domingo, 13 de julio de 2008

Se reanudan las relaciones bilaterales


Luego de meses de estancamiento en las relaciones entre Colombia y la hermana republica de Venezuela las cosas volvieron a marchar. Muchos hubiéramos preferido una lucha en el lodo o cubiertas de chocolate pero… las cosas tampoco son tan perfectas.

Everlasting love

Este domingo se jugó la final del torneo apertura de la Copa Mustang. La final enfrentaba al América de Cali contra el Boyacá Chicó en un partido de pronóstico reservado dadas las características de ambos equipos. El América como un exponente del fútbol rápido y vertical que se profesa en Europa y el Chicó de toque en el medio y manejo de tiempos más congruente con la escuela sudamericana. Una final no apta para cardiacos, una final para mentar todas las madres.
Como enfermizo hincha del América que soy, el domingo llegué a mi trabajo vestido enteramente de rojo. Gafas, camisa, tam, zapatos y maleta de color rojo, preparado para una fiesta que desde varios días atrás venia preparando en mi cabeza. Celebrar la estrella trece del equipo de alma, humillar a los hinchas del Cali, Nacional y Millonarios demostrándoles una vez más que el América es más grande que todos ellos juntos, que el rojo es uno sólo, que es sangre, pasión y alma. Lastima. Perdimos desde el punto penal luego de que Pablo Cesar Arango y Adrián Ramos fallaran sus respectivos lanzamientos. Así entonces Chicó celebró su primera estrella y yo, al igual que millones de colombianos, estuvimos al borde del llanto tras ver a nuestro glorioso equipo estar tan cerca del titulo y perderlo. No voy a hablar de actuaciones individuales o yerros colectivos, sólo queda decir que el equipo se desempeñó de buena forma a lo largo del torneo y si ahora me preguntan si merecimos o no ser campeones mi respuesta sería totalmente subjetiva.
En dos o tres semanas arranca de nuevo la Copa Mustang y en esta ocasión el torneo finalización (o clausura) tendrá equipos con nominas bastante reforzadas por lo que no le auguro al rojo mucha suerte. Espero que nos clasifiquemos al octogonal semifinal, espero que nos vaya bien en la Copa Nissan Sudamericana, espero que Calamaro de verdad venga a Colombia aunque si ninguna de estas cosas ocurre no importa, los voy a seguir queriendo. Por eso el titulo.

PD: Es increíble que no haya llorado el domingo tras el final del partido, de hecho todo lo he tomado de una forma muy madura. Me sorprendo a mi mismo, puede ser que estoy creciendo.

viernes, 4 de julio de 2008

Just a little time

A veces me cuesta darme cuenta de que tengo todo el tiempo que necesito. Tiempo para leer, tiempo para escribir, tiempo para ver fútbol, tiempo para ver cine, tiempo para poner en orden, o por escrito, mis sentimientos. Tengo un trabajo flexible que me da la oportunidad de disfrutar de mucho tiempo libre pero no lo aprovecho, de hecho no hago nada.

Hace poco más de un año, cuando trabajaba diariamente, lo único que quería era un día de descanso. Poder tirarme un rato en mi cama para abrir los ojos después, solo cuando me diera un poco de hambre o de sed. Ahora que tengo todo, todas las posibilidades se abren ante mí y no hago nada por ellas. Sigo tirado, lay down.

Y ya he dejado pasar cosas, o al menos eso creo. No he vuelto a llamar a la gente de esa revista que quería que fuera su “colaborador”, no le he dicho a esa niñita que de verdad la quiero, no he terminado de escribir ese guión que ya tiene seis meses estancado. Hay un dicho que me gusta repetir con frecuencia, no sé de donde lo saqué pero para mi ha sido una especie de consuelo “siempre hay tiempo hasta que se acaba”. Siempre hay tiempo hasta que se acaba y me lo repito como si fuera un mantra, como si en esas justas palabras residiera toda la verdad, sin saber que cada vez la arena cae más rápido.

P.D: no vuelvo a hacer promesas solemnes por que suelo incumplirlas, pero ya tengo cierta cantidad de compromisos adquiridos hasta el domingo. Si el América sale campeón este fin de semana me bebo un estanco (licorería) completo.

