
domingo, 12 de septiembre de 2021
Mentiras, como verdades (cuarto día)
sábado, 11 de septiembre de 2021
Puños, como verdades (tercer día)
En este tercer día entonces, traigo el recuerdo de un salón de clases una mañana antes del cambio de milenio. Un salón vacío, con las filas de pupitres desalineadas pero nuevos. Lienzos que se llenaron pronto de todo lo que sale de la mente de un quinceañero. Recuerdo el marco de las ventanas de color gris, la puerta que no era más que barrotes del mismo color. y yo, en un descanso/recreo comiendo en el salón vacío. Yo tomando una gaseosa Pepsi y yo, con deliberada maldad, arrojando ese vaso medio lleno por la ventana con la esperanza de atinar a alguien. Lo logré.
Los siguientes segundos fueron de confusión. ¿Debería sentirme orgulloso por lo hecho? Evidentemente no, pero la persona que yo era hace tantos años no pensaba en esas cosas. Vivía, creo, en ese perpetuo presente de muchos adolescentes sin saber que iba a hacer mañana o al día siguiente. Entonces lo escuché antes de verlo. En frente mío, el uniforme blanco del colegio con una mancha oscura de la Coca Cola que no es. Y el miedo, lo recuerdo, el miedo más atroz ante unos ojos preparados para acabar con este mundo. Creo que es el primer recuerdo de esa sensación que tengo. Terror de enfrentar las consecuencias de mis actos. Lo que sigue es una acción de extrema piedad. El contrariado otro de pronto ve en mis ojos reflejado todo el odio que siente o le recuerdo a un amigo de la infancia o tiene una lucida epifanía sobre la acción que va a cometer y que lo va a llevar a la cárcel, quizá no tanto. El hecho es que en lugar de golpearme, como lo merezco, golpea al pupitre que está al lado mío. Luego sale y no lo vuelvo a ver. Me siento y no pienso más. es decir, sí pienso en eso pero solo pienso en eso. No hay nada más para mí ese día. La clase empieza y termina. Yo viajo en el bus recordando esos ojos y para mí eran la muerte. La muerte a la que nunca antes había mirado a los ojos recordándome que las acciones tienen reacciones. Las leyes de la termodinámica. Ese recuerdo vuelve a mí hoy, cuando miro al mundo con miedo o quizá no tanto. Cuando siento temor o quizá no mucho. Cuando pienso que mis acciones tienen más que consecuencias.
PD: Como imagen un fotograma de El viaje de Chihiro o Spirited Away que este año cumplió 20. Larga vida a Miyazaki y a todo Ghibli.
jueves, 9 de septiembre de 2021
Jaqueca, como un estadio (segundo día)
jueves, 2 de septiembre de 2021
Ha pasado mucho tiempo (primer día)
jueves, 31 de diciembre de 2020
Lo mejor del 2020
Hace muchos años, muchos muchos ya, tenía la costumbre de condensar mi año en greatest hits, en los hitos de los doce meses pasados, en las marcas que hacían resaltar el año. Entonces, por todo lo del mantra y la repetición, acá está actualizado y con las medidas de bioseguridad correspondientes en este 2020 histórico para la humanidad: Siguiendo con esta tradición, variándola tan sólo un poco pero manteniendo la esencia, dejando escurrir los “greatest hits” versión 2020, escribo lo que, al parecer, fue lo mejor del año. Injusta e insensata como todas las listas, dejándome llevar por la tiranía del último momento que nubla hechos relevantes ocurridos durante los primeros meses del dos mil veinte.
1. Ser feliz en el trabajo. Muy feliz. Reencontrarme con lo que me gusta hacer y aprender nuevas cosas que me gustaron hacer.
2. Sobrevivir a la vida de casado en pandemia. Gran merito de mi esposa, claro, pero me alegra mucho que podamos vibrar en la misma frecuencia el 99% del tiempo.
3. Seguir amando y queriendo como al inicio, pero más viejo.
4. No haber sido contagiado de la Covid-19. Seguir recomendaciones y extremar cuidado. Algo de mérito debe tener
5. Seguir siendo un pelado feliz.
6. Aprender, cada día aprender.
7. Volver a escribir acá, aunque haya sido solo un día.
Esta lista parece corta, especialmente si las comparo con listados anteriores, pero es más que satisfactoria. Lo finalizo con otra cosa que también escribí para hoy, dos puntos otra vez:
En 2020 caminé mucho más de lo pensado, la caminata no fue física pero me llevó más lejos de lo que habría imaginado. Este 2020 fue un año terrible y hermoso, que nos enseñó a todos el valor de la distancia y que el distanciamiento físico no implica la lejanía del corazón. En 2021 espero seguir caminando con quienes he caminado ya y seguir descubriendo el camino que falta por andar. Y hablando de caminar, escribiendo sobre caminar, les dejo una cita de Caminar de Erling Kagge: "Muchos aspectos de nuestra existencia se centran en ir deprisa. Caminar es lento. Por eso es uno de los actos más radicales que puedes realizar". Pág, 20.
