Últimamente mi consumo de café y cigarrillos ha aumentado exponencialmente.Unido a esto, tomado de la mano, casi llamándolo consecuencia está el descenso constante y mantenido en el número de páginas escritas. Aclaro y explico, nada escrito para el blog, sólo mucho tiempo libre y una idea que da vueltas. Ahora, después del incremento de nicotina y cafeína, la cantidad de páginas en lugar de crecer disminuye. Como casi todas las cosas en el mundo esto también tiene dos caras, la positiva vendría siendo un exhaustivo proceso de edición que ha reducido a la mitad ese número de páginas. Seguiré escribiendo, trataré de seguir escribiendo y eventualmente transcribiré algo aquí, para que tome aire y respire fuerte. Por lo pronto Lucky Strike y café frío siempre, en la noche siempre. Con calor, siempre.
PD: Como esto es un espejo y es todo volver, he pensado en retomar el diario que hace un año paseó por aquí. Treinta días, de nuevo, que empezarán el día en que pague mi deuda en cervezas.
Duró poco el break. Quince días de abstinencia solamente, ni uno más ni uno menos. Se podría decir que me volvieron las ganas de escribir aquí, que regresó el exhibicionismo, pero en realidad debo confesar que este espacio es una de las pocas constantes en mi vida. Un lugar al cual volver, un lugar del cual asirse. Otro regreso, más tiempo circular.
Cali calienta y derrite como siempre y el paraíso cada vez se parece más a una roca junto al río Pance; volvió la Champions y la Juvetus ganó en la UEFA League; empieza a hacer falta el café del jueves con MC, que está trabajando lejos; empecé a leer Los vagabundos del Dharma (The Dharma Bums) de Jack Kerouac y ha sido un cambio saludable; ayer C cumplió años y aprendí a coser estrellas.
Como decía Isabel en un comentario previo, es mejor escribir sobre nada que quedarse callado.
PD: Aún no cumplo la promesa consignada en el post anterior, pero será pronto querida amiga “autodestructiva”… just give me some time.
Se me han esfumado las ganas de escribir aquí, como antes se me extinguieron tantas otras pasiones, y debería decir entonces que ha sido un placer, gracias por todo, no lo habría podido hacer sin la ayuda de ustedes, son un público maravilloso. The times they are a-changin’ cantaría Dylan, pero acá las cosas están igual a cuando empezaron hace unos tres años. Estoy en la misma absurda posición en la que estaba cuando empecé esto, cada vez menos certezas, menos cosas en las cuales creer, muerto de miedo como siempre a pesar de algunos avances. Entre semana escribí varias cosas para el blog pero no pasaron de ser borradores, ahora escribo esto por impulso y siento que hace mucho no tengo nada que decir, entonces intento dar un paso al costado, dar permiso y espacio, siga usted después de usté… pero no temas querido e hipotético lector, la filosofía detrás de este blog es recaer y es muy probable que pronto regrese, como el adicto que reincide, el senador que vuelve a la cárcel, el presidente que obliga a un país a sufrirlo por otro periodo. Todo aquí es volver, lo saben, entonces a nadie le debería sorprender que, para conmemorar este final, invite de nuevo al primer desafortunado en comentar este post a un par de cervezas, atendiendo apenas a algunas restricciones geográficas. Adelante, comenten, no tengan miedo, sólo muerdo cuando me provocan.
La distancia lastima, todos lo sabemos. Distance is a bitch. Y no sólo la distancia física que, si bien es la más evidente, no es la peor. Hace poco, hablando con MC, le decía lo nocivo que resulta a veces mi tendencia básica a alejarme, a recluirme en mí, a prescindir de todos aunque eso sólo sea un patético intento de huida. Más de lo mismo, lo sé, pero a veces hay hábitos que cuesta abandonar, por miedo a pesar de los intentos. El miedo aún cuando nos confina y reduce también es algo a lo cual aferrarse, un mecanismo de defensa, cuando se está tan solo y no creemos tener fuerza suficiente para pararnos de nuevo.