viernes, 23 de mayo de 2008

Otra tarde de fútbol

Hace muchos años, en una entrega de premios MTV Europa en Milán, el por entonces cantante de Blur, Damon Albarn, debió entregar una de las estatuillas junto a Ronaldo. El brasileño, que brillaba en ese tiempo en el Internazionale y no andaba enredado con travestís, no pudo evitar sonreír cuando el desgarbado londinense de al lado le proponía que jugara, por que no, en su equipo favorito que solía pelear el descenso. “You can play for the Chelsea, U’ know?” le repetía Albarn mientras Ronaldo enseñaba el agujero entre sus dientes en una sonrisa publicitaria, sin llegar a imaginarse que unos años después este pequeño equipo estaría a doce pasos de coronarse rey de Europa.
Chelsea – Manchester como el esperado cierre de temporada en una Champions League que no contó con dos históricos, Bayern Munich y Juventus, pero que siguió rediseñando nuestras agendas y aplazando citas. Tardes de fútbol, 90 minutos sin teléfono, sin novia, sin responsabilidad. Sólo vos y veintidós más haciendo inolvidable el día, esperando por el 21 de mayo tatuado en el calendario.
En Moscú se juega la final de la copa, primera final inglesa y Manchester United parte como favorito pero el Chelsea también juega y su dueño, el magnate petrolero Roman Abramovich, los hace sentir como en casa. Para los de Manchester es la posibilidad de un tercer titulo europeo, para los de Stamford Brigde el primero en sus vitrinas. La primavera rusa está en el aire y el pronóstico climatológico da posibilidad de lluvias y fallos frente al arco.
El partido arrancó trabado en el medio, con dos equipos que no querían regalar ni un centímetro. Controlados Cristiano Ronaldo y Ballack, ambos conjuntos se estudiaban y no dejaban lugar al error. Luego de 26 minutos de orden táctico, Scholes se asoció en una pared con el lateral Brown quien centró al área blue. Cristiano entonces se eleva y marca el primero de la noche y su octavo gol en la competición. Jubilo rojo en las gradas y en Londres tristeza, en un estudio de grabación al ahora cantante de Gorillaz y The Good, The Bad & The Queen, Damon Albarn, todo esto le debe parecer un tanto irónico. Ronaldo marca pero no todo está decidido, el Chelsea adelanta sus líneas y empieza a llegar con más peligro. Lampard consigue el empate finalizando el primer tiempo luego de un rebote que deja en el piso a Van der Sar.
El segundo tiempo es un choque de trenes, ambos equipos salen a buscar el partido en medio de la helada lluvia moscovita. El Chelsea, revitalizado tras el empate, toma el mando en el partido, Joe Cole marca hasta el límite a Ronaldo anulándolo casi por completo mientras que por las bandas suben Essien y Ashley Cole, empujados por el ímpetu que ponen veteranos como Lampard y Ballack. Las llegadas se van sucediendo unas a otras y hasta Drogba se da el lujo de estrellar uno de sus remates en el palo. Los tiempos extras se ven ahora como una posibilidad que no se había tenido en cuenta mientras que en la tribuna los policías rusos intercambian sus uniformes por camisas del Manchester prediciendo una nueva revolución roja.
Tiempo extra. En Moscú son más de las 12 de la noche y esta se convierte en la primera final de un torneo que se juega durante dos días. Drogba es expulsado luego de darle una cachetada a Vidic y hay un momento en que seis jugadores de ambos equipos yacen en el suelo victima de los calambres, incluso Hargreaves y Lampard tienen tiempo para ayudarse mutuamente. Faltando poco para el fin del partido Frank Lampard estrella un nuevo disparo contra el horizontal, luego el árbitro pita el final del juego. Lo que antes fue un juego colectivo, ahora se trasforma en un reto individual.


Sólo los tiros libres desde el punto penal pueden dirimir un partido que se antoja épico. A inicio de temporada ambos conjuntos se habían medido por el Community Shield, la recopa inglesa, en los 90 minutos habían empatado a uno y en la definición por penales Van der Sar se había erigido como héroe deteniendo tres de los disparos azules, en Manchester le apostaban al Déjà Vu y no estuvieron tan lejos, aunque las cosas arrancaron mal. Al inicio los cobradores de lado y lado acertaron hasta que le llegó el turno al 7 rojo. Cristiano Ronaldo, el mejor jugador del mundo, goleador de la liga inglesa y la Champions, trató de engañar al portero y Cech contuvo su remate. Es fácil imaginarse los rostros de los hinchas rojos, su mejor pieza, la manija del equipo desperdiciando uno de los cobros. Holocausto, tragedia, saudade portuguesa, la cotización del astro luso cae a cifras de copa Mustang. Los cobradores continúan acertando y ahora sólo hace falta un cobro, el del capitán del Chelsea. Los poco más de 45 metros que debe recorrer desde el centro de la cancha se hacen eternos, la lluvia ha caído durante esos dos días en Moscú y la temperatura desciende a casi cero grados centígrados. Terry toma el balón entre ambas manos, luego de más de 120 minutos de intenso juego, de sacar una pelota casi desde la raya, luce un poco más casado de lo habitual, incluso en tiempo extra los calambres lo han tendido en el piso. Ahora sólo queda patear y que la historia se siga escribiendo sola pero falla el disparo, resbala y cae. Talvez es la presión o un nuevo calambre o de pronto la grama, que se importó exclusivamente para este partido y que nunca terminó de instalarse, en todo caso el Manchester regresa a la vida y los ceros aumentan nuevamente en el pase de Ronaldo que corre a abrazar a Van der Sar quien detiene el último lanzamiento, el de Nicolás Anelka quien no atina a decidirse por un palo y la deja en las manos del guardavallas holandés.
Gana el Manchester y unos pueden decir que se hizo justicia, que el United no perdió ningún partido en el torneo pero en la final las cosas fueron a otro precio, más sufridas, más dramáticas con lagrimas de lado y lado. De cosas así está hecha la historia. Un poco de tristeza quedó tras las dos horas de extenuante partido, tras los dos días de juego, tras los 22 hombres encalambrados. Se terminan la Copa de Campeones, la copa UEFA y las principales ligas europeas, el fútbol bien jugado se da un descanso, aunque no todo está perdido, en junio arranca la Eurocopa.

