140309 Calor, horrible y pegajoso calor. Sudan las paredes ese día en Cali, Calicaliente, Cali que es horno cada vez que quiere. El Caleño lo sufre porque es poco dado al calor, a veces piensa que estaría mejor en otro lado, sin dejar de ser El Caleño pero durmiendo en un sitio más frío que se puede llamar Bogotá o Montevideo. Suda, El Caleño, no puede dormir y se levanta tarde. En la mañana el clima se hace más tolerable y El Caleño no hace mucho, ve un par de partidos, ve como el Liverpool destruye al Manchester United y eso lo alegra un poco. La inmovilidad hace parte integral de él ese día. A pesar de eso decide, luego de dos meses, lavarse las dreads que ya que supone que va a tener tiempo para peinarse. En la tarde N lo llama y le dice que se vea un rato, que tiene ganas de que le cocinen. El Caleño, que siempre se deja arrastrar, llega a casa de N y le pregunta que si quiere comer lo que más le gusta. Al final terminan comiendo eso, crêpes con helado, crema y salsa de fresas, acompañadas de malteada de oreo. Rico todo, mientras comen se ven una película. Soy leyenda, con Will Smith, donde la raza humana está aparentemente al borde de la extinción y Smith recorre las calles de New York junto a su perra buscando a hipotéticos sobrevivientes. No es una cinta que El Caleño vería en cine pero se divierte un poco, sobre todo cuando Smith le canta a su perra mientras la baña “three little birds” de Bob Marley. Después se queda más tempo, con N que le dice cosas importantes. Dice que se va a ir a vivir a España en unos meses, cuando se gradúe. Que está cansada de todo y que siente que le hace falta algo muy grande en su vida. El Caleño le dice que si en Cali no lo puede encontrar y ella le contesta que si, que ya había encontrado una parte de lo que buscaba pero que la había perdido y no podía recuperarla ya. Ahora El Caleño la abraza y piensa en todo lo que la quiso, en todo lo que la quiere, en todo lo que no va a ser nunca más entre ellos. No es melancolía, ni tristeza lo que siente ahora El Caleño, es alegría por saber que N tiene, ahora, una certeza. Luego ven televisión y se acuestan a dormir, temprano y juntos. La mira a los ojos hasta que ella le tapa la cara y se voltea. Él, El Caleño, la besa en la espalada y se pregunta, de nuevo, que pasó entre ellos, se pregunta y se responde, ya conoce la respuesta.
Vuelve y juega, El Caleño, luego de ese día lleno de autocomplacencias y lamentos. Mañana será otro día dijo alguien quien no se dio cuenta de la gravedad de sus palabras, de lo inevitable de estas. Tiene que hacer dos cosas ese día El Caleño, comprar un nuevo celular e ir al centro. Lo del celular es de tiempo atrás, el que tenía estaba bastante viejo y casi no funcionaba; lo del centro es nuevo, no más de dos días. Lo del centro surgió luego de ver en otrastardes.com los créditos de “The Watchmen”, cinco minutos que lo golpearon en la cara como una silla lanzada desde el otro lado de la sala. Cinco minutos que se quedaron en su cabeza, como esa hermosa canción de Dylan, y no lo han abandonado. Entonces, ir al centro porque talvez ya la tiene su vendedora favorita, pero El Caleño va y camina como tres cuadras, porque desde que llegó el MIO, el centro se fue a dormir y los buses ya no pasan cerca de ningún lugar. Malas noticias para El Caleño, la película aún no ha llegado y tendrá que conformarse con ir a cine. Lo lamenta pero no se puede ir con las manos vacías. Compra “The Wrestler”, con esa soberbia actuación de Mickey Rourke, y compra también “The Reader”, con Kate Winslet, luego se va al trabajo y no pasa mucho más. Trata de terminar rápido, antes de las diez porque en la noche hay un nuevo episodio de Doctor House y no se lo quiere perder, después se ve una película que termina siendo desastrosa. Después se duerme, a las dos de la mañana, y sueña. En el sueño está FH, que horror, quien por alguna razón le decía a El Caleño que él si era periodista. El Caleño, que en lo sueños es otra persona, lo insulta y le dice que periodista es cualquier persona y que primero se lea un libro antes de pensar en escribir siquiera. Cuando se despierta piensa en verse “The Wrestler” y la muy buena película de Aronofsky lo deja satisfecho. En ella Mickey Rourke interpreta a The Ram, un luchador que ya ha vivido los mejores días de su vida y ahora sólo se aferra a lo que fue. Sigue luchando a pesar de las múltiples heridas que le han dejado sus años en el ring. Después trata de abandonar todo, de ser una persona normal. Busca a su hija, a quien abandonó hace mucho, ama a una stripper y trabaja en algo que odia pero lo arruina todo, se da cuenta de quien es en realidad él y lo arruina todo. Deja plantada en un restaurante a su hija para follarse a una extraña en el baño de un bar. Renuncia a su trabajo mientras se baña la cara en sangre y se lleva a todos por delante. Por último vuelve a luchar, tras una operación al corazón y a pesar de las indicaciones del médico y de su “novia”. Antes de la pelea final, donde se conmemoran 20 años de su enfrentamiento frente al ayatollah, The Ram dice el dialogo más importante de toda la cinta. Dice que el único lugar en el que le pueden hacer daño es afuera del ring, que sin la lucha, que sin su público no es nada. Después lucha y su corazón empieza a fallar, tiene a su oponente tirado en el piso y el está sobre las cuerdas. Se escuchan los aplausos y los gritos retumbando en la cabeza del luchador, luego se lanza y todo es negro, para siempre.
