domingo, 1 de febrero de 2026

domingo, 25 de enero de 2026

Cuarta semana (2026 01 25)

Este domingo, en el que escribe esto, se vio la primera película (en cine) del año. Le gusta mucho el cine, desde que estaba en la universidad. Su carrera era un poco eso. Cine. Muchos de sus amigos lo hacen, cine. El año pasado vio Horizonte, una película hecha por uno de sus amigos y, para él, fue una de las mejor del año. En todo caso ahora escribe sobre No Other Choice, de Park Chan-wook. Le gustó, mucho. Por ahora, es su película favorita del año. Hace un montón no veía una película a la que hacer tantas preguntas. La de César, Horizonte, lo conflictuó un montón más. Era enfrentarse a su país. A la guerra interna y externa. La que vivimos por dentro y la que nos arrastra por fuera. Tras salir de verla se encontró con un dolor que no sabía que tenía. O sí, lo había olvidado. Ese dolor al que no escapamos como colombianos. El trauma colectivo de este país manchado de sangre.

La de PCW, en cambio, lo enfrentó al sistema, a lo que viene, a la despersonalización. Una pesadilla. El enemigo, para el protagonista, no es la corporación que lo echa de su trabajo tras 25 años de entrega con una liquidación y una anguila para comer. El enemigo son las personas calificadas que pueden llegar a ser una competencia para su puesto. Entonces, SPOILERS ADELANTE, diseña un plan para librarse de personas más capacitadas que él. Pasan cosas, muchas. Descubre una infidelidad que es como un espejo de lo que pasa en casa, pero PCW no nos lo deja saber del todo. Una muerte, aunque todo no sale como él lo quería. La siguiente, otra muerte. Rápida pero deja un casquillo en la escena. Es importante, el casquillo, vemos un primer plano. Le gusta hacer bonsáis y diseña uno con el cuerpo de su víctima. La policía lo visita y casi se delata, es muy torpe, pero su esposa lo sabe o lo intuye. Luego su hijo se lo confirma, a ella. Desentierra el cadáver. Cuando él, el protagonista que interpreta Lee Byung-hun, intenta matar a su tercera víctima su esposa lo llama y le dice que los esposos deben confiar y que si hacen mal, lo deben hacer entre los dos. LBH no confía en ella y es el peor error que comete. Antes de eso dudó en matar, pero se dice a sí mismo que no hacerlo invalidaría la muerte de los dos anteriores. "Muertes de perro", dice. Al final todo sale bien. En un giro como el de la escena del anillo en Match Point, resulta que la culpa de la segunda muerte es responsabilidad de la primera víctima. El casquillo. Importante. El trabajo que buscaba es de él, pero la fábrica es de luces apagadas. "¿Cómo es eso?" pregunta LBH y sí, la IA no necesita luces ni nada más que robots para operar. Y así, su idea de sindicato y de sus amigos y de estar con los compañeros que son los que hacen el papel pasa a ser otra. Estar acompañado de máquinas que no lo necesitan. Ya no hay que golpear el rollo de papel con un palo. Se tapa los oídos con tapones para no escuchar el concierto de metal que interpreta la planta mientras en casa su hija autista da, por primera vez, una interpretación casera con su chelo. Su madre la escucha.

domingo, 18 de enero de 2026

Tercera semana (2026 01 18)

Escuchó decir, no se acuerda para esta entrada si escribía en primera o en tercera persona, que por primera vez en la historia enero metió quince días en cinco minutos... y sí. Hasta más. El tiempo pasó volando. Hace poco estuvo en Cali, hace poco estuvo en Armenia. Hace poco leyó ese libro que le gustó y hablaba de otros tipos de economía, de regalos. Cosas diferentes son posibles si uno vive con el corazón lleno y da. La semana que pasó, pasó. ¿Se destacó algo? Solo más trabajo. Hace memoria de su lunes, que fue festivo; del martes, que implicó mucho trabajo y el miércoles estuvo enfermo, así como el jueves. El viernes se recuperó para que se acabara la semana. Está leyendo su segundo libro del año. Se llama Cosita, de Alba G. Mora y es de una mujer que mira el mundo de forma singular, que se aferra a rutinas y otras ceremonias para evadirse de la realidad, de los padres muertos y de su propio futuro. El sábado en la noche vio una peli con su esposa, francesa (la peli) y el domingo vio fútbol, jugó Blue Prince. Se acostó a las 10:30 p.m.