viernes, 16 de mayo de 2008

Un buen día

Hoy en la mañana me levanté pensando es eso, en lo que para mí podría ser un “buen día”, en la definición concreta o precisa de un día magnifico y maravilloso. Un buen día podría ser ese martes en el que te ganás la lotería o tal vez ese domingo, cuando te despertás a las 6 a.m. con resaca, y te encuentras en la televisión en el prime time del fútbol mundial con un Manchester United – Chelsea, Liverpool – Arsenal, Juventus – Inter, Roma – Milán y Real Madrid – Barcelona uno después del otro, todo el día o también, un buen día es, ese viernes donde por primera vez le tomas la cara a la niña que te gusta y la besas justo, apenas, en los labios. Un buen día, hay tantos…
Buen día el que tuvieron el miércoles los hinchas del Zenit de San Petersburgo, en especial los 8.000 que viajaron hasta Manchester para hacer parte de la historia y ver a su equipo coronarse, por primera vez, campeón de la copa UEFA. En una final del todo atípica se enfrentaban el Glasgow Rangers de Escocia contra el Zenit de Rusia, el estadio lucía abarrotado de hinchas escoceses que no sólo habían colmado el estadio sino también las calles de la ciudad inglesa listos para desatar la celebración… un buen día, como ya lo había dicho, un buen día fue el que tuvieron Konstantin Zyrianov e Igor Denisov, los anotadores de los goles, además del 10 ruso Arsavin, quienes le dieron la gloria a su equipo actual campeón de Rusia, repitiendo la hazaña que dos años antes había logrado el CSKA de Moscú. God saves the champion.
Buen día también el próximo miércoles y la final de la UEFA Champions Ligue entre el Manchester United y el Chelsea en Moscú, ojala el triunfo sea para los azules de Londres.
Buenos días te dicen al levantarte, al llegar al trabajo, a la universidad, al hablar con el paisa que te vende las arepas o el pan. Lo dices un poco sin desearlo realmente, sin en verdad pensarlo, vamos por todos lados repartiendo buenos deseos tal vez pensando muy en el fondo que algo de esa buena fortuna nos puede tocar a nosotros. Justo en estos momentos salgo a probar suerte, haber si tengo lo que hasta ahora he denominado un buen día, salgo a verme con ella para, como escribió alguien a quien admiro, regalarle o mentirle algo que ha esperado mucho más que cinco minutos.





P.D.: buenos días lo que se aproximan, a partir del 6 de junio, días antes o días después, arranca la Eurocopa 2008 en Austria y Suiza. Fueron años de espera ahora está cada vez más cerca.

P.D.: Por segunda vez “reabro” el blog. Por segunda vez digo que no hay nada que celebrar. Por segunda vez me lo prometo. Por segunda vez prometo lo otro.