No sé si siento satisfacción o algo parecido. A veces parece que el alcanzar una meta autoimpuesta debería traer satisfacción, porque si no porqué la tarea, porqué el desgaste. Siete días escribiéndome en tercera persona, diciendo algunas cosas, poniendo en perspectivas cosas que no sé como llegaron a ser. Todo lo dicho aquí es cierto, y me parece una obligación afirmarlo, lo he escrito con la meticulosidad siniestra de una muchacha de quince años que esconde su diario hasta de sus amigas. Aunque yo no tengo que ocultarle esto a nadie, está aquí, a la vista de todos, sobre la mesa como esa carta que no se descubrió hasta muy tarde. Las iniciales tampoco son un problema, el que me conozca un poco sabrá atar cabos. Mi nombre, y es difícil para mí gritarlo al aire, es Freddie Alberto Bossa Barona. Regularmente soy Alberto, porque está en español, y escribo con seudónimo porque así es más fácil no existir. Eso es lo que hay. Me pagan por escribir y me pagan por leer. Un sueño, dirían algunos, diría yo. Me puedo levantar tarde, tengo bastante tiempo libre y trabajo con personas a las que aprecio. Hablo mucho, todo el día y hay que remediarlo. Sé hacer algunas cosas, me gusta cocinar, me gusta la música, me gusta conocer mujeres. Me gusta conocer a las mujeres. Escribo regularmente para otros pero a veces escribo para mí, en tercera y en primera persona. Escribo y me señalo. Intento, intento escribir, encontrarme, encontrarla al fin. Hago todo esto e intento sentirme feliz, parece que no es suficiente. A veces pasa, diría alguien, más detalles adelante.
Dolor, es lo único que ha sentido El Caleño en los últimos días. Le duele la espalda, las piernas y la terrible peladura que tiene en una de sus rodillas. Es un dolor feliz porque es un dolor futbolístico, porque es un dolor que sabe a triunfo aunque es un dolor al fin y al cabo. Duele al levantarse y caminar, pero El Caleño resiste con estoicismo y sin tomarse un solo medicamento que mitigue el sentimiento.
Es gracioso, piensa El Caleño, escribir un diario justo cuando su vida es más monótona que nunca. La primera vez que lo intentó estudiaba en la universidad y estaba a la mitad de un rodaje donde era director de fotografía. En ese momento cada día era un poco diferente, cada día traía su urgencia. Las entradas del diario, que no estaba dividido en días si no en postales, eran un recuento de mil cosas y no un ritual basado en tomar un colectivo y llegar a trabajar, tomar un taxi y volver a casa.