domingo, 11 de enero de 2026

Segunda semana (2026 01 11)

 Avanza el año, trepidante. Ya pasaron más de diez días del inicio del año. Lo siente diferente distinto, al 2025 aunque como lo sabemos todos el tiempo no es más que un constructo. Avanza sin que sea necesario medirlo. Va. Durante esta primera semana leyó el primer libro del año. The Serviceberry de Robin Wall Kimmerer y le gustó mucho. Le dio cinco estrellas en Goodreads donde, además, se puso como meta leer cuarenta libros durante este 2026. Sabe, como con el tiempo, que medir el número de libros es un acto irracional. O, más que eso, un acto carente de importancia. ¿Qué importa, realmente,  leer 40 libros o 200 libros? Importa más conocerlos en el fondo, hacer algo con ese conocimiento. Espera que The Serviceberry le sirva mucho porque resonó con él. "Mi riqueza está en la barriga de mi vecino" cita Wall Kimmerer en su libro. La belleza de compartir en la medida de lo posible, dar como un acto vital. Siempre le ha parecido bonito el nourish inglés. El nutrir, el darte energía, como parte del comer. Cuando puede lleva galletas a la oficina, lleva gyozas, llevar babaganoush que no es mutabal pero se confunden. Invitar a personas a comer en su casa. Dar, lo que pueda dar. Pese a lo irracional que sea, es para él y para todos, el día número once de este nuevo año.

domingo, 4 de enero de 2026

Primera semana (2026 01 04)


Es la primera semana del año y El Caleño, yo o FB, en Bogotá desde hace dos, reflexiona sobre lo que fue su 2025 y sobre lo que viene. Muchas ganas tenía de que se acabara ese año pese a que hizo mucho y volvió a estudiar y todo estuvo bien, pero no. Necesitaba un reinicio. Un volver a empezar. Un borrón y cuenta nueva. ¿Es este o seguirá repitiendo y repitiéndose? Recuerda el lema del blog y de tropezar con la misma piedra y caer de manera diferente, recuerda las Goldberg variationen, recuerda y quiere que este año, que es una medida de tiempo tan arbitraria como cualquier otra, sea diferente, sea mejor. Es por eso que ha decidido que escribirá una vez por semana sobre su vida y será como el diario que llevó hace tanto tiempo y cómo cada día era único. Lo intentará, sí. Más detalles, adelante.

miércoles, 2 de julio de 2025

Vista desde un escritorio

Como ahora he decidido volver a escribir, gracias a la experiencia primero positiva (y después no tanto) con Sally Rooney, voy a seguir escribiendo. De las cosas que me gustan, de las cosas que se me ocurren. De las cosas que quiero contar y no sé a quién, aunque se las puedo contar siempre a mi esposa que me escucha así a veces no me entienda del todo porque todos somos raros y quizá nos falta contexto. Así entonces, así las cosas, escribo sobre el libro que leí luego de leer Dónde estás, mundo bello. Agrego enlace a la reseña/crítica que subí a Goodreads y agrego enlace a mi perfil también, por lo que ahora, luego de revisarlo, me doy cuenta que el libro que leí después del de Rooney fue Con el corazón en la mano de Aterciopelados. Como hace tanto tiempo que no escribo acá, no me acuerdo cómo hacer notas al pie, que es el lugar que merece ese documento... en fin. Tantas líneas y aún no he entrado en el tema que me convoca hoy. Para que exista una clara diferencia entre lo que vengo diciendo y lo que voy a decir, acudo al punto aparte.

Vista desde una acera de Fernando Molano Vargas fue una de mis lecturas de junio. Diría que la mejor, aunque compartió mes con Maniac de Benjamín Labatut. Me gustó leer a Molano Vargas en junio porque es el mes del orgullo y quien más orgulloso de ser, de vivir y de sentir que quien fuera Molano Vargas. Una novela hermosa sobre el amor de dos hombres, sobre la vida de dos hombres, sobre cómo crecen, cómo se encuentran, cómo conocen lo que será su fin. Novela que arranca casi por el final, por la noticia triste del VIH y que sigue con infancias en Armenia y Bogotá. Con romances de padre y madre, con hermanos y hermanas. En su reseña, a la que le di cinco estrellas, dije esto:

Que libro tan bello. Que libro tan triste. Que libro tan esperanzador. Que amor más grande. Ojalá todo el mundo conociera a Molano, ojalá todo el mundo leyera a Fernando.