viernes, 18 de abril de 2008

Pruebas felinas contra las Farc

Según fuentes oficiales, enuno de los indestructibles computadores de Raúl Reyes, seencontraron fotografías que vincularían al felino que atacó a cuatro niños enSantander de Quilichao con las FARC.
Para la Fiscalía, 'El gato terrorista era el encargadode probar la calidad del uranio que tenía la guerrilla cerca de Bogotá, locual le ocasionó la rabia cuando se dio cuenta que el material era empobrecido'.
El narcouranioterrorista gato, viajaba clandestinamente a Ecuador, parareunirse con el Presidente Correa, pero en Santanderde Quilichao fue interceptado por un grupo de niños, quienes al darsecuenta del personaje intentaron capturarlo para matarlo, cortarle una garray cobrar la recompensa.
Sin embargo, el felino (con botas machita) logró escapar dando muerte a uno de los ingenuos seguidores de la seguridad democrática.
Por otra parte, 'Hintelijencia' militar está tratandode establecer la responsabilidad del gato y las FARC con la pérdida delpartido de fútbol de la selección Colombia ante Honduras, y las crisis porlas que atraviesa el Junior de Barranquilla y el Nacional de Medellín,puesto que el juego de los oncenos futbolísticos está empobrecido, al igual que el material radioactivo de la guerrilla.
Ante las pruebas encontradas en el computador, elGobierno ha anunciado una recompensa de 5000 millones de pesos a quien ofrezca información sobre la ubicación del animal, eso sí, aclaran, que este monto es por todas las siete vidas, pues de lo contrario la recompensa aumentaría a 35.000 millones y el Ministerio de Defensa tendría que declararse en quiebra.
Según información del DAS e INTERPOL, el mininoterrorista ha cambiado su aspecto para salir en varias oportunidades del país.Una de ella para reunirse con Osama Ben Laden y recibir instrucción sobre la fabricación de minas quiebrarratas, lo que tiene muy preocupados a funcionarios del alto gobierno y a la gran mayoría del Congreso de la República.
La intelectual, periodista, socióloga, economista, sicóloga, politóloga,historiadora, investigadora, científica social y funcionaria de la oficinade prensa de la Casa de Nariño, Claudia Gurissati, logró entrevistar a varias ratas de la red de informantes que aseguran que el gato sí es de las FARC; lo que según la elegante comunicadora, demostraría que la guerrilla no tiene voluntad de paz.
El ideologo del regimen, José Obdulio Gaviria, aseguró, que aunque él no es responsable, las Águilas Negras han declarado objetivo militar a todos los gatos que se encuentren cerca de niños. De la misma manera, el Ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, explicó que en colegios y universidades se investigarán a todas las niñas que usen cuadernos de la marca 'Hello Kitty' por considerarse propaganda alusiva a las FARC.
El Comando Sur de los Estados Unidos ya actuó paracontrarrestar la nueva modalidad de los terroristas de las FARC y en el marco de las operaciones del Plan Patriota envió a un escuadrón de caninos a las selvas del país.
Según declaraciones de un campesino de la zona, 'Se sabe que estos perros cayeron en un campo minado y hay uno que tiene jodida una pata.' La versión no ha sido confirmada por fuentes oficiales peroperiodistas lograron conseguir una fotografía del animal, que como se puedever tiene jodida la pata.
Roberto Carlos, el cantante brasilero ha sido requerido por la FiscalíaGeneral, para que rinda versión libre y espontánea, que dé explicación de larelación clandestina de este narcoterrorista felino con el gato que estátriste y azul.

Colmensa-marzo de 2008

lunes, 14 de abril de 2008

Fútbol, fútbol, fútbol

La semana pasada fue de fútbol total. Pude ver dos de los mejores partidos que he podido disfrutar en el año. Y, como era de esperarse, ambos fueron por competiciones europeas, ambos en partidos de vuelta por cuartos de final y ambos luego de un empate a uno en el partido de ida, como si no.
Las cosas empezaron muy bien, el martes se enfrentaron en Anfield el Liverpool del buen técnico español Rafa Benítez contra el lírico Arsenal del francés Arsene Wegner. Sentimientos encontrados y mucho en juego. Tradicionalmente mi equipo en Inglaterra es el Tottenham Hotspur, eterno rival del Arsenal con el cual protagoniza el clásico del norte de Londres, pero esta vez hinchaba por los gunners. El trámite del partido desde el inicio fue vertiginoso, el Arsenal se fue arriba rápidamente pero los de Anfield empataron casi de inmediato, el tiempo pasaba y las llegadas de uno y otro lado aumentaban. Con el marcador de esta forma se forzaba al alargue ya que era idéntico al del partido de ida pero el español Fernando “el niño” Torres desequilibró la balanza al marcar luego de un rápido desmarque. Tras esto el técnico Wegner envió a la cancha al atacante holandés Robin van Persie y al sub 20 ingles Teo Walcott… y los cambios dieron resultado pocos minutos después. Luego de un tiro de esquina Walcott tomó el rebote en su propia área y salió eludiendo contrarios hasta el área rival, centró hacia atrás para que apareciera el goleador togoles Emmanuel Adebayor y marcara el empate y con esto la ventaja para su equipo. En ese momento la emoción subió a cuotas explosivas, como si estuviera en cualquier pub londinense grité el gol con todas mis fuerzas, por un instante olvidé mi sangre de Spur y el Arsenal me regaló un momento parecido al gol en tiempo extra del Tottenham frente al Chelsea en la final de la Carling Cup de este año. Pero esta emoción, como todo lo bueno, fue efímera. A los pocos minutos Kolo Toure defensa del Arsenal y hermano de Yaya el volante del Barça, le comete penal a Ryan Babel, el cual es cambiado por gol cortesía de Steven Gerrard. Con el marcador tres a dos el Arsenal se fue encima tratando de empatar nuevamente. Pero después de un tiro de esquina a favor de los gunners la saga del Liverpool lanzó el balón hasta el medio del campo donde lo esperaba Babel quien se lleva a Fabregas en velocidad y marca el cuarto. Goleada roja y lagrimas para los de Londres, “you never walk alone” gritan los hinchas del Liverpool mientras su equipo se retira de la cancha.