Menciones especiales
Película del año: Me quedo con una de las últimas que vi. Soul de Pixar, la vida es vida porque se vive.
Canción del año: Todas las de Billie Holiday, la banda sonora de mis días.
Libro del año: Caminar de Erling Kagge. LA filosofía de poner un pie detrás de otro y seguir así, con o sin destino predeterminado.
Ahora que miro arriba veo que, convenientemente, faltan cosas quizá más importantes pero en fin, la memoria es selectiva, sólo elige lo que le es grato. En todo caso, feliz año a los que lean esto y un feliz cumpleaños a mí mismo, este año sí me compré algo así que no me debo excusas solo la promesa de seguir siendo feliz ahora y siempre. Ahora y siempre.
sábado, 15 de febrero de 2020
Hambre
Esta semana, creo que el mismo día en el que volví a escribir aquí, terminé de leer El Hambre de Martín Caparrós. Empecé, creo, en 2018. Hace dos años. Haciendo las mismas cuentas que el gigante autor/viajero/escritor/periodista/filósofo argentino hace en este libro diría que desde que inició mi periplo entre sus páginas murieron de hambre cerca de 18 millones de personas. Es un dato terrible, como es terrible el libro de Caparrós. Es terrible la realidad que revela, la forma en la que viven y sueñan cientos de millones de personas en países que, como Colombia, no tienen las mismas oportunidades que muchos otros, la oportunidad de pensar en un futuro que implique tres comidas diarias. La posibilidad de un futuro en el que no implique pensar en qué comer más tarde. Entonces, Caparrós nos lleva a Niger y a Sudán del Sur, a la India y a su Argentina a hablar de hambre y de privaciones y de los problemas que persiguen a los hambrientos porque el hambre es la raíz de mil problemas más que no puedes resolver porque tenés hambre, porque tuviste hambre de pequeño y quizá tu cerebro no se desarrolló bien, porque tu mamá tuvo hambre mientras te gestaba, entonces eres producto de una nueva generación de esa hambre que está ahí y no se va, porque a la gente en el poder puede que le sirva que muchos pasen hambre.
Es horrible, sí. Yo he sido periodista por muchos años y he visto hambre, dolor, muerte, abandono y muchas cosas que quisiera no haber visto. Estar expuesto a lo peor del mundo hace que se normalice, que se deje de sorprender. Sin embargo, El Hambre de Caparrós me costó dos años. Leerlo en dos años. Casi 800 días. Debí dosificarlo porque me dolía. Me dolía leer y pensar que así son las cosas y que nada va a cambiar. Que pese a las buenas intenciones de muchas personas y los esfuerzos que se realizan, nuestra forma de consumir, nuestro desaforo por consumir hacen que se perpetúen las estructuras del hambre.
miércoles, 12 de febrero de 2020
Ya es mañana
Siempre es hoy, pero ya es ese mañana del que tanto hablábamos y que no llegaba. Un pasado lleno de quizá, de tal vez sí, de de pronto. Hace un año, días más o menos, escribí aquí por última vez insinuando que iba a volver a escribir. Pues sí, esto es como un mantra. Un eterno regreso, la piedra que nos hace tropezar para caer siempre de maneras distintas. Ya es mañana, más detalles adelante.
jueves, 21 de febrero de 2019
Unter den Linden
Ha pasado mucho en mi vida desde la última vez que escribí aquí, desde la última vez que prometí escribir aquí y seguí dejando ir esa promesa pese a que recordaba esa auto impuesta obligación cada tanto. Nada da más libertad que escribir, nada da más libertad que formar un mundo palabra tras palabra. Nada da más. Ahora vuelvo a prometer, escribo porque es lo único que sé hacer. Escribo porque el día que deje de hacerlo, seguro no escribiré más.
martes, 1 de mayo de 2018
Changes, changes, changes
Se ha dicho tantas veces lo mismo en este blog que ya redunda. He vuelto, sí, pero significa tanto como la última vez que lo escribí. Las cosas han cambiado, demasiado. Ya no soy la persona que escribí la última entrada aquí registrada, ya hace cerca de dos años. Me parece increíble, y hablo en primera persona como antes no se hacía aquí, que una de mis principales aficiones se haya visto relegada tanto. No soy de hacer promesas, si no más bien de hacer e intentar. Seguiré intentado entonces que este espacio cobre vida. Ahora, que tengo todo el tiempo del mundo, que puedo dedicarle un par de minutos a este tipo de escritura, a escribir para mí como antes, como antes. Seguiremos en contacto, como si mandara un telegrama en tiempo de guerra. Podrá llegar, o no. miércoles, 22 de junio de 2016
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