Como me pasó con Rooney, con Molano también terminé con ganas de decir algo. Luego de citarme a mí mismo sin pudor y con descaro, como un adolescente, le pido a cualquiera que lea esto que luego lea a Molano (si no lo conoce) o que lo relea (si lo conoce ya). Que tratemos de amar cada día a quienes podamos, para que ayudemos a llenar el vacío que dejó el amor inmenso entre Adrián y Fernando.

lunes, 2 de junio de 2025

Es 2025, es junio, es dos. Es lunes. Es Dónde estás, mundo bello

Hoy me terminé de leer Dónde estás, mundo bello de Sally Rooney. Fue tal el choque que saqué una libreta para anotar mis impresiones, que abrí blogger para escribir esto que escribo y que usted, o usted, lee. Lo que escribí en la libreta hace unas horas quizá difiere un montón de lo que escribo acá.
Quizá sí es más profundo, como un mail intercambiado entre Alice Eileen. y lo que me llevó a escribir en la libreta fue algo que llevaba en el pecho y la cabeza desde que empecé a leerla hace una semana, es decir más o menos en 2025, en mayo, el 24. Y era algo que no me podía sacar de la cabeza y que me afectaba de alguna u otra forma.
Me afectaba como si me pasara a mí directamente. Algo que había leído en una de las páginas, un correo de Alice Eileen después de su viaje a Roma, y que yo pensaba, que había pensado y aún pienso, pero que nunca lo había puesto en palabras. Que no lo había dicho, que no lo he dicho y no se lo he contado ni siquiera a mi esposa. Dicho así suena gigante, pero no. Es más que mi personalidad no es dada a compartir cosas privadas, un poco emocionalmente cerrado como lo es Simon en el libro, y me cuesta un montón expresar profundidades propias.
Es así entonces como le daba vueltas. Como me caía mal Alice por parecerse a mí y por ser una manipuladora y por querer hacerse daño involucrándose con alguien a quien conoce de un par de días; y como me caía mal Felix por hacer cosas que yo ya no podía hacer, por conocer a alguien increíble como yo había conocido antes y la emoción de esa novedad, de descubrir a una persona nueva, y me caía mal porque pensaba que le iba a hacer mucho daño a ella, a Alice, y que la trata mal y es cruel pero al final no importa porque él termina siendo el más sensato. Y me cae mal Simon por estar enamorado tanto tiempo, porque yo lo estuve antes y en la misma libreta donde escribí eso otro está escrito algo que escribí para esa persona en un momento en el que solo sabía que la quería más que a nada. Y me cae mal Eileen porque no decide nada sobre su vida. 
Al final de cuentas Dónde estás, mundo bello pasa, transcurre, mientras en el mundo ocurre uno u otro genocidio, mientras la gente se mata como se ha matado desde antes de empezar a caminar erguidos pero que, mientras todo eso pasa, la gente sigue relacionándose y siendo amigas, hablando quizá la una junto a la otra, o por telegrama, o por código morse o por teléfono, por WhatsApp y, como no, por correo electrónico. Y el mundo sigue siendo bello mientras las dos amigas se escriben por correo pero no se cuentan nada y reaccionan solo a unas cosas específicas que se cuentan y a otras no. Mientras no ocurre nada, porque a veces la vida es así y no pasa nada en un par de meses, tenemos alguna crisis y al final barremos los vidrios rotos de una copa que se estrelló contra el piso de la cocina. Esto, que no es una reseña, sí es unas ganas de escribir otra vez. Creo que eso me lo deja Rooney al final. Unas ganas de decir. De contar cosas, de hacer el amor y de decir te quiero mucho, porque es verdad y porque te quiero mucho ARCC, unas ganas de abrirme, aunque no tanto y tal vez con acompañamiento psicológico, no vaya a ser que al final haga más daño que bien. 
Al final, me quedo con el capítulo 23, p. 225, como el amor más grande expresado en todo el libro y con una escritura de un estilo maravilloso. 
Al final, otra vez al final, resumo un poco. Las dos terceras partes iniciales fueron muy buenas y el último tercio cayó en lo cursi rápidamente. ¿A Rooney le gustaban demasiado sus dos amigas protagonistas y debían terminar sonriendo el libro? 
Al final, última vez al final, todo sale bien por motivos (because of reasons). Felix no era todo lo malo que parecía, Alice lo quería usar para ser miserable y volver a escribir pero no, lo opuestos se atraen y las clases sociales opuestas un poco, también. Simon cumple su sueño y Eileen también, juntos. La vida sigue, fluye. Las lenguas se olvidan y se crean otras para expresar lo mismo. 
Eso, acá sigo. Más detalles, adelante. 