Poco después, el jueves, se enfrentaron como en la fabula, un David contra un Goliat. El Getafe, el equipo que nació en una peña del Real Madrid, el equipo de suburbio madrileño se encontraba cara a cara y enfrentado por el paso a semifinales de la copa UEFA contra el gigantesco Bayern de Munich del kaiser Franz Beckenbauer. En el partido de ida, en Munich, habían igualado a uno con un gol del Getafe en los minutos finales. El partido de vuelta se antojaba para los bavaros como de goleada y paseo pero las cosas fueron muy diferentes, más heroicas. El partido fue un poco predecible, con un Bayern decidido al ataque mientras el Getafe contragolpeaba ordenadamente. En una descolgada por derecha Cosmadin Contra, el lateral rumano del Getafe abre el marcador para el equipo español y el desconcierto se apodera de los rostros alemanes quienes siguen intentando marcar. Resistiendo los embates bavaros y contragolpeando el Getafe se pierde la oportunidad de marcar en varias ocasiones, incluso sin portero. Ya en la agonía del encuentro el italiano Luca Toni, que durante todo el encuentro ha luchado solo en el área rival logra bajar un balón para que aparezca de atrás el francés Frank Ribéry e iguales, marcador para irnos a la prorroga. Hasta ese momento todo se notaba ilógico, el Bayern, ¡el Bayern!, empataba contra un equipo desconocido mundialmente y aún no había ocurrido nada. Sólo a unos minutos de haber iniciado el tiempo extra el Getafe marca y dos minutos después aumenta esa cifra, apenas han trascurrido unos instantes del tiempo extra y el Getafe gana por tres a uno. El golpe emocional es grande pero hay un dicho que dice “el fútbol es un deporte donde se juega once contra once y al final siempre gana Alemania”, nada más cercano a la realidad. Faltando pocos minutos para concluir el encuentro, se cobra un tiro libre que deja la pelota sin mayor peligro en el área del Getafe, el pato Abondanzzieri arquero argentino, al cual odio viseralmente, trata de tomar un balón que se le escurre entre las piernas dejándole servido el descuento a Luca Toni. Tres a dos, falta un minuto. Todo el Bayern de Munich arriba, toda Alemania de pie, Oliver Kahn el arquero alemán sube hasta el área rival, se acaba el tiempo y los bavaros quedan fuera, ¡vergüenza teutona!, ¡hazaña en la UEFA! publicaran los diarios al próximo día. Mentira. Falta un minuto, si, pero en la cancha aún está Luca Toni. En un último intento desesperado el Bayern cruza un centro desde la izquierda que baña a los centrales españoles, Toni con toda la tranquilidad del mundo, como en un entrenamiento, como en su barrio en Florencia, mira la pelota y clava un cabezazo contra el suelo. Silencio, Abondanzzieri en el piso, ¡llora pato!, y Toni con el dedo en la boca, reclamando eso que se ha ganado, silencio, de todos, silencio. Tres a tres, de película, cuando el Getafe coloca la pelota en el centro ya no hay tiempo, el Bayern se clasifica a semis por gol visitante.
Fútbol, fútbol, fútbol. Afortunadamente existe, afortunadamente hay por quien rezar cada domingo. Doce futbolistas sudorosos corriendo, no todos, tras un balón durante 90 minutos, en ocasiones 120, en una catedral que a veces se llama White Hart Lane, San Siro, Delle Alpi, Santiago Bernabeu, Anfield, Monumental, Centenario o, de vez en cuando, Pascual Guerrero.





miércoles, 26 de marzo de 2008

La mente da en el poste


Por Juan Villoro

Supongo que al final de un torneo de ajedrez Karpov y Kasparov ven los rostros como una oportunidad de que la nariz se convierta en un caballo y se coma un ojo. Lo mismo pasa con el enfermo de fútbol. Para desacreditar de una vez cualquier asomo de sensatez en estas páginas, confieso que una tarde de fiebre resolví que, si los jarabes fueran futbolistas, la más temible media cancha estaría integrada por los contundentes Robitussin, Breacol y Zorritón. El aficionado in extremis lleva una pelota entre los oídos. Rara vez trata de defender lo que piensa porque está demasiado nervioso pensando en lo que defiende. Cuando los suyos pisan el pasto, el mundo, el balón y la mente son una y la misma cosa. Con absoluto integrismo, el fanático reza o frota su pata de conejo; en ese momento Dios es redondo y bota en forma inesperada.