Cuando todo se simplifica uno tiende a ser más triste, se tienen menos cosas en las que pensar por lo que se piensa más en ellas. Por lo general el misterio es lo que hace a las cosas bellas, usualmente se quiere lo que se desconoce precisamente por ese halo de novedad, de descubrimiento, de cosa nueva que aún se ha aprendido. Entonces, cuando eso misterioso y oculto ya no lo es tanto deja de fascinar y se convierte en una cosa de todos los días, en algo fácilmente olvidable. Por eso las parejas que llevan muchos años juntas empiezan a idear juegos para que el tedio no se apodere de ellos, entonces un disfraz o un encuentro “casual” en un supermercado bastan para que ese otro cuerpo que se conoce tan bien como el propio sea nuevamente territorio desconocido. Para los hombres la realidad, a veces, es un rostro de mujer. Para El Caleño muchas cosas dejaron de ser un misterio, aunque conoce a C que es más que eso, y lo entristece saber lo poco que queda, lo limitada que se ha vuelto su vida. Suspira, El Caleño, escucha a Juana Molina mientras escribe y se lo piensa mejor. Siempre hay misterio se dice, la niña que lo mira en el bus el tiempo suficiente para que sus miradas se encuentren y las cosas sean un poco incomodas, una noche con estrellas o un cielo azul en un lugar muy lejos de aquí que él aún no ha mirado, ayudar a personas que lo necesiten de verdad, escribir al lado de mar o besarla a ella y esperar. Ahora, El Caleño, lee un poco lo que ha venido escribiendo y si bien ya no está tan de acuerdo con lo dicho, eso de la tristeza, no lo cambia porque en últimas las cosas son un poco así aunque no de esa manera tan dramática. El Caleño sale a buscar un poco de misterio.
Lo usual. Ya El Caleño no sabe ni como empezar con esto. De hecho ha sido más constante de lo que nunca se imaginó, a pesar de dejar de escribir algunos días y retomar como si nada hubiese pasado. Hoy, quinto día, es viernes. Se supone entonces que El Caleño va a salir y se va a encontrar con sus amigos. El día anterior había hablado con AL y RR, viejos amigos del colegio y, entonces, hacer una especie de reencuentro, un ponerse al día. Al final no pasa nada de eso y El Caleño debe sufrir corrigiéndole las páginas a FH que no sabe escribir y que, es muy probable, nunca se ha leído un libro en su vida. Pero igual no importa, El Caleño siempre ha querido su trabajo o, más que esto, a la gente con quien comparte en el. FH es una contradicción y ver a gente como él trabajando en lugar de otras personas más talentosas, como LM que sigue siendo una practicante, le da bastante rabia a El Caleño. Pero no importa, más temprano que tarde se van a dar cuenta del error, del yerro enorme que supone contar con alguien tan mediocre en sus filas.
Tiene hambre El Caleño ahora. Tratan de comprar una pizza pero nadie tiene ánimos de salir, bajar y volver a subir. Deciden esperar a que todos terminen y El Caleño, HS, GG y su novia, JU, van a comer hamburguesa. Pasan un buen rato, si, se divierten pero El Caleño extraña. Cuando por fin se despiden El Caleño decide ir a ver a N. Hace bastante no ve ni habla con N, a pesar de lo importante que es ella para su vida. La visita, la ve y están solos en su cama, la de ella. Hablan un poco y El Caleño empieza a pasar los canales. Descubre una película que se llama “In the land of women”, en ella un joven llega a vivir con su abuela, que está un poco loca y teme constantemente por su vida, luego de terminar con su novia y entonces el joven conoce a una familia con tres mujeres maravillosas. La mayor, la madre, es interpretada por Meg Ryan y tiene cáncer y su esposo la engaña pero a ella no le importa mucho. Tiene dos hijas, la mayor tendrá 15 años es hermosa e inverosímil en su perfección, es una buena pintora y popular e inteligente. La menor tiene unos 8 años y es una niña precoz que piensa como una mujer de 40 años. En todo caso el joven está escribiendo una novela y encuentra la inspiración que buscaba interactuando con ellas, quienes terminan enamorándose de él en cierta forma, pero él las redime y cada una termina encontrándose. Encuentran, cada una, lo que en verdad buscan. Él también, o eso parece, está en un bar escribiendo y encuentra a una hermosa mesera que lo ayuda con su libro. Después un fade to black y los créditos, después, El Caleño, mira a N y ella le devuelve una sonrisa en la que está toda ella. A veces, piensa El Caleño, le gustaría seguir con N pero no puede, ya no puede seguir con ella. Sólo a veces, como ahora, cuando la besa y se acuerdan de todo lo que son los dos juntos. Cuando la siente respirar muy cerca de su oído, cuando al final besa su frente sudorosa.