Ayer intenté escribir una carta para alguien a quien quiero con todo el corazón, y cuya consonante se ha paseado por aquí en numerosas ocasiones, pero no puede enviarla. Escribí mucho y expliqué de nuevo todos mis miedos, repetí lo estupido que he sido, lo lejano que he estado aún cuando sólo quiero estar junto a ella. El miedo de perderla tuvo exactamente ese efecto y ahora sólo quedó un vacío grande que parece no se va a llenar jamás. Vivir con miedo sólo nos causa penas, nos deja solos, nos quita esa parte de la vida que de otra manera (con un poco de valor al menos) hubiera sido la más bella. Quisiera decir que desde ahora voy a vivir sin miedo, y con la promesa de trazar una línea indeleble que separe a un mundo del otro, pero las cosas no son tan fáciles, el miedo se aferra y pelea, hace mucho que comparte este mismo espacio. Esta noche de sábado le pasé leyendo el blog de la mujer rastrillo! y descubrí, gracias a sus palabras, lo que el miedo nos quita, lo que no nos deja ver. Desearía entonces decir “desde ahora no estaré más agachado, desde ahora vivo sin miedo” pero no es sencillo, el primer paso es reconocerlo, el segundo empezar a hacer algo. Desde Gmail, y ahora sin pensármelo dos veces, doy clic sobre el botón de send, sólo entonces podría pararme.
PD: Ahora, para el final, transcribo algo que le escribí a ella hace tiempo en un mail y que pienso es más cierto ahora que nunca antes: “Escribo todo esto y me gustaría haberlo escrito a lápiz, en una hoja de cuaderno que pudiera doblar en muchos cuadritos y dejarlo después sobre la palma abierta de tu mano.”
La otra vez me preguntaron de nuevo por las razones tras El Mantra. La respuesta es sencilla y no pasa completamente por el libro de Rodrigo Fresán, aunque también es clave. Como lo consigna el texto introductorio, que lo dice mal pero que en algo acierta: “Blog para los que les gusta repetir, tanto lecturas como películas como amores como decepciones como... para los que gustan de tropezar con la misma piedra pero cayendo siempre de diferentes maneras.” Todo aquí es volver, retomar, rescribir, revisitar autopistas 61. Repetir los mismos temas una y otra vez, tratar de ver claro como cuando me tiro al río con las gafas puestas. Cambiar una pena por otra y seguir sintiendo igual, amarla a ella y sentir que estoy reviviéndolo todo, girar en círculos como un perro persiguiéndose la cola sin saber si morder fuerte o no cuando por fin la atrape.
Los mantras entonces son, en su acepción RAE, frases o palabras repetidas una y otra vez para invocar a la divinidad o como apoyo en la meditación. Invocaciones a la divinidad entonces, cantos a cualquier becerro entonces, simulacros y permutaciones, el final de una canción que osciló desde el principio, una variación Goldberg para Bach, diferentes planos en una película de Kubrick y al final solo ganas de sentarse a descansar, al menos media hora.
Pd: Esta mañana hablé con N y me dijo que ayer en la noche se había ido de copas por primera vez desde que llegó a Barcelona. Salió con la hija de un compañero de su padre y algunos amigos de ésta. Me contó que se había aburrido mucho a pesar de su amabilidad y que poco a poco los irá comprendiendo, que yo en cambio hubiera disfrutado con ellos desde el principio. También me contó que durante esta semana había leído gran parte de este blog. Me dijo que a medida que leía no sabía si en realidad me conocía de verdad o no me conocía en lo absoluto. Me dijo que aquí había encontrado cosas que nunca pensó que yo iba a decir. Le dije que todo eso era yo, que en mí no hay espacio para más de una personalidad.