Sería exagerado decir que todas las minorías ajenas al fútbol le profesan enemistad. A pesar de las obvias carencias de quienes creen que gritar "¡Síquitibum!" sirve de algo, hay quienes no honran al fútbol con otra reacción que la indiferencia. Pero tampoco falta el que ofrece sus cerillos para que el fútbol arda en hogueras ejemplares. Odiar puede ser un placer cultivable, y acaso las canchas cumplan la función secreta de molestar a quienes tienen honestas ganas de fastidiarse. Cada tanto, un Nostradamus sin otro apocalipsis en la agenda ve un partido, se chupa el dedo y decide que el viento sopla en pésima dirección. ¿Cómo es posible que las multitudes sucumban a un vicio tan menor? El diagnóstico empeora cuando el Mundial interrumpe las sobremesas y los matrimonios: los amigos que parecían lúcidos hablan de croatas impronunciables. Sin embargo, despotricar contra los malos gustos es inútil; nuestra amiga María preferirá hasta la eternidad los mangos verdes y Nicole Kidman galanes imposibles de elogiar.


El oficio de chutar balones está plagado de lacras. Levantemos veloz inventario de lo que no se alivia con el botiquín del masajista: el nacionalismo, la violencia en los estadios, la comercialización de la especie y lo mal que nos vemos con la cara pintada. Todo esto merece un obvio voto de censura. Pero no se puede luchar contra el gusto de figurarnos cosas. Cada aficionado encuentra en el partido un placer o una perversión a su medida. En un mundo donde el erotismo va de la poesía cátara a los calzones comestibles, no es casual que se diversifiquen las reacciones. Los irlandeses aceptan el bajo rendimiento de su selección como un estupendo motivo para beber cerveza, los mexicanos nos celebramos a nosotros para no tener que celebrar a nuestro equipo, los brasileños enjugan sus lágrimas en banderas king-size cuando sólo consiguen el subcampeonato y los italianos lanzan el televisor por la ventana si Baggio falla un penal.





El hombre en trance futbolístico sucumbe a un frenesí difícil de asociar con la razón pura. En sus mejores momentos, recupera una porción de infancia, el reino primigenio donde las hazañas tienen reglas pero dependen de caprichos, y donde algunas veces, bajo una lluvia oblicua o un sol de justicia, alguien anota un gol como si matara un leopardo y enciende las antorchas de la tribu.

En sus peores momentos, el fan del fútbol es un idiota con la boca abierta ante un sándwich y la cabeza llena de datos inservibles. Es obvio que la Ilustración no ocurrió para idolatrar héroes cuyas estampas aparecen en paquetes de galletas ni para aceptar el nirvana que suspende el juicio y la mordida. La verdad, cuesta trabajo asociar a estos aficionados con los rigores del planeta postindustrial. Pero están ahí y no hay forma de cambiarlos por otros.

En sociedades descompuestas Hamlet es una incitación a matar padrastros y el fútbol a cometer actos vandálicos o declarar la guerra. Para ser legítimas, las taras de los hinchas deben resultar tan inofensivas como la costumbre que los futbolistas tienen de escupir. Quienes hemos corrido infructuosamente tras un balón sabemos que escupir no sirve para nada, pero escupimos. Se trata de un mantra, como el del tenista que se concentra acariciando las cuerdas de su raqueta, sólo que más guarro. Llegamos a un punto esencial: si combatir al fútbol es tan infructuoso como perder el ánimo ante la supervivencia de las estudiantinas, elogiarlo carece de efecto proselitista. Nadie se convence "en teoría" de extasiarse con un gol. Hablar de un entusiasmo tan compartido y vulgar depende de otras claves: alargar en palabras los prodigios instantáneos, imaginarlos minuciosamente hasta que se conviertan en un dominio autónomo, un edén podado al ras. En suma: sustituir a un Dios con prestaciones que no trabaja los domingos.


En los partidos de mi infancia, el hecho fundamental fue que los narró Ángel Fernández, capaz de transformar un juego sin gloria en una trifulca legendaria.