070309
Muy tarde se levanta ese día El Caleño, se despierta y N sigue dormida. Enciende el televisor y se ve el final del partido entre el Sunderland y el Tottenham. Pierde su equipo, el Tottenham, por uno hasta casi el final del partido cuando Keane marca para los Spurs y los salva de una nueva humillación. Después habla un rato con N y se va para su casa. En la tarde había quedado de ir a jugar fútbol con FV, GG y HS. Llegan a las cinco a Euforia y se dividen en equipos. El Caleño juega con el equipo naranja junto con HS y, al principio no les va bien, pero logran remontar y ganan el torneo. Triunfo épico lo llaman ellos, épico porque salen del primer lugar para quedarse con el triunfo. Épico porque El Caleño está lesionado.
Cuando llega a casa, El Caleño, lo único que quiere es dormir pero en lugar de eso se ve “The panic room” y luego “Hannibal”. Luego siente que la cabeza le estalla.
L había cumplido años el día anterior, el miércoles. El Caleño había intentado llamarla a las doce de la noche pero tenía el celular apagado y, entonces, le envió un mensaje de texto. Cuando logra hablar con ella El Caleño le dice que la quiere mucho, todavía, y que feliz cumpleaños y que después se ven y que luego le pasa la vaca que le compró. No pasa mucho, después, no pasa mucho. Ahora es jueves. La exposición de C en la alianza. Otra vez el sol ese que derrite suelas de zapatos. El Caleño sale a trabajar y lo recibe una caldera industrial. Tras esperar por veinte minutos en una calle sin carros por fin logra abordar su bus, sólo para que cinco minutos después se encuentre con un monumental trancón y el sol en su cara. Sudor a chorros, maldiciones entre dientes. Media hora después el bus arranca y el sol desaparece, como si no fuera con él. En el trabajo las cosas marchan como siempre FH es una molestia y pocos lo quieren. Incluso LM hace una encuesta en el facebook que no lo deja muy favorecido a FH. Todos votan en contra de él, que no se da cuenta o disimula muy bien. Más tarde, El Caleño, llama a C y le desea suerte en su exposición y le dice que que pena que no puede ir, que el trabajo se acaba muy tarde, que lo disculpe. C le dice que está nerviosa y que todo bien, que después la ves, que todavía va a estar por algún tiempo. El Caleño lamenta mucho no poder ir a la exposición y verla, a ella que es como una canción de Juana Molina. No le duran mucho los lamentos porque hay trabajo por todos lados y el hambre empieza a hacer de las suyas. Piensa, El Caleño, que comprar y va adonde el doctor GG, el buen hombre HS y la señorita CJ para que se decidan por algo, al final es pan y no importa, lo come igual. Después juega el América y dos errores groseros de la defensa y el arquero nos amargan el primer tiempo. El San Pablo se va ganando al descanso por dos a cero y el rojo no se encuentra. Los quince minutos de descanso le sirven a El Caleño para salir corriendo del trabajo, tomar un taxi y llegar a casa. Después llega el otro gol del equipo brasileño y la ilusión que se apaga. Más tarde, casi al final del compromiso, el América descuenta pero ya no hay tiempo y el 3-1 está sellado. Se complicaron las cosas piensa El Caleño que tiene bastante sueño. Mañana tendrá tiempo para escribir todas estas cosas.
Il terzo giorno. Al fin continuidad, piensa El Caleño. Dos día seguidos. Pero se dice también, El Caleño, que no va a durar mucho, que lo normal debería ser esto pero no, dos días consecutivos son novedad. En fin.
Empezar como siempre, El Caleño se despierta tarde y sale hacia su trabajo si saber que le espera. No es algo grave pero si se pudo haber evitado. Como decía El Caleño llega a las diez a su trabajo pero, triste destino, se da cuenta que desde ahora entra a trabajar a las tres de la tarde. Es mejor, si. Ese horario. Mejor porque le queda más tiempo para escribir en la mañana, o para dormir más, o para ver televisión o una película o la repetición de un partido o simplemente para hacer nada, que para lo que siempre hay tiempo. Entonces juega poker. Mientras llega la hora de empezar a trabajar y es sencillo, lo único que necesita es prestar atención. Es el mismo trabajo de los domingos, corregirles el estilo a los demás. Revisar puntuación, concordancia, redacción, ortografía. Leerme el periódico entero.