sábado, 31 de diciembre de 2022

Lo mejor del 2022

 

Siguiendo con esta tradición, variándola tan sólo un poco pero manteniendo la esencia, dejando escurrir los “greatest hits” versión 2022, escribo lo que, al parecer, fue lo mejor de mi año, aunque esta vez sólo he incluido lo que más me ha gustado “emocionalmente” dejando por fuera trabajos y obligaciones. Injusta e insensata como todas las listas, dejándome llevar por la tiranía del último momento que nubla hechos relevantes ocurridos durante los primeros meses de este dos mil veintidós. Hoy, un día después de mi cumpleaños y cuando falta sólo un día para que el año termine, regreso en este empeño copiando descaradamente formulas que ya había usado en el pasado, que ya habían resultado en el pasado. En fin, aquí están, estos son…

El formato que usaba antes me gustaba, era simple. Era una lista, como la de compras, como la de cosas por hacer en el año que no hacemos y nos reencontramos a mitad de año y decidimos que no, que ya es muy tarde y que quizá, con suerte, el próximo año sí.  

1. Todo el año tuve ganas de escribir acá. Que lo haga el ultimo día solo es una declaración de intenciones. Quizá el nuevo año venga con más publicaciones en este blog largamente olvidado, tal vez no. El tiempo, como ya lo ha hecho en el pasado, lo dirá mejor que yo. 

2. En la versión de 2010 uno de los puntos a destacar fue 'mantener las dreads'... pues adivina qué, yo de hace doce años, siguen igual de fuertes solo que una década y dos años más largas.

3. La vida de a dos. Seguir amando, diferente pero igual.  

4. Mi trabajo. Es curioso que en una lista de lo mejor del año clasifique la esfera laboral. Lo primero que uno puede pensar de la persona que arma la lista es que sus prioridades van de 8 a.m. a 6 p.m., que su vida gira en torno a marcar una tarjeta. No en mi caso o, al menos, eso creo. En mi caso digo que sí, mi trabajo fue gratificante y lleno de descubrimientos. Agradezco la oportunidad de seguir aprendiendo y tener tantas maestras y maestros dispuestos a enseñar. 

5. Volver a la universidad. Sí, ha sido de lo mejor. Se siente muy diferente porque ya no es la única responsabilidad, porque ya la vida no gira con esa órbita central. Espero que para lo mejor de 2023 tenga la oportunidad de decir, graduarme otra vez de la universidad. 

6. Los reencuentros de cumpleaños. La tradición prepandémica que paró por la pandemia se retomó con la pospandemia. Ver amigos que siguen siendo amigos después de más de veinte años. 

7. Las amistades nuevas.

8. Después del cumpleaños, un día después de cumplir años, vuelvo a decir: sentirse tan querido. A veces, la mayoría del tiempo, puedo pensar que no lo merezco y que tanto afecto de dónde y para qué. Pero existe, es grande y llena. Es como un café después del almuerzo, todo lo que está bien. 

Menciones especiales (no es lo mejor que salió este año, pero sí son cosas que consumí este año)

Película del año: Pues no fue la mejor, y terrible que empiece diciéndolo así, pero fue muy situacional. Jujutsu Kaisen 0 en sala de cine.

Canción del año: Todas las de Billie Holiday, la banda sonora de mis días.

Libros del año: Iba a poner uno solo, pero mejor dos. El primero creo que lo leí en 2021, pero pues si no lo resalté ese año lo resalto ahora. Kintsugi de María José Navia. El otro lo estoy leyendo recién y es Exhalación de Ted Chiang. 

Juego del año: Disco Elysium. No sé cuando voy a volver a jugar algo similar, ni siquiera pido algo mejor. Algo parecido, que me llene tanto tanto. 