Hoy he hablado con N, como casi todos los días. Ya se iba a acostar, me dijo que no lo había hecho porque esperaba que yo me apareciera en el msn. Al final hablamos poco, porque el sueño y las seis horas de diferencia horaria la derrotan, pero está bien, ella está bien y me siento feliz. Esa es una de las cosas que admiro de ella, esa facilidad para adaptarse a todo lo que le sobreviene, esa manera que tiene de darle la cara al mundo sin importarle las cachetadas, todas esas certezas. Lo primero que hizo al llegar a Barcelona, me dijo el sábado, fue verse una película. Fue con su papá al cine y vieron juntos Where the wild things are, la película que hace tanto quiero ver pero que a Colombia no llega aún, y que allá las crispetas son crispetes y que cuando encendieron las luces de la sala abrazó a su papá como nunca lo había hecho antes, que más tarde habían comprado una tarta caliente y que no se la habían podido comer toda. Me dijo que mañana caminará por la ciudad sin saber hasta a donde llegará, sólo que al final de la tarde su papá la va a recoger para ir a comer juntos y que sus días van a seguir siendo un poco así hasta que se acabe este mes y empiece a trabajar en la misma empresa que su padre. Por lo pronto dice adeu.
Otra cosa, ayer DG me regaló de cumpleaños, cumplí en diciembre pero no nos habíamos visto antes, la agenda Macanudo 2010. Al principio, y para no arruinarla con mi sinuosa letra, había pensado mantenerla así, sin uso, casi en su envoltura original. Hoy escribí en ella por primera vez, anoté con lápiz los primeros compromisos y algunas fechas claves, el helado y las películas de este próximo sábado con AB. El impulso fue bueno, porque ha sido precisamente eso lo que he querido dejar de lado últimamente, esa manía coleccionista, el guardar y atesorar, que al final de cuentas también remite a esa incapacidad mía para dejar ir. Primeros pasos. Aprender, como ella ahora, a decir adeu.
Escribo y posteo estoy hoy por mera costumbre, como acto de repetición casi involuntario. Fin de semana difícil que podría ser peor, porque es bien sabido que cuando creemos que estamos en el fondo siempre habrá un par metros más por descender. Después explico y, de paso, trataré de comprender esto que pasa en un post venidero, pero N, y ahora me doy cuenta, funcionaba para mí como una especie de escudo. Con ella aquí no importaban muchas cosas, las penas las hacía de lado, pero con ella lejos ahora, aunque cerca siempre por messenger, esos dolores que largamente aplacé vuelven con fuerza. Cito entonces ahora una pequeña línea de 500 days of Summer, la última película que vimos juntos, cuando una persona le dice al protagonista, refiriéndose a su vez al gran Henry Miller ídolo de todos,que la mejor forma de olvidar a una mujer era convirtiéndola en literatura. Sabio consejo, levantaré desde ahora mi lápiz
Se va, y ya lo he dicho pero no me acostumbro a la idea. Se hace tan irreal, tan fuera de este mundo, tan fácil y automático que parece increíble. Hoy, hace pocos minutos, me despedí para siempre de N, abrazándola fuerte en su habitación, mirando de reojo unas maletas vacías junto a su cama, repitiéndonos al oído lo que nos hemos dicho siempre como pretendiendo que el tiempo no va a pasar más y que todo desde ahora va a ser ese abrazo eterno. Lo triste, lo que nos matará desde ahora sin saberlo, es que el tiempo no se va a detener y ese abrazo, ese sentir liviano en el pecho, no va a durarnos toda la vida.