En la noche habló con L y con MC, por messenger. Las quiere mucho a las dos El Caleño. A MC como si fuera su hermanita menor. A L la sigue queriendo, a pesar que ya se haya acabado todo. Pues si, también estuvo Liniers y etiquetar alguna caricaturas. Después hablar sobre el trabajo, lo bueno y lo malo. Las ganas de hacer otra cosa, de cambiar de aire porque poco a poco, El Caleño, se siente atrapado por la rutina, por el trabajo de oficina, por lo que sabe hacer y que no quiere que se convierta en lo único que va a hacer, con su vida y tiempo, El Caleño.
Más tarde, en la noche, El Caleño sale y recorre la ciudad ya casi sola. Son faltan unos diez minutos para que sean las once de la noche y él recorre la carrera quince. Ve, por primera vez y a pesar de haber estado en la inauguración, al MIO recorriendo la ciudad. Los buses azules, uno tras otro, y la gente tras las luminosas y amplias ventanas regresando a cualquier lugar. El Caleño sonríe y siente una sensación extraña en el pecho. Debe ser una especie de orgullo se dice. Se siente bien, dejarse llevar por eso, se siente bastante bien.
El Caleño, una vez más, se levanta temprano en la mañana. Una vez más, El Caleño, se levanta temprano en la mañana. Temprano en la mañana se levanta, una vez más, El Caleño. Cansado de levantarse temprano en la mañana El Caleño intenta no volver a dormirse. Es domingo y tiene que salir antes de las nueve. El día anterior había dicho que se iba a peinar. El tiempo pasó y El Caleño terminó el día viéndose La Vida de los Otros y le pareció genial. La forma en que se desarrolla esa empatía, la forma en que el que vigila se convierte en una parte del que es vigilado. En fin, es tarde y El Caleño, ya lo dije, debe levantares temprano.
Son las nueve de la mañana y llama a Don J que lo tiene que llevar hasta el otro lado de la ciudad. Salen y treinta minutos después están en el lugar equivocado, pero en el momento El Caleño no lo sabe. Va, pregunta y la inauguración de los buses esos no va a ser allí donde le dijeron, ahora es en el centro, y El Caleño, resignado, se dirige hasta San Bosco sólo para sentarse y esperar a que llegue el sinistro personaje AUV montado en un bus de color azul. El siniestro personaje AUV habla por una media hora y después se marcha en el mismo bus en el que llegó. El Caleño no ve la hora de salir de allí, tiene hambre porque el desayuno no fue nada y ahora es la una de la tarde. Sale para su trabajo, sintiendo un nudo en el estomago y no come hasta muy tarde, casi cuando empieza el partido. Se juega el clásico de la ciudad, América de Cali contra el Deportivo Cali y El Caleño, hincha rojo americano, lamenta que no tenga el tiempo suficiente para dedicarle al juego. Después un gol de Cali tras un error del nuevo arquero argentino del América. Después la derrota. Le duele pero no como debería, a mitad de semana se juega contra el Sao Paulo y sólo hay esperanza de victoria.
Luego, más tarde, habla con L. la sigue queriendo igual, como en la canción y ella lo sabe, El Caleño lo sabe. L cumple años el miércoles y El Caleño le dijo que le había comprado una vaca blanca con manchas negras. También piensa en C que cumplió años hace poco más de una semana, El Caleño, en C y los tres regalos que le prometió y que aún no le ha dado. El Caleño se da cuenta entonces que en estos momentos es sólo promesas y nada de realidad. Aún cuando los regalos esperen sobre su escritorio, aguardando que una niña hermosa los vea y les dedique una sonrisa como sólo ella lo sabe hacer.