Las crónicas de fut comprometen tanto a la imaginación que algunos de los grandes rapsodas han contado partidos que no vieron; casi ciego, Cristino Lorenzo fabulaba desde el Café Tupinamba; el Mago Septién y otros pocos lograron inventar gestas de béisbol, box o fútbol, a partir de los escuetos datos que llegaban por telegrama a la estación de radio.

Por desgracia, no siempre es posible que Homero tenga gafete de acreditación en el Mundial y muchas narraciones carecen de interés. Pero nada frena a pregoneros, teóricos y evangelistas. El fútbol exige palabras, no sólo las de los profesionales, sino las de cualquier aficionado provisto del atributo suficiente y dramático de tener boca. ¿Por qué no nos callamos de una vez? Porque el fútbol está lleno de cosas que francamente no se entienden. Un genio curtido en mil batallas roza con el calcetín la pelota que hasta el cronista hubiera empujado a las redes; un portero que había mostrado nervios de cableado de cobre, sale a jugar con guantes de mantequilla; el equipo forjado a fuego lento, pierde de golpe la química o la actitud o como se le quiera llamar a la misteriosa energía que reúne a once soledades. Los periodistas de la fuente deben dar respuestas con detalles que las hagan verosímiles: el abductor frotado con ungüento erróneo, la camiseta sustituta del equipo (es horrible y provoca que fallen penaltis), el osito que el portero usa de mascota y fue pateado por un fotógrafo de otro periódico.

El novelista que analiza tobillos eminentes puede ensayar conjeturas más desaforadas e indemostrables. Ya lo dijo Nelson Rodríguez: "Si los datos no nos apoyan, peor para los datos." La indagación literaria del fútbol parte de un presupuesto: la mente decide los partidos y jamás sabremos cómo opera. Lo importante resulta imponderable; los lances no derivan del rendimiento atlético sino de una habilidad secreta. Zidane filtra el balón a un hueco donde no ocurre nada pero ocurrirá Raúl; Romario hace un quiebre y prepara el perfil izquierdo: todos los ojos del estadio miran el ángulo equivocado; Valderrama se detiene, baja los brazos y duerme de pie, su siesta representa la forma más sorpresiva del ataque: la pausa.

Al escrutar estos asombros, el cronista renuncia a tener la razón absoluta; juega contra su sombra al modo de Gesualdo Bufalino: "Cada día lanzo penaltis contra mí mismo. Por gracia o por desgracia doy siempre en el poste". El fútbol es una condición subjetiva. Imposible saber si acertamos al interpretarlo. No hay solución a la infinita tarea de confundir el balón con la cabeza.

domingo, 23 de marzo de 2008

Simplemente fútbol

Ayer el fútbol me dio dos alegrías supremas. A primera hora, mi segundo equipo más amado, la Juventus de Turín, derrotó al puntero, a la escuadra llamada a ser campeona de Italia otra vez más. La Juve le ganó por dos a uno al Internazionale de Milán en su propia casa, en su propio Giuseppe Meazza. Los goles llegaron en el segundo tiempo, primero el italo-argentino Mauro Germán Camoranessi abrió la puerta del triunfo y pocos minutos después el franco-argentino David Trezeguet aumentó la cuenta, por los interistas marcó el portugués Maniche. En Italia las cosas se ponen buenas, la ventaja que en cierta época se consideraba casi insalvable a favor del Inter ahora es sólo de 4 puntos ante la Roma, su más inmediato perseguidor. La Juve no está cerca de la punta pero no importa, le ganó al líder y dejó claro que si volvimos a la serie A es a ganarlo todo y a todos.




Más tarde, mi más grande amor futbolístico, el rojo, el América de Cali derrotó en el clásico caleño al Deportivo Cali por cuatro goles a cero. Si bien hace quince días el América había caído ante este mismo rival por uno a cero en un partido lleno de problemas y peleas entre hincha y policía como ya lo había explicado en una entrada previa. Pues en este partido, donde todos esperábamos el resurgimiento del rojo luego de dos derrotas consecutivas, la última ante la Equidad en Bogotá por 4 a 0, las cosas cambiaron radicalmente. El estadio se vistió de blanco, hinchas rojos y verdes cambiaron el uniforme de su equipo por un blanco que reflejaba el deseo de todos de vivir un clásico en paz. Dos goles del panameño Luís Tejada y dos de adriancho, Adrián Ramos, le dieron una victoria amplia y merecida. Una vez más el América volvió a jugar bien, ordenado y rápido, además se destacaron las actuaciones de Pablo Armero y del arquero uruguayo Adrián Berbia, quien en el primer tiempo, y mientras el partido aún estaba empatado, sacó dos opciones claras de gol para el Cali.
Dos alegrías infinitas, como me he cansado de repetir, me dio el fútbol ayer. Pero la alegría no solo la da la victoria, no soy tan resultadista. Ganamos ambos partidos, jugando bien, sin humillar a los rivales, marcando cuando era necesario y sabiéndose replegar. Simplemente jugamos, simplemente ganamos, simplemente es un juego, el mejor y único. Todo esto es simplemente fútbol.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Movete rojo movete

Vuelvo a petición de Valentina, mi única lectora!!!