Los últimos días tratamos de perdurar en nuestras memorias, repetimos gestos que conocíamos hasta la saciedad con el único fin de hacerlos vivir por siempre. Así fue como pasamos la noche de ayer viendo películas y comiendo crepes de fresa y chocolate con malteada de galletas oreo y helado de vainilla; como bailamos lento una canción de Billie Holiday pisándonos los pies apenas, casi como recordándonos a ambos que estábamos allí y que todo eso era real; como hablamos toda la noche hasta que las palabras estuvieron de más, hasta que no hubo nada más que decir. También hoy, caminar junto al río en la tarde, en la mejor hora para caminar en Cali cuando el sol está bajo y de los cerros cae la brisa que viene del mar, y saber, estar totalmente consiente por fin, que esa era la última vez que íbamos a caminar juntos por una ciudad que a veces te trata tan mal pero a la que siempre quieres volver. Mañana en la mañana no estaré en el aeropuerto cuando se marche, porque no quiero que la última imagen que tenga de ella sea la de una espalda alejándose en la impersonal asepsia de una terminal aérea, me despertaré temprano y en el mundo todo será como siempre ha sido, ningún río cambiará su curso, el viento no dejará de soplar, pero ella no va a estar. N no va a estar más.
Regularmente me pasa, como me suceden muchas cosas, que ya sea por ausencia o distancia, olvidar se me hace automático, casi en contra de mi voluntad.
Hace poco, hablando con MC, le dije que para mí era fácil olvidar, que las cosas se me fueran desdibujando aún cuando no lo quería y que era así como personas a las que nunca imaginé lejos de mí, con las que compartí mucho, hoy no son más que desconocidos. Me preguntó entonces si la iba a olvidar, les respondí entonces que era probable. Es probable, así ella sea una de las personas a las que más quiero en este mundo, así se haya convertido para mí después de tantos años en una hermana. Otra forma de quedarse solo. El olvido en este caso, y en los demás, como algo que hay que derrotar sobreponiéndose a él, cultivando desde ahora la memoria.
Pero mientras el olvido cubre las cosas de polvo sólo queda extrañar. Recordar. Así como también se puede extrañar, añorar, algo que no se alcanzó a tener, algo que estuvo flotando en el aire frente a vos todo este tiempo y sólo ahora, cuando se enfrenta la posibilidad de perderlo, o cuando ya los has perdido irremediablemente es que llegan los golpes de pecho, las lamentaciones. Esperar al olvido, así no lo queramos. N adelantó su viaje y los últimos días los hemos pasado recordando, como tratando de estirar el poco tiempo que nos queda hasta que sea viernes y ya no quede más tiempo por delante. Nunca más verla dormir durante una película de Bergman, nunca más bailar mientras Billie Holiday canta, nunca más hablar hasta las tres y dos minutos de la madrugada, nunca más nada y seguir así. Hasta que todo sea olvido, aunque no lo queramos.
Todo empieza en el médico. Todo termina en el médico. Un mal necesario diría yo. Luego de unos cuantos años sin visitar sus asépticas guaridas, fui obligado por mi mamá y mi hermana a asistir a una consulta. Tengo dengue, o tenía porque ya me siento mucho mejor, y la consulta deparó, entre otras cosas, rutinarios exámenes de sangre con sus subsiguientes sueños con agujas terroríficas. El peor día fue el lunes, me perdí un viaje esperado y no puede salir de la cama. El martes me sentí mejor pero la cita médica era una obligación. Ayer y hoy las fuerzas regresaron de a poco pero no he podido dormir mucho, Ursula está insoportable. La pequeña gata ha entrado, creo, en su primer periodo de celo y siente unas irrefrenables ganas de huir por el techo. Cuidar sus intentos de evasión me ha obligado a extremar su vigilancia, estar siempre atento, aunque cuando esté esterilizada podrá viajar con el viento sin consecuencia alguna por el momento está en cuarentena.
Por ahora en mí queda el vacío que no llenó el mar, una tos ominosa que no se va ni con antibióticos, el deseo de un Lucky Strike que sea el cielo y las mismas ganas de verla, siempre.
Blog para los que les gusta repetir, tanto lecturas como películas como amores como decepciones como... para los que gustan de tropezar con la misma piedra pero cayendo siempre de diferentes maneras.