230209 Luego de haberse levantado medio adormilado más o menos a las ocho y media, El Caleño, que tiene que entrar a trabajar justo a esa hora, decide seguir acostado un rato más. El día anterior tuvo que soportar el ofensivo intento de Holllywood por meterse al gigantesco mercado indio entregándole ocho premios Oscares a Slumdog Millionaire, película en extremo cursi y teñida de american dream por donde se le mire. Si bien la opinión de El Caleño está totalmente sesgada, ya que adoró a la damnificada de la noche, The Curious Case of Benjamin Button, la película india de director ingles tiene como mayor merito ser una mirada a la miseria. Un painspotting, parafraseando al mismo autor, que se concentra en la subida de Jamal y el reencuentro con la gélida y poco expresiva Latika. Más tarde, cuando El Caleño por fin llega al trabajo habla de lo mismo con LM y le dice a ella que Revolutionary Road es mejor película que Slumdog, que son como caras opuestas y que mientras en la segunda se construye ese sueño americano en la otra esa misma ilusión se va derrumbando. Entonces El Caleño y LM coinciden en que Kate Winslet es el alma de esa cinta, y se acuerdan de esa escena casi final, viéndola a ella mirar por la ventana, mientras poco a poco se desangra debido a un aborto mal hecho. Después no hizo mucho, al mediodía se encuentra con WA y se toma un café esspressosinazúcar con un par de cigarrillos y se da cuenta un poco de que el tedio consume su vida. Después no pasa mucho, dos malas noticias, una cumbre de alcaldes a la que hay que ir al día siguiente y el domingo el presidente en Cali para inaugurar un desastre como el MIO. En todo caso El Caleño no piensa y todo se pasa rápido, cuando se da cuenta son las 9 p.m. y sale con G y con S de la oficina. Se va, como todos los días, con G en el mismo bus y este le pregunta que como se hace para hablar con una niña que le gusta a uno. El Caleño, que se ha estrellado varias veces con esa pregunta sabe muy bien lo que va a decir aunque lo que no sabe es si esa es la respuesta correcta. Dice, El Caleño, que cuando habla con una niña que le gusta habla despacio, escogiendo lo que va a decir, a veces mecánicamente, con miedo de dar un paso en falso y no encontrar el piso, sólo vacío. Dice, El Caleño, que cuando habla con una niña que le gusta es especialmente torpe y, no intencionalmente, es difícil que deje de mirarlas a los ojos. Dice, El Caleño, que también las palabras se convierten en un nudo en su garganta y que es usual que las deje ir sin decirles nada particularmente importante. Luego de decir esto, un poco más tarde, en su cuarto, mientras escucha una versión de Subterranean Homesick Alien de Radiohead en voz y arreglos de Easy Stars All Stars, mientras escribe apresuradamente, piensa en ella, en lo que no le pudo decir, y se muerde un poco los labios. Pero no hay problema, más tarde empieza la Champions.
Hace un tiempo, un par de años a decir verdad, mientras leía por primera vez uno de mis libros favoritos encontré un reto que decidí hacer. En el libro “la velocidad de las cosas” del inmenso escritor Rodrigo Fresán, se hablaba de un profesor que les pedía a sus alumnos escribir un diario y que se registrara todo cuanto se hiciera en un día. Lo decía un poco así. “Otro de mis escritores favoritos –un adicto al alcohol y a la epifanía al frente de las clases sinuosas en las que cada vez fuimos quedando menos porque no hay nada más terrible para un aprendiz de escritor que ser testigo de la debacle de un escritor magistral- nos había propuesto un sistema de estudio de desarrollo tan caprichoso como finalmente lírico. 1. Lo primero que nos pidió fue que escribiésemos un diario que abarcase por lo menos una semana. Allí deberían aparecer registradas todas nuestras experiencias. Sentimientos, sueños, orgasmos, ajustadas descripciones de la ropa holgada que vestimos y los colores de las botellas que vaciábamos. 2. El segundo paso consistía en escribir un cuento en el que siete personas o paisajes que aparentemente no tuvieran nada que ver entre sí aparecieran profundamente relacionados. 3. El tercer paso –y ésta era su asignatura favorita- era redactar una carta de amor como si se la estuviera escribiendo desde un edificio en llamas. «Este ejercicio nunca falla», aseguraba con lágrimas en los ojos.”
Después me di cuenta que todo era verdad, que el adicto al alcohol y las epifanías tenía un nombre y que, en efecto, sus clases se centraban en eso. John Cheever pidiéndoles a todos y envuelto en la penumbra del alcohol, en clase, que registraran todos y cada uno de sus momentos.
Ahora, este es un nuevo ensayo, tomas elegidas de un metraje inconcluso, recuerdos selectos al mejor estilo del Reader Digest, ganas de entenderme. Take two.
Prepostal
20-21-22 02 08
Buscando un estilo busca en su archivo y encuentra el ejercicio de escritura que había hacho hace ya tantos años. Se preguntó, de nuevo, si llamarse el colombiano estaría bien, si decirse El Mantra no sería un exceso, si seguir escribiendo en tercera persona buscando refugio en su distancia. Lo pensaría un poco, dijo, mientras cerraba el libro que últimamente viajaba con él a todas partes. Lo pensaría un poco pero acabaría, como siempre, volviendo a lo clásico. Entonces una pequeña desviación, localizada, más regional y especifica. El Caleño decidió empezar a escribir, pensando en que tal vez ubicarse en el mapa podría ayudar a entenderlo.
