosas que nunca le habían pasado. Tratar de olvidar a personas a las que quiso demasiado. Tratar de hacer a un lado todo ese sentimiento que queda pero que era necesario tirar por la borda. No se avanza si no es así, piensa El Caleño mientras busca una foto a blanco y negro que acompañe este post y que sea totalmente contradictoria.
jueves, 17 de noviembre de 2011
Vigésimo día

Hace mucho, mucho, no escribo aquí. No sé si he perdido las ganas o es falta de tiempo, quizá es porque pienso que ya no hay mucho que decir. La verdad me siento seco, agotado. Justo en este momento espero. Sentado frente a mi escritorio espero a que se mande todo a imprimir y también aguardo una respuesta mucho más importante. Tan solo un saludo que cambie todo y mientras tanto siento un vacío en el estomago casi inabarcable.
Estos meses han sido de increíbles altibajos. Un camino lleno de baches que se han sabido esquivar con mayor o menor destreza. Todo ha sido tan bueno y tan duro. Cada día he aprendido tanto. Cada día ha sido tan largo. Cada día me quiero acostar más tarde, que se demore más en empezar el próximo día. Cada día me quiero levantar más temprano, empezar de cero todo. Sí, días así.
lunes, 3 de octubre de 2011
Decimonoveno día
Las promesas están para romperlas, las promesas están para cumplirlas. A unos minutos de las doce y sabiendo que después de la hora será imposible volver atrás, El Caleño escribe un par de cosas sin sentido y dice cosas del tipo "Las promesas están para romperlas, las promesas están para cumplirlas". En un rato más buscará algo de tiempo y escribirá, se sentirá mal también porque tendrá que recordar tantas cosas, pero así son las cosas por estos días. Justo así.
jueves, 28 de julio de 2011
Decimoctavo día

Cada día escribe menos de lo que quiere. Cada vez escribe menos para él. Es raro, cada día escribe más. Todos los días escribe. Su trabajo es escribir pero, claro, no escribe exactamente lo que le gustaría escribir. No es una queja, piensa El Caleño. Para nada es una queja. Todo lo contrario. Si se la pasara en casa no escribiría nunca. Esta es una forma, su trabajo, de mantenerse en movimiento. El periodismo es un oficio, debería ser una profesión, tan complejo como hermoso. Todas las mañanas, al despertar, El Caleño no tiene ni idea como va a ser su día. Puede ir de cualquier forma. Hay días donde se pasa todo el día por fuera de la oficina o hay otros donde sólo sale a almorzar. Hay días donde el trabajo lo hace orgulloso y hay otros días terribles. Así, siempre.
miércoles, 20 de julio de 2011
Decimoséptimo día

Al fin le dan ganas de escribir y tiene un poco de tiempo. Un poco como la alineación de los planetas, una total suerte. Un festivo sin trabajo, más bien. El Caleño se pasa el día en el portátil descargando la discografía de Bob Dylan y escuchándolo. Un total y completa sobredosis. Escribir, dejarse llevar. Manda un mensaje de texto y no recibe respuesta. Lo raro sería eso, se dice, lo raro sería una respuesta. Y no, en su móvil no suena The times they are a-changin’ anunciando -ironía- que los tiempos han cambiado, que tiene un mensaje nuevo sin leer.
Días de mucho trabajo para El Caleño. Le duele la cabeza, le duelen las piernas. No tiene tiempo para estar cansado. Usualmente sale de trabajar muy tarde y camina mucho. No lo hace por gusto. Así son las cosas. Viaja de pie en el MÍO por 40 minutos y cuando llega a su parada lo esperan otros quince minutos de camino. Cada día. En casa se sienta de nuevo frente al portátil y deja pasar el poco tiempo que queda hasta que se va a la cama.
I could just lie here all day, parece que dijera, como si estuviera acostado de espaldas y con el pasto rozándole el cuello, lo brazos, viendo cometas flotar. Un sueño.