Ahora que miro arriba veo que, convenientemente, faltan cosas quizá más importantes pero en fin, la memoria es selectiva, sólo elige lo que le es grato. En todo caso, feliz año a los que lean esto y un feliz cumpleaños a mí mismo, aunque atrasado, un año más me hago la solemne promesa de seguir siendo feliz ahora y siempre. Ahora y siempre. 

martes, 19 de octubre de 2021

Recuerdo, como un viaje (séptimo día)

Recuerdo un viaje como recuerdo tantas cosas, como recuerdo el olor a zapatos nuevos o el sonido especial que hacen el plástico que protege a los libros recién comprados y a punto de ser leídos. Recuerdo un viaje a la orilla del mar, frente a un océano inmenso con olas que chocaban con rabia contra la arena. Se llamaba, aún existe así que se llama, Playa Brava y le hace honor. No es un chiste. Y este recuerdo, que vino a mí ocho años después, es recuerdo porque leyendo Zona de obras de Leila Guerriero, habla sobre viajes en VIAJAR, CONTAR, VIAJAR. En esa reflexión que viene después de la lectura, a veces muy corta y otras demasiado larga, me dije que nunca había escribo una crónica de viaje. Aplicando una versión muy libre de lo que es una crónica de viaje. Hace mucho me propusieron escribir una para una revista y no se concretó. Las ganas volvieron otra vez, en el viaje que recuerdo a esa playa brava que era mar calmado de día y tormentas eléctricas de noche, con horas de camino a través de la selva para llegar allá. Fue el primer viaje en serio con mi esposa, en la época en que éramos novios de lejos. y estaba en vacaciones. El primer impulso fue sacar libreta y anotar nombre, datos, VER para CONTAR. Después pensé que no, que en vacaciones no debía hacer eso que hago siempre, así que se quedó archivado y perdido. Entonces, tras el preámbulo este de varias líneas, digo que la próxima entrada va a tener mar, recorridos a lomo de burro y de caballo, trochas en medio del parque Tayrona y kaggabbas (indígenas kogui) riéndose de mí. 

viernes, 8 de octubre de 2021

Por mi culpa, como otras tantas cosas (sexto día)

Ante la ley hay un guardián. Así arranca Ante la ley, uno de mis cuentos favoritos de uno de mis escritores favoritos. Franz Kafka. El cuento, alegoría, relato se publicó solo y también hace parte de la única novela finalizada del autor checo, El proceso. El proceso es la historia de un culpable que no sabe de qué se lo acusa, ni quien lo acusa o lo juzga, pero asume su culpa y su castigo. Joseph K. Escribo esto pensando en cómo siento yo la culpa, qué es para mí. Ante todo un disclaimer. No creo que ser capaz de dar exactamente con lo que estoy buscando. Con la culpa como elemento y caso de estudio. Quizá la atisbe un poco, como mirándola a través de un vidrio empañado o confundiendo el cielo estrellado con su reflejo en un lago (esta última analogía la recordé mientras escribía la anterior y por eso la uso. Es de uno de los libros de The Witcher, dicha por Vilgefortz una y otra vez. Entonces, la culpa. Creo no tener mucho en mí el concepto judeocristiano de culpa y castigo divino. Soy creyente, así suene a estudiante de primaria, de que todas las personas deben tratar al otro como le gustaría que los trataran y, a su vez, hacer cualquier cosa que no implique causar daño a los demás. Imperativo categórico. Reflexionando sobre las última líneas, creo que lo que más me causa sentimiento de culpa es la inacción. El haber podido hacer y no haber hecho. El que tal sí, carcome. Las infinitas posibilidades que me planteaba la vida y decidir el camino en el que estoy ahora. Y siento culpa, pese a que soy feliz. Soy feliz en el camino y soy feliz acompañado de quien lo camino. Sin embargo, late bajo el piso la decisión no tomada, la carta no finalizada, el adiós. Resuena como un tambor en la lejanía, y la mayor parte del tiempo no lo escucho, pero ahí está y lo sé, me imagino el retumbar. Siento culpa por no ser más cercano a personas a las que aprecio, siento culpa por haber dejado ir personas a las que aprecio. Y es mi culpa. Evocar tanta culpa, tanto peso que pesa, no es agradable. Mucho de esto estaba guardado en un cajón sin llave, pero olvidado. Ahora vuelve y lo escucho. Afortunadamente mañana hay terapia.