200208. Lo último que pensó El Caleño antes de acostarse a dormir fue en mandarle un mensaje a C ya que cumplía años. Luego de darle algunas vueltas y de pensar en lo molesto que puede ser un mensaje de texto a medianoche cuando no es de la persona correcta se acordó que ya no tenía saldo en su celular. Ese día, al levantarse en la mañana para ir a trabajar El Caleño se tomó su tiempo, como siempre y salió de su casa una hora más tarde. En el camino cargó su celular y, tiempo después, llegó a su oficina. Tarde. Inmediatamente recibió un llamado de su jefe y una lista interminable de tareas, de entrevistas por hacer, de “labor periodística”. El Caleño, resignado y abnegado como siempre, llamó primero a C. ¡Feliz cumpleaños! le dijo desde lejos esperando poder verla más tarde, aunque El Caleño hubiera dejado su regalo en casa intencionalmente. Después, trabajar y poco más que decir, comprar unas cosas en Falabella, terminar el informe de último momento. En la tarde sale el arco iris pero El Caleño no lo ve. En la noche le dicen que hay parche y todos terminan donde siempre, donde más les gusta estar. En Las Fuentes las cosas son como siempre han sido, mucha gente en la calle, muchos rostros conocidos, mucha música. A celebrar el cumpleaños de C han ido MG, PP, MC, CA, HB y su novia de quien no conozco el nombre, CP y unos amigos de él, luego llega JL y su primo. La noche se pasa rápida, cae una lluvia deliciosa, y El Caleño no tiene tiempo de hablar con C, aunque después se dicen un par de cosas y ella se va. Tras leer esto El Caleño se da cuenta que la precisión realmente no ha sido lo suyo pero no le importa porque por algo esta es una prepostal, un borrador, un que tal que si, un día que sólo es importante porque ella estaba allí.
210208. El Caleño, enguayabado aún gracias a la salida del día anterior, se revuelca entre sus sabanas. Son las doce del día y se dedica a ver televisión. Todo el día, se ve Big Fish y se da cuenta que es una película hermosa. Sencilla y simple, se parece a una versión del Quijote. El padre que es un poco como don Quijote y su hijo es una especie de Sancho. La realidad y la imaginación se enfrentan y no es una pelea limpia. Al final, como en el libro, el hijo termina contándole al padre la historia de su muerte, como a la vista de todas las personas que ha conocido se trasforma en un gran pez que se aleja nadando en medio de aplausos. Después El Caleño se ve el partido de la Juventus y que su equipo gane por dos a cero lo hace muy feliz. Más tarde sigue viendo televisión y ojea un par de libros que tiene sobre el escritorio. Enciende su PC y escucha a Juana Molina. Le manda un sms a C y le dice que ahora Juana Molina le gusta mucho más que antes. Lo que no le dice es que Juana es en este momento mucho más importante porque es de las pocas cosas que comparten.
Después se duerme y no sueña.
220208. Se despierta tarde, El Caleño, escucha el programa de Diana Uribe en Caracol y luego enciende el PC. Copia un par de cosas a su USB, entre ellas unas fotos que piensa mandar por mail a su tía que vive al otro lado del mundo y unos fragmentos de textos que piensa enviar a varios amigos. Escucha, de nuevo, a Juana Molina y se decide por fin empezar a escribir este “diario” para darle un poco de vida al blog que ya bastante descuidado se encuentra. Es la una de la tarde y El Caleño tiene que bañarse para salir a trabajar. Cuando sale el día está hermoso, como para viajar a bañarse en el Pance o como para un paseo en bicicleta en Dapa. Piensa en leer un poco pero la ciudad está bella como pocas veces, entonces… leerla como pocas veces. Luego llega al trabajo y las cosas están como siempre. En la noche entregan los Oscares y quiere que Benjamin Button se gane el de mejor película, aunque no cree, aunque a C no le haya gustado.
Blog para los que les gusta repetir, tanto lecturas como películas como amores como decepciones como... para los que gustan de tropezar con la misma piedra pero cayendo siempre de diferentes maneras.