Hace poco hablaba con un amigo en el trabajo. Me decía que es curioso que en la infancia se tome una decisión más importante que la religión o el partido político, una decisión que forma nuestra personalidad, a Freud le hubiera encantado analizar este tema, y que es irreversible hasta el día en que muramos o que nos volvamos locos. Escoger un equipo por el cual simpatizar, que a veces es el del padre pero no siempre, es una decisión trascendental en la vida de todo hombre. Vestirse desde niño con los colores de tu equipo, aprenderse lo nombres de esos dos delanteros argentinos y ese defensa paraguayo cuando aún no se sabe ni siquiera sumar. Verse algún partido sin que te importe el resultado.

Cuando se crece las cosas cambian un poco. Ser hincha de un equipo se convierte en una decisión radical y con pocos matices. Se es hincha o no se es. Se va al estadio y se putea o se escucha por radio, no más. Parece que las opciones se reducen y la violencia en el estadio o entre hinchadas aumenta. Hace unos pocos días, en Argentina, un hincha de Vélez Sarfield resultó muerto en una riña y un hincha de Boca recibió una puñalada en el pecho. Acá en Colombia, el 8 de marzo, durante el clásico caleño que enfrenta al América contra el Deportivo Cali hinchas americanos se vieron enfrentados contra policías antimotines que se metieron a la tribuna. El saldo final no arrojó muertos pero si más de 80 hinchas del América heridos y un policía hospitalizado con varias puñaladas.



Es triste que ahora lo extrafutbolístico supere a lo futbolístico. Los jugadores mass mediáticos, las giras asiáticas, la violencia en el estadio. Ya poco importa lo que pase en la cancha mientras Beckham venda camisetas a 100 dólares. El América – Cali de hace quince días venía precedido de un gran momento para ambas escuadras. Los dos habían ganado varios partidos en línea y se peleaba por la punta, el Cali jugando ordenado y manejando tiempos, el América con un juego rápido, vistoso y punzante. El estadio era una caldera el América, el diablo rojo, oficiaba de local pero fue el visitante quien arrancó en ventaja. A los 15 minutos del primer tiempo el Deportivo Cali marcó el primero, el resto del partido el rojo se fue arriba pero el gol no se daba. En el minuto 35 del segundo tiempo el partido se detuvo, en la parte alta de la tribuna sur del Pascual Guerrero los hinchas rojos se enfrentaban en una batalla campal contra la policía. En la cancha el arbitro detenía el partido y el técnico americano, Edison Umaña, le conectaba un recto de derecha al rostro del técnico uruguayo del Cali. Lo que se suponía una fiesta, lo que se antojaba como el mejor clásico de los últimos años terminó antes de tiempo con los equipos corriendo a resguardarse en el camerino. Los siguientes días fueron de diferentes versiones y arrepentimiento. Los técnicos de ambos equipos se reunieron con las autoridades locales y se estrecharon la mano para la fotografía, el alcalde de la ciudad cerró la tribuna sur por 10 fechas para el América, posteriormente bajó la sanción a sólo dos, y las cabezas de la barra Barón Rojo, la responsable del incidente, se comprometían a realizar diversas labores sociales en la ciudad e incluso a reparar el estadio. Este sábado hay clásico de nuevo, esta vez el Deportivo Cali oficia de local y todos esperamos que no se repita ni el bochornoso espectáculo en la tribuna ni el marcador favorable al Cali.

Aún no se conoce en realidad lo que pasó ese sábado en la tribuna sur. Diversas versiones apuntan a que la policía, en una tradición muy colombiana, intentó sacar a los hinchas 15 minutos antes de concluir el partido lo cual habría desatado la bronca. Otros dicen que alguien gritó que había una persona con el escudo del Deportivo Cali tatuado en la espalda y eso llevó a que todos se arrancaran las camisas mostrando su respectivo diablo americano. También se afirma que las rivalidades entre facciones de la barra causaron el enfrentamiento, lo que si es seguro es que por un tiempo, los que somos hinchas del América y sufrimos cada partido vamos a dejar de oír, por un tiempo, a todo el Barón en coro, gritando, “movete rojo movete, dejáte ya de joder”.

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